En esta cuarta entrega de Miradas compartidas volvemos sobre dos líneas de la primera lectura: Visibilidad, instituciones y territorio.y Permanecer, resistir, seguir diciendo. Ambas nos llevan a pensar en la visibilidad y permanencia en el arte y en las condiciones que las hacen posibles. Las respuestas dejan ver que que están más relacionadas de lo que, en un principio, podría parecer, para continuar una práctica artística feminista también hay que tener en cuenta desde dónde se trabaja, dónde puede mostrarse y qué posibilidades permiten seguir formando parte del espacio artístico.
Desde dónde podemos ser visibles
Pepa Cano García responde con una frase muy breve: «A través de la descentralización geográfica del arte y la cultura».
Su respuesta introduce el territorio en la conversación. Las oportunidades, las instituciones, los contactos y los espacios de exhibición siguen concentrándose en determinados lugares. Eso condiciona quién puede participar, desplazarse o mantener una presencia continuada.
María José Bruña Bragado habla de las conexiones entre arte, literatura, historia y pensamiento, reclamando así una relación más fluida entre la universidad y la práctica artística. Su respuesta amplía a otros ámbitos, museos y galerías conviven con universidades, asociaciones, proyectos independientes y otros espacios desde los que también es posible generar intercambio y visibilidad.
Gloria Rubio Largo señala la dificultad de conseguir difusión y reconocimiento. Explica que compagina su práctica artística con la docencia y que encuentra apoyo en otras compañeras y en asociaciones feministas como MAV.
Hacer el trabajo no garantiza que ese trabajo encuentre un lugar donde mostrarse.
Visibilidad y permanencia
La respuesta de Ofelia Cardo Cañizares une claramente estas dos cuestiones. Habla del agotamiento que produce trabajar frente a la invisibilidad y la falta de respuesta y señala la importancia de proyectos que proporcionen visibilidad y presencia, entre ellos Mujeres Mirando Mujeres.
La falta de reconocimiento también puede desgastar una trayectoria. Y cuando se prolonga, la pregunta por la visibilidad termina convirtiéndose en una pregunta por la permanencia.
Esta idea aparece con fuerza en la respuesta de Beatriz Medina Gurrea, que sitúa la lucha en «no desaparecer». Sus palabras insisten en que las obras, los discursos, las acciones, las prácticas y las voces de las mujeres son necesarias, incluso cuando continuar supone un esfuerzo enorme.
Pero precisamente esa insistencia abre otra pregunta para el Archivo: ¿cuánto tiempo puede depender la permanencia de la capacidad personal para resistir?
Albeley Rodríguez, habla de «intermitencias para no desaparecer del todo». Su respuesta permite pensar que permanecer tampoco tiene por qué significar mantener una presencia constante. Una trayectoria puede tener pausas, cambios de ritmo o etapas de menor actividad sin que eso suponga quedar fuera.
Continuar estando también necesita condiciones
Las primeras líneas de Miradas compartidas nos llevaron a hablar de redes, tiempo, desgaste y precariedad. Territorio, visibilidad y permanencia incorporan otra parte del problema.
El lugar desde el que se trabaja condiciona las oportunidades y la continuidad de una trayectoria. También cuenta que las obras y los proyectos encuentren espacios donde circular y obtener reconocimiento. Y que una pausa no obligue a empezar de nuevo cada vez.
Las respuestas de esta primera lectura dejan así otra pregunta abierta: ¿qué condiciones necesitamos para que seguir estando no dependa siempre de resistir un día más?
Miradas compartidas continúa recogiendo respuestas. Las recibidas durante junio, julio y agosto formarán parte de la segunda lectura pública del Archivo MMM en septiembre.
Puedes consultar las voces que han participado y sumar tu respuesta a Miradas compartidas cumplimentando el formulario, no te llevará más de un minuto.



