
La artista franco-andaluza Marie-Isabelle Poirier Troyano (Antequera, 1970), residente en Genalguacil, despliega por primera vez y de forma individual toda la potencia estética de su trabajo en una exposición que reúne algunas de sus obras iniciales con su más reciente producción. El textil, entendido en su más amplia diversidad formal, es el medio a través del cual la creadora experimenta con total libertad y sigue su instinto allá donde la guíe. Así sucedió con el shibori, procedimiento japonés milenario que aprendió de manera autodidacta y consiste en reservar algunas áreas de la tela para evitar que se tiña. El resultado son composiciones de color azul o negro que varían de diseño dependiendo del tipo de reserva aplicada (cosido, doblado, retorcido, atado). Aunque existe cierto control, la obra final siempre está sujeta a un grado de imprevisibilidad muy valorado por la artista, cuyo principal motor creativo es la sorpresa provista por su intuición y las leyes de la naturaleza.
Con los años, Poirier Troyano ha adquirido un dominio de las variantes de shibori, desarrollando incluso una propia llamada “reverse” donde, en lugar de añadir color, lo elimina utilizando lejía. A nivel estético y conceptual sustituye la idea de mancha por la de huella: aquella que permanece a pesar de la erosión y nos remite al pasado. Son telas llenas de sutileza y pericia, pero también de una oscuridad latente relacionada con el dolor de la pérdida en la biografía de la autora.