
María Riera se formó en diseño de arquitectura de interiores en Madrid, donde tuvo un estudio hasta que regresó a su ciudad natal, Salamanca. Aquí abre su propio taller y empieza a trabajar como artista en una casa rural con su pareja de entonces.
Los objetos desechados son los ingredientes básicos con los que trabaja María porque cada uno de ellos encuentra su historia. Desde material de de derribo de casas, molinos antiguos, ruedas, hasta restos de carpintería, sobre estos elementos ensambla objetos que muestran su discurso en torno a lo rural, el paso del tiempo y a la arqueología de los mismos.
También es contadora de cuentos, para los que elabora sus escenografías. A esta faceta llegó de manera azarosa gracias a un curso que recibió del dramaturgo Roberto García Encinas, actuando también como actriz en el grupo salmantino denominado Tejuelo Teatro.
Tiene María sobre todo la necesidad de contar historias a través de esos objetos encontrados, historias reales basadas en su propia vida, como fue en esta exposición de su éxodo personal en el que el discurso es mostrado por las pequeñas, frágiles figuras humanas. Este discurso no está exento de esperanza, encontrada -por ejemplo- en el organicismo de las algas marinas, potenciadoras de la vida y que le confieren belleza y armonía.