
Natalia Ocerín (Valencia, 1989) escoge para este proyecto la imagen de Marielle Franco, una concejala de Rio de Janeiro y activista en favor de los derechos de la comunidad negra y LGTBIQ+, especialmente de mujeres de raza negra y trans, que fue asesinada en marzo de 2018 y que hoy es considerada en Brasil como un símbolo de la oposición política al gobierno de ultraderecha de Bolsonaro.
A partir de una pintura realizada por la artista (un políptico fragmentado en 9 partes que recogen diferentes fragmentos del rostro de la activista brasileña), Ocerin realiza una macroinstalación que engloba 9 puntos estratégicos de Rio de Janeiro que dibujan un trayecto a partir de las vivencias y memoria de la concejala asesinada: una parte del rostro fue situado por la artista en las favelas donde nació, los ojos en el barrio residencial de familiares de Bolsonaro, el fragmento correspondiente a la boca en el Senado donde la concejala desarrollaba su activismo, el fragmento de los hombros en Casa das Pretas y Casa Nem, sus lugares de resistencia y oposición política, el fragmento correspondiente a su cabeza en el lugar donde fue asesinada, y las sienes en sendos lugares de trabajo de la activista: el Senado y el Palacio de Justicia).
Con ello, Ocerin pretende combinar memoria y denuncia pues las imágenes-objeto pasan a ser elemento de interrelación e interpelación social, el resultado del cual es registrado por Ocerin, resultando con ello una combinación entre pintura-instalación-performance y fotografía. Este proyecto inédito en España, que ha podido verse en Rio de Janeiro, constituye un lúcido postulamiento hacia parámetros del arte de acción y el arte de denuncia, a través de una valiente apuesta por el empoderamiento de la imagen en un lugar y un momento críticos, en un momento en que la emergencia del planeta no solo está en lo climático sino en los derechos básicos de los colectivos más vulnerables u objeto de represión como los vinculados al feminismo, las cuestiones de raza o de transgénero.