© Magda Bolumar Chertró | Laura Lucas | Presentación | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Magda Bolumar Chertró: La poética de la arpillera

LAURA LUCAS mirando a MAGDA BOLUMAR CHERTRÓ

“Magda Bolumar ha hecho algo más simple y más puro de lo que nadie había hecho jamás. Dejar hablar al tejido”.(Cirici Pellicer, 1970)

Magda Bolumar Chertró (Caldes d’Estrach, 1936 – Actualidad), constituye una singularidad en la generación de mujeres artistas en la etapa franquista (por su no marginación y por el éxito de su obra en determinados momentos de su vida). Formó parte de la vanguardia catalana y fue compañera y amiga de los grandes nombres masculinos reconocidos del momento (como Joan Brossa, Cirici Pellicer, Tharrats o Tápies). Fue especialmente conocida en los años 60 por sus “Xarpelleres”, creaciones en tela de saco que sugieren de un modo muy personal y poético una fuerte conexión con lo natural. Un mundo que compartió con su marido, Moisés Villèlia –escultor informalista y teórico catalán de reconocido prestigio, cuyas obras se exponen en museos como el Reina Sofía o el Centro de Arte Contemporáneo Patio Herreriano de Valladolid– y a quien, por ello, se atribuyen creaciones que han de ser considerados como logros conjuntos.

Cirici Pellicer (1970), el gran crítico del informalismo catalán, habla de la obra de Magda Bolumar de la siguiente manera: “La obra de Magda no es análoga, ni semejante, ni igual a nada. Esta es su primera fuerza”. Y añade, “la plástica de la materia la liberó y le permitió la angustia y el gozo de encontrarse, de golpe, en un dominio por estrenar, donde nadie podía guiarla, donde la imitación era imposible”.

Sin embargo, la superficialidad de cómo la crítica posterior ha tratado a las artistas y la tendencia ancestral de convertirlas en seguidoras de los grandes nombres masculinos, considerados por la historia canónica como los verdaderos renovadores, ha hecho que su obra haya sido leída siempre bajo los cánones informalistas, perdiéndose así toda esa apreciación de matices que permiten una amplísima gama de lecturas.

Y es que las arpilleras de Magda nada tienen que ver con las de Millares o Burri, que también estaban trabajando con materiales textiles en ese momento. En ellos, la destrucción y el dramatismo es la esencia de sus obras, el material asume el papel de víctima y se pone al servicio del gesto del “gran genio creador”. Sin embargo, la idea que late en las arpilleras de Magda es la de construir un nuevo cosmos a partir de la esencia del propio material. La artista aprovecha todas las cualidades que le brinda la tela –resistencia, flexibilidad, maleabilidad, dureza– para llevarnos a un mundo de relaciones y fuerzas sutiles que nos conectan con lo primigenio, con las fuerzas contrarias en cuya unión surge la creación.

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Sin título, 1970. Arpillera (90 x 54 cm)

De esta forma, los hilos de la misma tela se dividen, se agrupan o se trenzan adoptando formas orgánicas, que recuerdan estructuras ramificadas, membranas, cuerpos con brazos, mástiles totémicos o vehículos lunares. Pero también aparecen formas geométricas como el rallado, las líneas paralelas, los triángulos, los ajedrezados, las retículas y las formas estrelladas. Siendo el leitmotiv de todo ello, la unión de contrarios. La confluencia de un elemento estático con uno dinámico en un punto de luz en el que descargan ambos. Estos puntos energéticos son los nudos que la artista ilumina con puntos de color brillante, generalmente de blanco.

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ulo, 1997. Arpillera (163 x 122 cm)

En esta dinámica, vemos cómo los hilos se tensionan superponiéndose al propio tejido como si de un bordado se tratase; otras veces, la tela se perfora para dejar paso a trenzados, otras telas o fibras, dando lugar a un juego de superposiciones textiles que se ensamblan en una perfecta armonía visual. El resultado es una plástica en bajorrelieve, llena o con aberturas, en la que las fibras se retuercen, se entrelazan o se tensan creando ritmos que dejan ver el deseo de Magda por reordenar el mundo o construir su propio mundo, un cosmos formado por ecos orgánicos.

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La mosca, 1960. Arpillera (140 x 100 cm)

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Sin título, 1970. Arpillera (90 x 54 cm)

La rica policromía y el uso de jugosos y vivos colores la separan todavía más radicalmente de los artistas informalistas citados anteriormente. Pues es este uso del color lo que refuerza aún más ese carácter constructivo que nos lleva a la naturaleza. Dominan los anaranjados, los azules y morados, los verdes y los marrones, colores brillantes que podemos contemplar en un cálido amanecer veraniego, pero también en las frías noches de invierno o en los bosques otoñales. Y es que, a pesar de que las “xarpelleres” de Magda presentan diferencias a lo largo del tiempo, estas diferencias son testimonio de su crecimiento vital.

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Serie de los insectos, 2015. Arpillera (120 x 60 cm)

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Serie de los insectos, 2015. Arpillera (120 x 60 cm)

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Serie de los insectos, 2015. Arpillera (120 x 60 cm)

Así, la obra de Magda es un acercamiento a la vida. A la vida orgánica, sí; pero también a la vida interior de la artista. A sus anhelos, a sus sueños, a su riqueza interior y a sus delicados, pero también fuertes valores –como la paz, el amor, el respeto a la naturaleza o la lealtad hacia su familia– que sólo puede encontrar en ese mundo orgánico y natural al que acude cuando su contexto social se empeña en situarla en un escalón inferior, en el que se encuentran las creadoras que, como Magda, tuvieron que anteponer su papel de esposa, madre y viuda, a su papel de artista.

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El reloj de la Parca, 2016. Arpillera (120 x 60 cm)

Magda Bolumar Chertró no es caprichosa, sino lógica. No es fantasiosa, sino imaginativa. Su capacidad creativa consiste en ser capaz de llevarnos a una inmensidad oculta imperceptible para los sentidos, pero no por ello inexistente. Magda tiene la capacidad de ver lo que no se puede ver. Pero no es magia, no creemos en la magia, sino en el talento de esta creadora que ha sabido encontrar la manera de penetrar en la conciencia humana.

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Personaje de luz, 2018. Arpillera (120 x 60 cm)

Como decía el propio Cirici, “es difícil situar culturalmente la obra de Magda Bolumar”. El problema es dónde colocar una vida y una producción tan compleja como la de esta artista catalana, que se aleja y se opone, a las categorías y los modos de expresión del momento. La vida y obra de Magda exige una nueva definición de arte, que inevitablemente implica romper con los estrictos cánones artísticos conocidos hasta ahora. Reconocer que el territorio del informalismo catalán es un camino inexplorado, abre la puerta a admitir que la obra de Magda, podría abrir una brecha en la historia del arte tradicional y configurar una versión diferente a lo que hoy conocemos.

© Magda Bolumar Chertró. Bio en MMM
Laura Lucas. Web. Bio en MMM

Imagen destacada: Sin título, 1961. Arpillera con con botones y cristales de colores (110 x 79 cm)

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