INÉS ALONSO JARABO mirando a NURIA MORA

 

Detalle de la instalación Había en el fondo del mar, Nuria Mora, 2025.

Detalle de una de las obras de Nuria Mora, 2025

Quedo con Nuria en un restaurante cerca de su estudio, después de una larga jornada de trabajo. Me espera sentada al fondo acompañada de Chocolate, su perro de aguas, al que va dando patatas de boniato mientras me cuenta que una empresa de transportes les ha secuestrado todo el día, esperando una recogida que no llegó. Nuria y Chocolate comparten los rizos y la inquietud juvenil, pienso entonces en esa escena mítica del principio de 101 dálmatas en la que enseñan cómo los perros se parecen a sus dueños, y viceversa. Pienso también que me he metido en un lío al pretender presentar a una artista que no necesita presentación, pues ella sola se hace notar. Me doy cuenta que solo fue una excusa para poderla entrevistar y con suerte congeniar, en mi empeño por buscar mujeres a las que mirar y admirar.

Nuria Mora posa sentada con su perro Chocolate en una butaca italiana de los años cincuenta comprada en El Rastro madrileño. ©Asier Rua

Conocí el trabajo de Nuria cuando empecé a profundizar en el basto campo del graffiti, un movimiento artístico que surge en Estados Unidos a finales de los 70 para llegar tempranamente a España, algunos dicen que por las bases militares americanas, siendo nuestro país, y en concreto la ciudad de Madrid, bastante pionero en el tema para sorpresa de muchos. Me atrajo el graffiti por no parecerse a nada que hubiera visto en la carrera, considerándolo personalmente el único movimiento artístico que se ha generado en nuestro tiempo, al menos por el momento, con suficiente recorrido y aspectos como para llamarlo movimiento. Entre todos esos valientes fundadores destacaba un nombre, Nuria Mora, la única mujer que encontré en los inicios del graffiti, un mundillo como se puede imaginar en el que la mayoría eran hombres, como lamentablemente en el del arte y como en el mundo en general, para que nos vamos a engañar. Como muchos otros grafiteros que hoy son artistas reconocidos, Nuria estudió Bellas Artes en la Complutense, después de hacer Arquitectura de Interiores en la Politécnica, carrera que le gustó pero profesión que le desmotivó, sobre todo por aquello de “tener un cliente”. No es de extrañar que acabara pintando en la calle, Nuria es expansiva e incansable, como Chocolate. Me corrige: “no sólo pintaba en la calle, yo he trabajado con la ciudad toda mi vida, no sólo con el graffiti, el arte en la vía pública existió antes que el arte urbano y a mí me interesaban otras cosas, otras formas de expresión, he hecho esculturas, he trabajado con luz, con sonido, he hecho posters, he hecho de todo. La ciudad era un patio de colegio, un laboratorio, y me lo he pasado muy bien”. Entonces entiendo por qué tanta gente del graffiti acabó en esto, dedicándose al arte, lo veían como un juego, y nadie quiere dejar de jugar.

Nuria Mora, Madrid, 2000.

Nuria Mora pegando un poster en alguna calle de Madrid, foto de Jaime Alekos.

Graffiti de luz, Nuria Mora, Berlín

Primavera 5, Nuria Mora, 2015

Nuria me explica que por aquel entonces, en los 90, no había una carrera por hacer ni existía una ambición concreta, era una pulsión genuina, “era algo que hacías con tus amigos”, algo que consideraban sería interesante para alguien más, convirtiéndose en una generación con homónimos en todo el globo gracias a internet. “Creo que nos hemos colado en el sistema del arte por los márgenes, no de una manera premeditada”, concluye la artista recordando sus comienzos, recalcando que esto también es el resultado de mucho esfuerzo y mucho insistir. Sin embargo y pese a haber empezado hablando de graffiti, lo que Nuria hacía en la calle, sola o con El Equipo Plástico, es distinto formalmente de lo que se entiende por graffiti. Las intervenciones de Nuria en la calle aunque espontáneas eran cuidadas, medidas y estudiadas; no hacía letras pero estaba rodeada de gente que las hacía, por lo que técnicamente no podemos hablar de lo mismo pero si conceptualmente, siendo ambas intervenciones ilegales, autoproducidas, subversivas y con un mensaje detrás sin necesidad de que este fuera explícito, “hay esa batalla, ese decir aquí estoy yo”, cuenta la artista.

A día de hoy Nuria no se identifica con aquello que denominamos arte urbano, ella es artista plástica y no se corta con nada de lo que se le pone por delante, declara. Cuando la entrevisto estamos en diciembre y me cuenta que el mes que viene expone en Hong Kong y en Milán, también participará en la feria Zona Maco de CDMX y la Art SG de Singapur, todo ello sólo para comenzar el año. Le pregunto entonces cuántas horas trabaja, “hoy he estado 11 horas en el estudio”, me contesta. Entonces me cuestiono para quién crea, por qué tanto esfuerzo, la pregunta se me escapa en alto y ella sin pensarlo mucho contesta: “para alimentar un demonio que tengo dentro, cuanto más curro más ideas se me ocurren y más quiere comer. Se me vienen las ideas todo el rato y estoy currando todo el rato. Es mi manera de estar en la tierra”. Qué poético pienso, así es como se debe sentir el verdadero artista, quien no lo hace por el estatus ni la farándula, sino por llevar una vida plena. Me gusta este hilo así que tiro de él, entonces ella cita la frase de Robert Filliou: “el arte es aquello que hace que la vida sea más interesante que el arte”. Nuria no cree que su arte sea necesario para el mundo pero si para ella, me parece que tiene los pies bastante en la tierra, sobre todo para haber sido graffitera, una práctica normalmente ligada a un ego desmedido, si se me permite el atrevimiento. Al respecto me dice que no cree para nada estar libre de ego pero si cree que esa obsesión que vive en ella, ese demonio que tiene que alimentar, le hace no creérselo demasiado, “hecho esto paso a otra idea, sé que puede ser mejor”, dice mostrando un self crítico activo, un ego calmado que sin embargo reconoce en esa búsqueda de transmitir su mirada al mundo. “Mi trabajo es abstracción lirica, intento que tenga más lecturas, una historia, un por qué, al final es una manera de hablar con el otro por canales que no son verbales”.

Nuria Mora en Zona Maco, 2026

El color y las texturas se mezclan con armonía en la obra de Nuria, crean paisajes cromáticos que como ella resultan agresivos y delicados al mismo tiempo. “Creo que mi obra es reflejo de quien soy, femenina pero también con una extraña condición y es que soy bruta y delicada a partes iguales, soy un poco un oxímoron, es decir soy capaz de hacer las brutalidades más grandes pero con un toque que trasluce quién hay detrás, siempre con una impronta muy personal”. Aunque opiniones e ideas le sobran, es a través de esa abstracción lírica que Nuria desarrolla en sus múltiples formatos la manera que tiene de hablar con el otro, sin necesidad de mediar palabra, buscando esas variadas lecturas que la hacen infinita. Del neoplasticismo limpio y calculado en el que se inició, Nuria ha ido evolucionando hasta las explosiones de color que podemos ver hoy, respondiendo a una necesidad de descontrolarse, de dejarse llevar. Habla entonces de su última exposición en galería, que iba de esto, “soltar los mandos de la nave y coger el rumbo de la intuición, sabiendo que algo encontraré”, dice con la seguridad de quien sabe lo que hace, sin preocuparse demasiado por cómo va a hacerlo, dando protagonismo al proceso. Cuenta entonces cómo cuando sus trabajos eran más medidos había más control, mayor constricción, volviéndote esclavo de tu propio estilo y dejando de investigar. Es esa falsa comodidad la que le empuja a perder el control para ver qué puede encontrar, cuando esa subversión y libertad vuelven a brillar, casi como Chocolate cuando vuelve a intentar escaparse, aburrido de llevar mucho tiempo en un mismo lugar.

Instalación de Nuria Mora en la exposición GOO, 2025.

Finalmente, como esto va de mujeres mirando a mujeres, le pregunto a qué mujeres mira: “a mi madre, a mi abuela, a mi hermana, somos una especie de matriarcado, he crecido rodeada de hombres en la calle pero las mujeres de mi familia han sido muy importantes”; no quiere dejar de destacar también a su hermano, con el que empezó a bajar a la calle y conocer la cultura urbana, él por el skate y ella por la pintura. La respuesta no me sorprende, Nuria tiene la actitud y la energía de quien se ha criado rodeada de mujeres fuertes, referentes a los que admirar y brazos en los que sabe puede descansar. Empieza a preguntarme cosas a mí, no sé si por cortesía o para acabar con la entrevista. Entonces paramos la grabación y empezamos a hablar, nos empezamos a mirar.

Nuria Mora, 2025.

 

 

Inés Alonso Jarabo. Bio MMM.

Nuria Mora. Web.Bio MMM.