NAYR LÓPEZ GARCÍA mirando a MARCELA CANTUÁRIA

 

Hay algo de encantamiento en las pinturas de Marcela Cantuária (Río de Janeiro, 1991); te cautivan, te atraen y te retienen frente a ellas. Te seduce la estética, la autonomía formal y las vibraciones tonales; subyace descaradamente visible un magnetismo de fuerzas femeninas, un sustrato espiritual que marca las pautas de muchas (o todas) sus composiciones.

En estratégica armonía conviven temas, preocupaciones de naturaleza existencial y pragmática, que regresan a la antropología cultural, la historia, la ancestralidad, para establecer un vínculo entre el pasado y el presente de luchas y resistencias latinoamericanas, donde la mujer recupera la visibilidad merecida. Marcela rescata figuras y pasajes históricos que habitaron, o aún lo hacen, en el oscurantismo conferido por los decidores oficiales; así como símbolos, caminos y emblemas recibidos de saberes ancestrales, prácticas que han resistido a siglos de “oportuna” oposición cartesiana y que la artista traduce en claves contemporáneas, al servicio de un discurso de fuerte activismo social. La Astrología y el Tarot son, de hecho, las fuentes espirituales en las que encuentra no solo iconografía, sino también giros retóricos atemporales, abarcadores en tanto arquetípicos.

Asumiré que el escepticismo no flanqueará la lectura de estas líneas, y para quienes sujetas aun a la ilustrada manera de entender el mundo, descrea del alcance de la espiritualidad y de sus ritos, le invito a que lea como quien se adentra en cualquier otra aproximación interpretativa, a fin de cuentas, son estas palabras -afortunadamente- también susceptibles al cuestionamiento.

 

Fuego. I have a dream: América para Abya Yala

Es necesario entonces, para una Filosofía de la Liberación en la Periferia mundial, y especialmente en América Latina, situar la filosofía del omeyotl (la “Dualidad” originaria), que se enseñaba en el calmecac (escuela de la sabiduría náhuatl), como un movimiento proto-filosófico de la “Edad Eje”, en el nivel de los presocráticos, al menos de los primeros que se interesaban por el origen del cosmos, que lo buscaban en los elementos primigenios (tierra, aire, fuego, agua), o ya que concebían el “uno (tó én)» como lo primero.[1] 

Mientras escribo, transcurre el primer mes de año “uno”, el comienzo de un nuevo ciclo. Se posiciona el Sol sobre Acuario, signo que habla de la colectividad, del nosotras, de la verdad que nos abarca a todas, de la conciencia, visión y futuro compartidos. Desde el punto de vista astrológico, Acuario fue regido por Saturno, que a su vez significa estructura, ley y límites. Cuando se descubre Urano en el siglo XVIII, pasa a ser este el regente del signo. Urano representa lo contrario: ruptura, liberación, revolución. “Saturno sostiene el sistema, Urano lo quiebra. Acuario entiende algo esencial: sin ruptura, no hay evolución. Urano en Acuario expresa su verdad más pura: rebeldía consciente, innovación, pensamiento.” [2] Y, como es arriba es abajo.  

Mientras escribo, millones de venezolanxs celebran la extracción de uno de los dictadores que oprimía al país, y mis compatriotas esperan con una quejumbrosa mezcla de impaciencia y resignación el fin de la dictadura más longeva de América Latina. ¿Estamos evidenciando el inicio de un neo-neocolonialismo? Es probable; nunca fue tan inocente ni benefactora quien considera América como el traspatio de su propia casa, ni tampoco tan altruista la crítica y salvaguarda de un emporio que observa de lejos el lento pero constante declive de pueblos enteros. Mas, no podemos negar la significación y trascendencia de la caída de sistemas caducos; la caída del mogollón, el traidor del palenque; la caída de quienes han esgrimido ideologías que no son capaces de sostener y que han hecho fortuna sobre la destrucción de sus propios pueblos. A veces olvidamos algo: no se puede sostener ideologías con hambre. Por supuesto que no apoyo un anexionismo, un nuevo colonialismo, pero tampoco un simple reformismo; y sí, confiar en las acciones (como coyuntura política y apoyo a nuestras propias luchas de resistencia) del gobierno más peligroso de nuestro tiempo es un acto de desesperación, pero también -paradójicamente- de esperanza, esperanza en que la transición nos haga recuperar nuestra tierra y la posibilidad de vivir con dignidad. El Abya Yala cuenta con siglos de práctica en acciones y actitudes de resistencia y quilombismo; confío en que, una vez superada la conmoción ante la primera chispa, sepamos reconstruir desde nuestros propios cimientos, encontremos los rumbos hacia un contexto donde se pueda habitar la identidad desde la experiencia vivencial en el acto y en el territorio; veremos las narrativas que esto demande.

Del otro lado del mundo, mientras escribo, Irán se ha lanzado a las calles en protesta popular, pide el destierro de sus tiranos; las mujeres queman el velo, caminan firmes por las calles. El tránsito de Plutón por Acuario (iniciado en el 2024), habla de grandes finales, de las transformaciones profundas a nivel de colectivo, descentralización del poder y redefinición de estructuras sociales. La humanidad está evidenciando los epílogos de metarrelatos que ya no alcanzan a ser.

Y si me he extendido en este paréntesis sobre el contexto actual es precisamente para subrayar la vigencia de una obra tan premonitoria como atemporal, que vio la luz en el año 2023, y fue expuesta en el Pérez Art Museum Miami, Estados Unidos; una oportunidad que la autora aprovechó para enaltecer los discursos de “periferia” en un espacio de legitimación en territorio imperialista. El Sueño Sudamericano hace converger pasado, presente y futuro, a la usanza de una representación bíblica propia del Renacimiento Italiano o, siguiendo la lógica de una tirada del Tarot. La presencia de la joven -un autorretrato quizás- que se detiene en medio de su labor en el campo, la hoz todavía en las manos, su rostro que mira simultáneamente los diferentes horizontes, representa La Cosecha, o Siete de Oros, un Arcano Menor que advierte sobre un momento de crisis y sobre la necesidad de determinar posturas, pero también habla sobre el resultado de esfuerzos realizados, de acciones pasadas. Una carta – en efecto- muy a tono con el clima astrológico por el que atravesamos hoy.

El Sueño Sudamericano, 2023, óleo sobre lienzo, 300 x 500 cm.

El Sueño Sudamericano es un recordatorio de siglos de lucha y resistencia de nuestros pueblos por la conquista de su libertad y por el rescate de territorios y culturas. A ello tributa la aparición, en la sección de la izquierda, de figuras que jugaron un papel fundamental en estas luchas; acompañan a la representación de la muerte, como símbolo de su sacrificio y del legado que han dejado a nuestros pueblos. Entre ellas se pueden ver los rostros de: Aura Esther García Peñalver (XXX – Colombia, 2021); lideresa wayuu, autoridad tradicional de la comunidad de Arronshy y miembro activa de la resistencia indígena de Colombia; Sandra Liliana Peña Chocué (1985 – Colombia, 2021), activista, autoridad del pueblo Nasa y gobernadora del resguardo indígena La Laguna-Siberia SAT Tama kiwe en el Cauca; y Maria da Luz Benício (XXX – Brasil, 2021), activista de movimientos sociales en defensa del derecho a la tierra y directora suplente del Sindicato de Trabajadores Rurales (STTR). Las tres asesinadas en el año 2021 por defender derechos humanos, derechos sobre la tierra y su preservación.

La sección central se compone por otros dos arquetipos del Tarot: el Arcano X, la Rueda de la Fortuna y el Arcano XX, el Juicio. El primero habla de cambios inevitables, giros, de movimiento e inmovilidad, finales y comienzos. Marcela hace que de esta rueda se vierta un flujo de estrellas que cae en el centro de la Tierra, desde donde surgen tres gracias que -según la propia autora- resaltan la fuerza femenina que organiza el mundo. Es a partir de estas tres figuras que se anuncia la carta del Juicio, asociada al concepto de destrucción/reconstrucción, al final e inicio de un ciclo, a la transición, al abandono de viejos principios y la adopción de otros nuevos. 

La composición culmina, en su sección derecha, con el ya aludido arquetipo de La Cosecha. Para la autora esta carta indica que «como sociedad, veremos los beneficios de cualquier esfuerzo que hayamos realizado para construir nuevos mundos» [3]. Este lienzo monumental, de recargado simbolismo -que no he agotado con esta breve descripción- demanda escrutinio y sensibilidad; propone una lectura esperanzadora de nuestra historia como continente: ya no está tan lejos el momento esperado, la resurrección desde las cenizas.

Una propuesta de reencantamiento, 2022, óleo y acrílico sobre lienzo, 200 x 600 cm.

El fuego, por otro lado, es el elemento central en Una propuesta de reencantamiento (2022). A su alrededor doce mujeres se reúnen. Cuatro rostros aún no han sido develados, pero entre ellas se encuentran figuras claves en la defensa por los derechos humanos: guerrilleras que dieron su vida por su causa, como las brasileñas Heleny Telles Ferreira Guariba (1941-1971), Helenira Rezende de Souza Nazareth (1944-1972), Lúcia Maria de Souza (1944-1973); las políticas, también brasileñas, Margarida Maria Alves (1933-1983), presidenta del Sindicato de Trabajadores Rurales de Alagoa Grande, Paraíba (1973), la socióloga Marielle Francisco da Silva (1979-2018) y Dilma Vana Rousseff (1947), primera presidenta mujer de la nación electa en 2010; la activista ecuatoriana Dolores Cacuango Quilo (1881-1971), conocida como “Mamá Dolores”, pionera en la lucha por los derechos de los pueblos indígenas y campesinos de su país; y la psiquiatra que revolucionó el tratamiento de la salud mental en Brasil, Nise da Silveira (1905-1999). 

Mujeres que, abrigadas por la noche e iluminadas por el fuego -escenario habitual para el descubrimiento de verdades ocultas, el resurgir de nuevas conciencias, el recuerdo de saberes ancestrales- planean estrategias para un devenir más esperanzador. Mas allá de sus ideologías y afiliaciones políticas -algunas muy controversiales y con las que no concuerdo del todo-, definitivamente, todas merecen un lugar de enunciación en la propuesta de reencantamiento de Cantuária; su labor constante por y para los grupos humanos más vulnerables no debe ser olvidada.

 

Tierra. Derecho a la permanencia.

El sueño de una sociedad ideal, de un futuro mejor, de una tierra prometida: imagina la autora y materializa esas visiones. Es una suerte de vidente que pretende adivinar a partir de los datos que conoce. Esta vez, la realidad de las mujeres, desde una lectura histórica con tintes de generalización, se le presenta distópica; otra vez el pasado y el presente se funden en el lienzo y no puedo dejar de preguntarme ¿Cuánto de realidad distópica hay en las historias de luchas por los derechos de las mujeres?, spoiler: demasiada.

La imaginación y la realidad pueden ser lo mismo, este es el caso. La serie Reinas (2018) muestra las “damas” de las cartas con las que Marcela nos lee la suerte, pero que ha ilustrado y resignificado confiriéndole otros atributos simbólicos. Las reinas de copas, oros, bastos y espadas, encarnan actitudes y posiciones de lucha, se arman y, en este enfrentamiento al status quo, a las imposiciones que por siglos las han resumido a la dependencia de todo tipo, representan a las mujeres todas y las guerras que aun hoy libramos. Advierto en la solución formal un recurso que enfatiza en el hacer continuo, en la acción que se ha perpetuado en el tiempo y se traduce en la simultaneidad del gesto, la repetición de los elementos que indica el movimiento dentro de la representación. Es esta serie más que una sinécdoque, más que la metáfora; es un memorando que advierte sobre la importancia de no bajar la guardia, el trabajo no se ha terminado.

Por más que han querido silenciarlo o minimizarlo, el papel de la mujer ha sido siempre imprescindible en los momentos decisivos de la historia de la humanidad. Marcela quiere que no se olvide, así como algunas figuras significativas que desde el Abya Yala constituyen emblemas en la confrontación al patriarcado y al colonialismo. Las invoca en retratos donde reúne bitácoras, símbolos y alusiones que narran algunos aspectos de sus causas y obra; composiciones que, sin dejar de rozar estéticamente con gestos expresionistas, remedan un lenguaje pop con cierta inclinación hacia la propaganda. Este es el caso de una serie recargada de poesía y capas de significado, donde la tierra es mujer y es madre.

Matria libre (desde 2016) rebusca en la historia de algunos territorios del Sur Global y amplifica las voces de aquellas que se disputaron y reafirmaron su presencia en el devenir político y social.  Para la crítico y curadora Clarissa Diniz, estas pinturas «instituyen imágenes en las que estas mujeres no son un indicio de una batalla perdida, sino íconos de una territorialidad liberada y matriarcal: una historicidad basada en un futuro ya habitado por ellas, en la medida en que fueron sus historias las que lo constituyeron y le permitieron llegar aquí en forma de un futuro en lucha». [4]

Las amazonas de Juana Azurduy, 2021, acrílico sobre lienzo, 100 x 150 cm.

Del conjunto quisiera destacar el retrato de Las amazonas de Juana Azurduy (2021), una escena que describe el recorrido de este escuadrón de caballería conformado por nativas, mestizas y criollas, liderado por la teniente coronel durante la guerra de independencia del Alto Perú (actual Bolivia), en el siglo XIX; heroínas que dejaron la vida por la emancipación hispanoamericana. Otro de los retratos de la serie está dedicado a María Felipa, un complejo conjunto pictórico compuesto por varias telas alusivas a la labor de esta luchadora por la independencia de la Isla de Itaparica, durante la guerra de Brasil contra los portugueses. La composición lleva por título María Felipa y la bestia marina (2022). Ambas piezas tienen en común la actitud, la pretensión de rescatar del olvido rostros, figuras claves en los anales latinoamericanos; y que no siempre contaron con el merecido reconocimiento.

Compartiendo esa disposición para cobijar y preservar la memoria, no puedo dejar de notar entre los retratos de Matria Libre, uno que alude directamente a la historia de mi país, una historia que – afortunadamente- se está revisitando con nuevas luces, más fieles a la verdad. Celia Sánchez (2020) se compone de un rostro que es también paisaje, donde confluyen las olas del mar y las montañas. Celia, la político y filántropa cubana, figura controversial en tanto fue parte importante de la dirección de un régimen totalitario, y al mismo tiempo probablemente la más humanitaria, humilde y defensora de los intereses del pueblo cubano. Marcela la muestra vestida de miliciana enfatizando así en su espíritu rebelde y en el papel que desempeñó dentro de un sistema que le enseñó al mundo el triunfo de valores antiimperialistas y de vanguardia, aunque el propio sistema posteriormente nos decepcionara.

Celia Sánchez, 2020, óleo sobre lienzo, 160 x 120 cm.

 

Aire. Sobre oralidades y la intangibilidad.

No podía faltar dentro de la producción de Cantuária -aunque ya se anunciara en algunas de las ejemplificaciones anteriores- sustratos de la cultura popular, referencias a esas partes intangibles que pregnan notablemente en el imaginario social. Es probablemente Oráculo de Urutu (2019-2021) una de las series donde mejor materializa estas sensibilidades, donde la espiritualidad encuentra simbologías particulares que responden a una estética ya asentada en el trabajo de la autora. Para la concreción de este conjunto de obras, Marcela investigó en profundidad sobre el trabajo de las artistas e ilustradoras Marguerite Frieda Harris (Reino Unido, 1877-India, 1962) y Pamela Colman Smith (Reino Unido, 1878-1951), quienes al decir del curador Aldones Nino: «presentaron imágenes importantes del reino invisible mediante la ordenación de símbolos, capaces de ser canalizadas en procesos de adivinación mediante la cartomancia». [5]

Definitivamente la artista brasileña se inspira en los procedimientos de estas predecesoras; presumo que existe en estas pinturas un tanto de sinestesia y de intuición, sin olvidar sus motivaciones en el ámbito temático anticolonialista, insurgente y de crítica hacia las sociedades modernas; citando -además- referentes de la literatura, el cine, la música y las telenovelas. La hora de la estrella (2020), por ejemplo, se inspira en una de las obras más famosas de la escritora Clarice Lispector (Ucrania, 1920–Brasil, 1977), que ha sido adaptada en múltiples ocasiones. La novela se ha entendido como una crítica social sobre la invisibilidad de los grupos marginados de Brasil, criterio que también es aplicable para el trabajo de la pintora. El lienzo, como si de la carta del Tarot se tratara, podría interpretarse como un hálito de fe y esperanza para estos grupos preteridos; un mensaje también trasladable a la producción general de Marcela.

La hora de la estrella, 2020, óleo y acrílico sobre lienzo, 90 x 77 cm.

La fe constituye uno de los pilares sobre los que se construye Oratorios (2020-2023), dispositivos artísticos en los que la pintura trasciende al lienzo y contribuye a la conformación del objeto. Frente a los oratorios las palabras a veces se vuelven susurros, otras pudieran alcanzar la magnitud del grito; las plegarias se quedan suspendidas ante la imagen de veneración. Estas imágenes vuelven a configurarse desde el universo simbólico propio de la cartomancia y la espiritualidad, y también desde el enaltecimiento de mujeres clave en la lucha contra el patriarcado, el colonialismo, el capital. Oratorios constituye, en efecto, la materialización de los empeños por realidades más justas y de las contranarrativas esgrimidas ante las sociedades modernas.

Anima, 2023, óleo y acrílico sobre lienzo, madera y velas, 78.5 x 77 x 4.5 cm (abierto), 42.5 x 77 x 4.5 cm (cerrado).

 

Serpentaria, 2023, óleo sobre madera, yeso, lienzo, vidrio e hierro, 71 x 79 x 39 cm.

 

Agua. Derivas y marisma, altares de la memoria

En favor de criterios “civilizatorios” a lo largo de los siglos se han desestimado y relegado a las periferias todas aquellas expresiones que no encajan con los códigos correctos, permitidos o tolerables bajo el escrutinio del patriarcado, del eurocentrismo y la raza aria. Por consecuencia, todo archivo y muestra de dichas expresiones “no correctas”, han sido atendidas con indiferencia, han quedado en desconocimiento, tras el velo del desentendimiento, o bajo la expresa indiferencia y consecuente censura. Es por esto que, rescatar la memoria, reescribir la historia desde el podio de la verdad y la justicia, aunque todavía podrían ser actos disidentes y por tanto peligrosos, es nuestra responsabilidad; ya no como intelectuales, artistas o entendidas en ciencia, sino como seres culturales y culturados que convivimos -de una forma u otra- en sociedades “modernas”. Y dentro de ese amplio abanico de expresiones subestimadas, la producción artística hecha por mujeres ocupa un lugar protagónico.

Son estas las razones fundamentales que mueven a Cantuária a imaginar y proyectar tres salones de arte dedicado exclusivamente a mujeres artistas, en su mayoría pertenecientes al Sur Global. Estas tres piezas, inspiradas en obras precedentes y en espacios legitimadores desde epicentros artísticos de enclave europea, reafirman una voluntad de reconstrucción y reformulación de espacios y mecanismos legitimadores del arte, reubica el foco hacia zonas menos atendidas pero invaluables; así nacen sus tres Salones de Arte Latinoamericano y del Caribe o Salones de la Mujer… deberíamos tomar nota.

1er Salón de Arte Latinoamericano y del Caribe . Salón de la Mujer, 2022, óleo, acrílico y pintura en aerosol sobre lienzo, 320 x 450 cm.

Para el primero de ellos (2022) regresa al cuadro El gabinete de arte de Cornelis van der Geest (1628), del flamenco Willem van Haecht (Bélgica, 1593-1637). Volver a esta pintura es volver sobre los pasos del coleccionismo occidental; a un género pictórico que nace en Amberes a inicios del siglo, la voluntad de plasmar gabinetes y colecciones que cada vez con mayor fuerza ponen el énfasis en la pintura como objeto de lujo. La presencia de mecenas, creadores y coleccionistas obviamente acentuaba el valor de lo representado. Para este primer salón, la artista sin embargo suprime los rostros y enfatiza en lo que debe recobrar importancia: las obras de las creadoras que se han dado cita. Ha sustituido los grandes exponentes europeos por firmas icónicas del arte moderno y contemporáneo: Belkis Ayón (Cuba, 1967 – 1999), Délia Cancela (Argentina, 1940) e incluso una propia; por ejemplo.

2do Salón de Arte Latinoamericano y del Caribe. Salón de la Mujer, 2022, óleo sobre lienzo 320 x 450 cm.

Para el segundo salón (2022) le ha servido de modelo La Tribuna de los Uffizi (1772-1778) de Johan Zoffany (Alemania, 1733-1810), que habría sido encargada por la Corona Británica para documentar la impresionante colección de la Galería Uffizi de Florencia. En lugar de Renacimiento Italiano, Barroco Flamenco y otras piezas y objetos coleccionados a partir de la fascinación ilustrada por estudiar el pasado, Marcela -como era de esperar- incorpora nombres imprescindibles en la historia del arte latinoamericano y caribeño; entre estos se pueden encontrar: Ana Mendieta (Cuba, 1948-USA, 1985), Celeste Woss y Gil (República Dominicana, 1891-1985) y Rina Lazo (Guatemala, 1923-México, 2019). 

3er Salón de Arte Latinoamericano y del Caribe. Salón de la Mujer, 2025 Oleo y pan de oro sobre lienzo 150 x 200.

Para el tercero (2025) se concentra en una sala del Louvre, museo que históricamente ha engrosado sus colecciones a partir de mecanismos colonialistas, disfrazados de criterios sobre “patrimonio de la humanidad”. Ocupar este espacio para Marcela es retomar el control sobre cómo se cuenta la historia, qué debe ser legitimado y bajo qué conceptos, es desplazar el énfasis hacia aquellas narrativas que -por generalidad- están siendo evaluadas bajo los estigmas de la otredad. En esta sala aparecen, entre otras tantas, obras de las artistas: Maria Nepomuceno (Brasil, 1976), Monica Heller (Argentina, 1975) y Olga de Amaral (Colombia, 1932).

Los tres salones son un llamado a poner freno a la desmemoria, a subvertir las relaciones entre Norte-Sur, a fomentar la revalorización de todas aquellas expresiones que fueron -y son- relegadas al ostracismo mediante procedimientos de colonización. Sirven, en definitiva, como archivo en ascenso de creadoras de América Latina y del Caribe. 

 

El palenque.

Podría hablar de misticismo, podría hablar de lo “bello estético” o sus acepciones, podría hablar de metáforas, retórica y cuanto permita las teorías de la recepción. Y todo esto se aplica con certeza a la obra de la brasileña Marcela Cantuária, pero en lugar de ello, prefiero cerrar enfatizando en su fuerza, resiliencia y quilombismo. 

Hay en sus piezas retos investigativos y también mucho de artificio estético. Su lenguaje responde, en primera instancia, a su sentir, y luego a un gusto en clave contemporánea que reivindica el maximalismo en paleta y símbolo, que identifica -parcialmente- nuestras sensibilidades. Marcela pinta una identidad que construye, y al tiempo defiende -con sus propios matices- tradiciones y lenguajes de nuestras regiones. Narra su territorio y nos hace recordar. 

 

 

[1] Dussel, Enrique. Filosofía de la liberación. Vol. 11 de Obras Selectas. Buenos Aires: Editorial Docencia, 2013, pág. 19. Material consultado en formato digital.

[2] Conclusiones de la astróloga cubana, residente en el Reino Unido, Gabriela Salgado. Publicado en su plataforma @astroloca2.0, en enero de 2026. 

[3] Statement de la pieza, en marcelacantuaria.com.br

[4] En statement de la pieza, en marcelacantuaria.com.br

[5] En statement de la pieza, en marcelacantuaria.com.br

 

Nayr López García. Bio MMM.

Marcela Cantuária. Web. Bio MMM.