RAQUEL ARANDA mirando a RAQUEL F. COUTO

 

Raquel F. Couto (Pontevedra, 1999). En su trabajo, arte, cuerpo y afectos conforman un tejido indisociable que articula su práctica artística, su investigación y su labor docente. Desde esta perspectiva, se interesa por cómo los afectos operan como fuerzas somáticas que emergen entre cuerpos configurando modos de relación y articulando lo común.  

Sus obras, de carácter marcadamente procesual, se sostienen en esos cuerpos atravesados por experiencias, memorias o emociones que los inscriben y los transforman. En este marco, lo ritual y sus raíces gallegas operan como formas de conocimiento encarnado que atraviesan gestos, materiales y temporalidades, dando vida a sus obras. El cuerpo se presenta así como umbral, como sagrado, conectado con lo que no se ve pero deja en él un rastro. 

Su práctica artística se despliega como un ejercicio de revelación y recomposición, haciendo visibles vínculos, heridas, relatos o deseos que habitan la experiencia. Sus obras se sostienen así en cuerpos políticos y simbólicos, donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan. 

«Me molesta cualquier ruido porque me despierta del ensueño. Entonces, me encuentro en ellas…» 

— Raquel F. Couto

 

Podría empezar como todo empieza: por las manos. Para poder ver primero hay que saber tocar, y cuando lo aplicas al sentido aparece el Arte. La primera vez que toqué las manos de Raquel eran de tinta sobreimpresa. Resonaban más que el nombre compartido, y entonces las llamé tocayas de las mías. El resto de la fotografía siguió en blanco y negro, pero ellas no. Dieron luz a una mirada común. La mirada fértil, la de dedos de barro tocando el núcleo, queriendo ver de qué está hecho el mundo. Y me pregunto, y pregunto a tus manos: ¿Cuál es la raíz de su sentido? ¿Dónde está tu origen? 

Me encanta que empieces apelando a las manos, al sentido del tacto…  Podría decirse que las relaciones sensoriales, táctiles y corporales constituyen la base de nuestra presencia e interacción con el resto del mundo, por tanto, de nuestra capacidad para reflexionar e incluso cuestionar lo que hacemos… La manera en la que nos relacionamos con el entorno crea un sentido que es compartido con otras personas, un sentido común. Durante mucho tiempo he habitado un plano muy mental, mi imaginación siempre lo fue todo. Quizás el recuerdo más persistente de mi infancia sea la sensación de incomodidad que me causaban las personas. Siempre me he sentido bastante desconectada de mi propio cuerpo, este hecho me ha rondado mucho la cabeza últimamente…

 

Y en esa relación con el mundo, cuerpo y Arte fueron de la mano, se convirtieron en el modo de expresión. Pero, ¿por qué? ¿Cómo fue vivirlo desde dentro?

Estudiar arte cambió el rumbo de mi vida. Esta relación con mi cuerpo empezó a cambiar… para mí fue un camino realmente sanador. Como mencionas al principio, estudiar arte me enseñó a tocar, a manipular materiales con mis manos, a atreverme a mirar las cosas, sin miedo, atentamente mientras dibujaba… entonces no era del todo consciente, pero aprendí que tenía la agencia y la capacidad de crear o alterar mi realidad, de modelar mi entorno. Los símbolos y las imágenes de mis sueños, mis emociones, sentimientos y pensamientos estaban muy presentes, me gustaba dibujar, conectar con las personas, las cosas o conmigo misma a través de la mirada, el lápiz y el papel… 

Que llevaba conmigo el espíritu de otra mujer… 2020. Dibujo a línea.

En tercero de carrera hubo una serie de acontecimientos que redireccionaron mi hacer artístico hacia una práctica más procesual donde mi cuerpo empezó a ser protagonista directo.

Mimos, 2022. Foto-performance.

El valor que del cuerpo como protagonista y eje de exploración, identificación y sanación, explica tu vinculación a la performance: ese lenguaje configurado para ser enmarcado en el ahora, para dejar una huella permanente. ¿Cómo llegaste a ella, o cómo llegó a ti?

Me resulta complicado armar una línea narrativa coherente. Puedo empezar diciendo que llegué a ella por admiración hacia otras artistas. Me encandilaba su vinculación con lo político y lo ritual, con la vida…. una forma de arte engendrada por la historia a lo largo de muchas generaciones de artistas, pero de admirarla a practicarla hubo un gran salto… La meditación Kundalini y el método Feldenkrais también me marcaron en este sentido, iniciar un viaje de introspección y autoconocimiento que te cambia la autopercepción y la percepción del entorno… A raíz de estas experiencias surgió mi primera video-performance, en la asignatura de Arte y Naturaleza en la que me adentro en el monte con una pala y empiezo a cavar un agujero, también con mis manos. Finalmente entierro mi cabeza en ese agujero y la cubro con tierra. Me quedo allí durante bastante tiempo, descubro que la doblez de mi cabeza genera una especie de hueco en el que puedo respirar. 

Como la hierba verde, de la fría tierra, 2021. Foto-performance.

Esta acción la repetí bastantes veces, acompañada de diferentes personas que “amadrinaban” mi acción que funcionaba como la búsqueda de una cura… 

 

Tomaste como lenguaje el poder existir con todo y nada a la vez, a través del vacío de posibilidades que proporciona la acción artística… ¿En qué momento esto pasó de expresión artística a ser Arte como medio de conexión? 

Durante mi estancia en la Escola Superior Artística de Oporto, que coincidió también con la pandemia, estudié asignaturas más vinculadas con lo teatral. Conocer todos esos referentes y teorías alimentó mi interés por esta forma de arte. Allí seguí realizando video-performances que empecé a vincular con la idea de lo terapéutico, el arte como terapia.. Todas eran acciones simbólicas, conectadas con esos rituales, ese conocimiento más marginal y trascendental que me acompañó desde muy temprana edad. Desde mi primera video-performance, la de la cabeza, empecé a vincular ese lado que siempre mantuve oculto y escondido, con mi manera de entender y hacer arte. Personalmente, siempre me he sentido más afín a las variantes foto-performance y video-performance.

El umbral, 2020. Fotograma de video-performance.

Por este camino, en mi TFG titulado “Quiero ser Cura. Performance como terapia emocional”, abordé de manera directa la relación entre la performance y el ritual. Tracé un hilo conductor que parte de los rituales en honor a Dionisio de la Antigua Grecia -considerados en occidente como el origen del teatro- y continúa a través de diversos conceptos como el “teatro de la crueldad”, la figura del “actor-santo” o las prácticas escénicas del Living Theatre. Este recorrido culmina en el análisis de la performance, entendida como una práctica parateatral. El objetivo mediante el recorrido era analizar cómo esa pulsión mística y también de sanación era el germen de esta forma de arte. Hasta ese momento y a partir de ahí, mis referentes fueron artistas como Anna Halpring, Ligya Clark, Fina Miralles, Francesca Woodman, Tania Bruguera, Andrea Fraser o Regina José Galindo.

Quiero ser cura, 2021. Fotograma de video-performance, con Lorena y Margarita.

Quiero ser cura, 2021. Fotograma de video-performance, con Ana.

Ese simbolismo y ese sentido ritual dotan a la acción de un trasfondo que va más allá de lo que simplemente percibimos. Pasa de la expresión al hecho colectivo, a una espiritualidad compartida. ¿Qué tipo de participantes suele haber en tus performances? 

Empecé a proponer cosas a la gente de mi entorno, mi familia, mis amigas, mis compañeras de clase… Con el tiempo, mi concepto de performance empezó a devenir en actitud mediadora, una forma de estar en el mundo y de propiciar experiencias significativas. Descubrí que este arte podía conectar con cualquier otro campo como el educativo. Que actuaba como un hilo invisible que tejía relaciones entre disciplinas, personas y contextos, como esa “bolsa de ficción» que describe Le Guin, un dispositivo cultural que acoge, contiene y puede transportar todo con lo que se encuentra. 

 

El Arte traspasó tu persona para situarte en el mundo de otra manera. Crear se convirtió definitivamente en un modo de ser y estar. ¿Qué experiencias destacarías de ese proceso transformador?

Aparte de las clases en la universidad tanto en el grado como en el máster de la UPV, he participado en dos talleres de performance. El primero con Abel Azcona… fue una experiencia indescriptible… para mí fue muy importante. El segundo, más reciente, con Ana Gesto. De hecho, la acción “Puto ABC” derivó de ese último taller. Surgió de la inmensa rabia que me provocó leer en una noticia del períodico ABC como ante amenazas de guerra reclutarían a jóvenes de 18 a 25 años. La performance comenzó cantando a pleno pulmón la canción popular infantil de hace ya unos años: “Un avión japonés, ¿cuántas bombas tira al mes? Una, dos, tres, cuatro…”. 

Este juego, cargado de memoria colectiva y repetido por generaciones, se convirtió en detonante de reflexión. Mi punto de partida era el de reconocer la calle como un espacio que nos pertenece, y desde esa pertenencia invitar a (re)apropiarnos del juego como un acto de resistencia. El cuerpo en movimiento, la voz al unísono… Era una invitación a enfrentarse al miedo desde lo lúdico, abriendo grietas en los discursos que nos dominan. 

Puto ABC, 2024. Fotografía de performance, con Eva y Alixa.

Puto ABC, 2024. Fotografía de performance, con Eva y Alixa.

Es interesante pensar en la relación entre el concepto de “bolsa de ficción” y cómo se construye en el espacio. ¿Consideras que puede sembrar juego y cosechar sentido en cualquier lugar?

Yo creo que sí. No creo que la performance tenga que ser de x manera. Es un arte accesible para todo el mundo, no necesitas tener ninguna destreza técnica en particular para practicarla. Lo que más me interesa de esta forma de arte es que puedes acceder a ella desde donde eres, desde lo que sabes y con lo que sabes, no necesitas más ni menos. No hay normas más que la responsabilidad de quién la propone. Creo que de tantas cosas que pueden adherirse a ella algún día acabará desapareciendo. A lo mejor ya lo está haciendo… 

En mi TFG tuve la oportunidad de entrevistar a la extraordinaria Esther Ferrer. Yo estaba preocupada por esta cuestión del “futuro de la performance” a lo que ella me dió una respuesta tranquilizadora. Señaló que nada aparece o desaparece, que solo se transforma y que en el caso de que la performance lo hiciera quizás ese “vacío” que dejaría, podría “llenarse” con otra manifestación artística que correspondiera a la sociedad de ese momento. 

La cura, 2021. Fotografía de performance.

Y, teniendo en cuenta todo esto, ¿de qué manera común se aplica la teoría de los afectos para generar experiencia?

La respuesta es, de nuevo, a través del cuerpo. Los afectos emergen en el encuentro, en el contacto y en la conexión entre cuerpos, tanto humanos como no humanos. Se comprometen con la experiencia. “Afecto” es la capacidad de cambiar en relación a una experiencia o a un encuentro. En el ámbito de la investigación, el Giro Afectivo surge en occidente a partir de diversas perspectivas, entre ellas las Epistemologías Feministas, y se proyecta hacia nuevas formas de producción de conocimiento.

Redención, 2022. Fotografía digital, con Santiago.

Actualmente realizas un doctorado en torno a este campo. ¿Podrías compartir un poco más sobre dicha teoría y, en concreto, tus fuentes?

En el proyecto europeo de investigación en el que participo, Critical Change Labs for Building Democratic Cultures through Creative and Narrative Practice dentro del programa de doctorado de Artes y Educación de la Facultad de Bellas Artes de la UB, trabajamos a partir del concepto de democracia como algo vivo, como una manera de relacionarnos cotidianamente con nuestro entorno, nuestros vínculos, nuestros cuerpos… Entonces, empiezo a pensar la educación democrática como algo que se siente y experimenta afectivamente. 

Actualmente, en el doctorado, estoy trabajando sobre esta dimensión afectiva, aterrizando en la educación artística. Las sensaciones se vuelven maestras. Ese cambio o ese desplazamiento que mencioné antes se entiende como un aprendizaje. En este camino, me guía el trabajo de teóricas como Sarah Amed, Anna Hickey-Moody, Lauren Berlant, Leonor Arfuch o Alicia Valdés, así como el de otras compañeras que están trabajando en esta línea. Me apoyo en pedagogías críticas, afectivas, democráticas y feministas. Los sentimientos y los afectos que circulan entre cuerpos, antes de ser codificados como emociones, son esenciales para actuar juntes. Los valores democráticos son un concepto controvertido. Además, continuamente se presentan interrogantes, bloqueos y tensiones en la investigación.

 

Respecto al nexo entre performance, teoría de los afectos y educación artística: ¿de qué modo se podría llevar este método de aprendizaje al aula?

Bueno, en realidad, el Giro Afectivo es una perspectiva filosófica que puede hacernos cambiar la mirada y tomar conciencia sobre otras formas de enseñar o aprender con otras. Creo que se trata de poner el foco en eso, en los afectos y las emociones, en el cuerpo, de pasar toda esta dimensión afectiva a un primer plano. Todavía hoy, aunque cada vez menos, los rituales de la escuela predominantes son que los estudiantes llegan, se sientan en la mesa, escuchan y toman notas, un aprendizaje pasivo. 

La realidad es que día a día somos bombardeadas por datos, imágenes, narrativas que nos asustan y paralizan, por eso una educación democrática debe impulsar dinámicas e iniciativas que nos inviten a pensar en colectivo, desde el cuerpo, desde la práctica artística y desde la duda: ¿Qué puede ser –o qué podría haber sido– eso que llamamos democracia? ¿De qué hablamos cuando hablamos de democracia? ¿Cómo se hace democracia? ¿Cómo se vive? ¿Cómo se practica? ¿Quién la practica? Líderes de ultraderecha también la utilizan constantemente en sus discursos. “Democracia” es solo una palabra; una palabra más. ¿Cuál es su performatividad? 

 

Supongo que la performatividad de toda palabra depende del contexto en que se enmarca y, si siguiendo este método se pronuncia desde el afecto y lo colectivo, entonces todo lo que surja será plenamente unificador, común: humano. ¿De dónde emerge esta idea tan integradora?

Así es. Artistas que me han inspirado y guiado a lo largo de mi trayectoria vienen hablando de democracia como algo vivo, participativo, algo que se construye en colectivo y desde la acción. La palabra democracia tiene diferentes enfoques. Mi enfoque sigue corrientes que alimentaron prácticas como la del Teatro del Oprimido o conceptos como el de “plástica social” y trabajos de autoras como Hannah Arendt o bell hooks. 

En mi día a día, estoy rodeada de gente que se implica, que sostiene y que también se cansa. Eva, Isa, Diego, Nuria, Aroa, Dani, Bea, Marga, Lore, Lidia, Nieves, Anna, Noelia… Hablamos sobre cómo nos sentimos, sobre cómo nos afecta la información que recibimos, sobre las violencias cotidianas. Les escucho hablar y me emociono. Siento que una gran parte de nuestras generaciones tienen un gran potencial, una gran resistencia, ganas de cambiar o de seguir buscando y eso me sostiene y me mueve…

 

Comparto tu mirada. Es maravilloso. Somos una generación que se esfuerza por crecer continuamente, sin dejar de lado la emoción, viéndola incluso como modo de resistencia, de creación: si es que acaso no son lo mismo. Ese fin común nos hizo darnos la mano y nos trajo hasta aquí. Gracias por compartir conmigo el ahora que somos. Y gracias al proyecto por esta oportunidad, que nos sirve para poder seguir buscando, y creciendo ante todo, sin dejar de sostener(nos).

 

Raquel Aranda. Bio MMM.

Raquel F. Couto. Bio MMM.