MARIA JOSÉ BRUÑA BRAGADO mirando a PAULA SÁNCHEZ BENITO
La práctica artística de Paula Sánchez Benito (Salamanca, 1995) se centra en la construcción de una identidad otra, tanto individual como colectiva, desde una perspectiva crítica que se sirve de modalidades retóricas como la ironía, el extrañamiento, la parodia o la distorsión para desmontar un imaginario cultural normativo y entenderlo, en cambio, como un territorio más fluido y en constante negociación en el que el cruce entre las plataformas digitales y el conocimiento teórico y técnico tradicional puede iluminar un discurso nuevo, menos esencialista y férreo, en el contexto sociocultural contemporáneo. En concreto, la pintora salmantina utiliza procedimientos y estrategias que van de lo cuir a lo grotesco o abyecto, de lo clásico a lo barroco, de lo popular al expresionismo, para, de manera simbólica, fragmentar, desgastar o diluir un discurso fijo, unívoco, fosilizado: el del folklore español y sus eventos, manifestaciones o celebraciones: procesiones religiosas, toros, flamenco, fútbol. Estos leitmotivs, transformados por el ejercicio de una deconstrucción iconográfica perturbadora y nada complaciente, atraviesan sus proyectos artísticos y los convierten en distintivos o reconocibles.
En este marco de reconfiguración de los imaginarios heredados de lo hispánico es fundamental subrayar el hecho de que su obra concede una importancia crucial al retrato, santo y seña de su pintura. El estudio exhaustivo de los rostros y de las miradas de vírgenes, seres andróginos, petimetres, manolas, toreras, cofrades, cristos o santos es un eje clave desde un punto de vista técnico y formal, pero también desde una perspectiva más teórica o psicológica en la medida en que esos rostros, esas miradas, situados en un entorno que puede ser coso taurino, multitud o masa deformada, interactúan con quienes contemplan y proponen, de manera cifrada o enigmática, composiciones evocadoras de nuevas narrativas culturales o discursos de género al tratar de salirse de las dicotomías tradicionales sobre la sexualización de las identidades y lo pétreo y cerrado de todo universo ritual. Así, hay ambigüedad cuestionadora, transformación que aniquila lo estereotípico desde dentro.

Olga. 2024. óleo sobre tabla. 22 x 27cm.
Este desmontaje abarca también al cuerpo, distorsionado, desmembrado, en conflicto. Con ello se pretende incomodar, asombrar y plantear preguntas acerca de una identidad nunca estática, sino en permanente construcción o evolución. Este ejercicio de transgresión, a partir de un conocimiento profundo de la tradición pictórica y de las raíces de lo hispánico, se observa en la última exposición individual de la serie Sin pecado concebida, realizada en Arniches26.

Mirar II (serie naranja). 2021. óleo sobre tabla. 28 x 34 cm.

P67. 2022. 33 x 40 cm. óleo sobre tabla.
En ella hay dos vectores de cuestionamiento: la matriz religiosa, judeocristiana, tan crucial para la historia del arte, a partir de un icono idealizado y hasta cierto punto intocable, como es la Virgen, la Madre Dolorosa, la Piedad; y la relectura de lo femenino en clave cuir o feminista que erotiza lo sublime y rompe con identidades fijas, normativas, sólidamente asentadas esta cultura. Existe fascinación por el arte mariano y su sufrimiento, pero mostrado desde perspectiva abierta, abyecta y desexualizada. El dolor puede ser entendido también como placer (Bataille): la mujer dolorosa que sufre es también la que goza.

Dolorosa I. Óleo sobre lienzo. 100 x 100 cm.
Y existe asimismo un interesante juego con la potencia expresiva a través del color y el tratamiento técnico, que se observa muy bien, por ejemplo, en el retrato de Santa Ana (inspirado en Juan de Juni), una de las mujeres menos representadas

Santa Ana. 2024. óleo sobre lienzo.195 x 162.
Frente a esa identidad femenina arquetípica y dual de la donna angelicata/femme fatale del arte, la literatura o el pensamiento, Sánchez Benito escapa subrayando el componente patriarcal al crear sus seres híbridos, mutantes, cuir y unas escenas irreverentes e imposibles que invitan a observar desde la pura contradicción u oxímoron identitario, desde una liquidez y libertad muy contemporáneas.

Alabanza. 2021. óleo sobre papel.

P89. 2022. óleo sobre tabla. 15 x 20 cm.
Lo andrógino —el ideal de la escritura, según Virginia Woolf— está, pues, muy presente en sus series y observamos una indefinición sexual latente, un transgénero como alternativa frente a la hipersexualización de cuerpos femeninos y masculinos, como si lo híbrido o hermafrodita, señalado por Platón en El banquete, fuera un camino utópico frente a la inflexibilidad de los roles de género y los papeles e identidades asignados por el neoliberalismo y la cultura de masas (Vattimo, Hutcheon). Esas imágenes transgresoras plantean una disidencia frente a lo heteronormativo, frente a la “heterosexualidad compulsiva”, como quiere Adrienne Rich. Desde ahí, Sánchez Benito pinta personajes libres, inviables morfológicamente, que representan una imagen hiperbólica y a veces abyecta (Kristeva) de lo que puede ser un cuerpo.

Prty. 2022. óleo sobre lienzo. 130 x 160 cm.
Estos personajes, además de llevar el peso de la composición y aportar el significado a la obra (algo que la Masa no puede hacer), tienen intencionalidad rupturista: formular un discurso no estático o repetitivo, sino una lectura abierta y polisémica.

Procesion Masa. 2025. óleo sobre lienzo. 180 x 117 cm.
Hay otros vectores conceptuales en la pintura de Sánchez Benito que se cruzan con la cuestión del género y de la identidad, tales como raza, clase social y subalternidad (Spivak), y estos se aplican, no solo a la iconografía religiosa, sino a los arquetipos relativos a la tauromaquia, el fútbol, el flamenco. Se trata, finalmente, de convertir el modelo o paradigma y su asignación de género en algo dudoso y cuestionable.

Ácida y de oro. 2025.Óleo sobre papel.22,5 x 27cm.
La última serie de Paula Sánchez Benito, con el polisémico título de Deslenguadas, muestra una evolución o expansión de los presupuestos de Sin pecado concebida. Deslenguadas forma parte del proyecto en el que trabaja actualmente, con ramificaciones vinculadas de nuevo con el folclore, enunciado nuevamente a partir del retrato, línea y práctica pictórica más elocuente de la artista. Tras estudiar la semántica y potencial de la lengua en el rostro y su expresión y profundizar en la bibliografía de género, con Hélène Cixous y su “inventar una lengua para adentrarse en él” refiriéndose al “discurso del hombre” (La risa de la medusa, 1995) y la necesidad de tomar la palabra, Sánchez Benito subraya la censura sufrida históricamente por la mujer para hablar, expresarse libremente y actuar en consecuencia (bailar, crear, decir). En la cultura patriarcal, esta capacidad humana, posibilidad y derecho, se ha entendido, en el caso de la mujer, como atrevimiento y osadía; ha supuesto y supone un freno para su desarrollo y crecimiento artístico e intelectual. Este “descaro” o transgresión a la hora de decir lo que una quiere o siente de manera autónoma se ha traducido en prohibición o ensañamiento público; en descrédito y marginación hacia toda mujer que rompía con el modelo de ama de casa, de figura callada, sumisa y discreta que ocupaba un lugar en el hogar o espacio privado, nunca en el público (La campana de cristal de Sylvia Plath o el ya mítico Un cuarto propio de Virginia Woolf). Este proyecto tiene, pues, que ver con reducir a su mínima expresión la propia imagen, con centrarse en el gesto o mueca audaz, en el color y la crudeza del trazo. La artista ha ideado una serie de retratos de grandes dimensiones que parten del derecho a la palabra y de la burla consciente de ese estigma patriarcal (Los hombres me explican cosas, Solnit) para interpelar a los espectadores.
María José Bruña Bragado. Bio MMM.
Paula Sánchez Benito. Bio MMM.



