martes, octubre 19, 2021

    Marta Bisbal. Encarar el vacío y la incertidumbre.

    Expresarme a través de un lenguaje que no había utilizado con anterioridad forma parte del propio proceso de creación de un proyecto. Estoy dispuesta a explorar y a asumir el riesgo de encarar el vacío y la incertidumbre. (Marta Bisbal Torres, 2021)

    Tuve conocimiento de los trabajos de Marta a partir de su colaboración en La Gran Máquina, del Embarrat Festival de Creación Contemporánea en 2017 (Museu Trepat, Tàrrega). Desde entonces, me he interesado por su sensibilidad artística y he ido siguiendo su trayectoria, profundizando en diferentes aspectos. Esta entrevista es el resultado de un diálogo profundo entre ambas, en el que hemos podido realizar un análisis autoperceptivo y de crecimiento mutuo sobre los procesos de creación y acción.

    En la obra de Marta Bisbal Torres hay una subjetividad que interfiere en los espacios. Todo lo que sucede se hace en complicidad con el otro. Hay un concepto de otredad y presencia omnisciente. Siempre formamos parte de sus piezas, nos interpelan porque
    hablan de lo cotidiano a una escala invisible, situándonos en los límites de la percepción y de la realidad. Se hacen muy presentes distintas temporalidades críticas y espacialidades desbordadas (Ruiz Bañón, 2019); la familiar pared que imperturbable aguanta el peso de las horas, la madera que habla del pasado…; así, toda quiebra revela algo nuevo de la espacialidad y algo nuevo del tiempo: nos interroga sobre cuál es nuestro lugar en los lugares que habitamos. Esta transmutabilidad entre espacios, su consciencia crítica y su resignificación son algunos de los elementos que vertebran su trabajo.

    En tus proyectos se plantea una noción de espacialidad filosófica que tiene que ver con habitar el espacio.

    En ese habitar el espacio que conforma mis proyectos, hay tanto una indagación conceptual como una exploración experiencial y corporal. A veces la corporalidad no es tan llamativa, incluso puede parecer que no esté, pero siento que es fundamental, porque identifico el habitar con poner el cuerpo —con corporeizar el espacio, que decía Martin Heidegger—, de lo contrario estaríamos teorizando sobre el espacio, pero no habitándolo, sintiéndolo o apropiándonos de él.

    Parece más fácil identificar lo performativo con la acción y el movimiento; aun así, el mantener durante largos periodos de tiempo una actitud aparentemente de inacción, una gestualidad estática, simplemente de contemplación o de escucha, es también una forma de acción y, sobre todo, de interacción. Françoise Dolto se refería a ello a propósito de la observación de algunxs niñxs y sus juegos, advirtiendo que en la edad adulta nos resulta difícil sostener los momentos de pasividad. Está claro que vivimos en una sociedad hiperactiva y nos rigen sus valores.

    ¿Crees que hay una búsqueda interna más o menos consciente de este vínculo?

    Sí, ahora soy consciente de esa búsqueda y veo que está en mis proyectos desde el inicio, aunque en un primer momento no la identifiqué de forma tan clara. Mi búsqueda tiene que ver con explorar otras formas de relacionarme y de establecer vínculos con el espacio; formas de estar que no se corresponden con los usos habituales que yo tendría en un sitio concreto, lo cual me abre a una experiencia nueva. En último término, detrás de esta aproximación hay un planteamiento de carácter existencial, dado que el propio cuerpo es ya un lugar, y este también ocupa un lugar, una posición, dentro del espacio físico y social.

    Estas otras formas de relación con el entorno me permiten habitar, que es algo distinto al puro estar de paso; me aportan presencia y a la vez conciencia de lo propio, de la otredad, y de las zonas límite o intersticiales que se dan entre ambos. En términos generales, el arte me interpela cuando implica un cuestionamiento crítico de la realidad, a nivel social, político, medioambiental, etc., o un cuestionamiento de la existencia misma.

    En “El mapa del imperio” (2020), sorprende la inconmensurabilidad de la idea. Tu inspiración en los textos de Carroll, Borges y Eco para llegar a crear a escala 1:1 un territorio. Háblanos de la materialización de este concepto tan abstracto.

    Desde luego, crear un mapa a escala 1:1 de un territorio es una idea grandilocuente, desmesurada. Pero algo de esa ambición, aunque sea en mucha menor medida, quiera o no, también está latente en mi decisión de ampliar el fragmento de un mapa hasta el punto de que coincida con el espacio que representa. Es algo que no había previsto al idear el mapa y con lo que me encontré al ejecutarlo. Por eso comentaba antes que es importante la fase de ponerme a hacer, en este caso, de dar una materialidad y un cuerpo al mapa, y a su vez de corporeizarlo a través de mí y de las personas que lo vivenciaron.

    Durante el montaje, sentí la imposibilidad de representar con exactitud un mapa a escala 1:1, algo por supuesto ya sabido, pero una cosa es saber algo y otra es experimentarlo; hay conocimientos que nos llegan al poner el cuerpo. La materialización de ese proyecto fue significativa, un aprendizaje enorme, pude sentir la imposibilidad, la frustración, el esfuerzo que requieren las pretensiones y las exigencias elevadas, y la absurdidad de todo ello. No podía ser de otro modo, ¡estaba representando una obra del imperio! Terminé totalmente exhausta. Hacer un mapa que tenga las medidas del propio territorio es un absurdo, pero dedicarme a algo absurdo es una forma de activismo, una forma de combatir esa necesidad constante de productividad y de utilidad que tanto nos ha vendido e impuesto el capitalismo.

    El mapa imperio_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    El mapa imperio_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    El mapa del imperio, instalación. Sala Zero, Espai d’Arts, Roca Umbert Fàbrica de les Arts (Granollers, 2020). Fotos: Jordi V. Pou.

    ¿Crees que nuestra representación de la realidad condiciona la realidad misma?

    Sí, creo que la representación condiciona la realidad, es una noción que se encuentra en “El mapa del imperio”. Es decir, nos podemos preguntar: ¿qué hay antes, el territorio o el mapa? En este sentido, Franco Farinelli apunta que primero es el mapa y luego, el territorio. Es justo lo contrario de lo que podría parecer; el mapa determina cómo va a ser ese territorio, en consecuencia, es la realidad la que se adapta y se configura según una planificación previa. Entonces, quien ostenta la capacidad de cartografiar un territorio es quien ostenta el poder sobre ese territorio, el poder de nombrarlo, de establecer sus límites y de determinar qué existe y qué no.

    Frente a esto, la propuesta que hago, además de plantear una serie de reflexiones críticas en torno a la representación cartográfica, pretende abrir las posibilidades de experimentar un mapa de forma diferente. Al realizar la ampliación a escala 1:1, ¿qué sucede cuando se pierden los signos y los códigos propios de un mapa y este deja de ser una típica herramienta de orientación?, ¿qué sucede cuando un mapa se convierte en una imagen puramente abstracta y nos perdemos en él?

    Quería tener y proporcionar una experiencia del mapa del imperio, entrar literal y físicamente dentro de él, para ver qué se esconde dentro del mismo. Todo ello con el fin de poder habitarlo después de una forma propia, más allá de las referencias
    intrínsecas al mapa, las cuales limitan nuestra percepción sobre el espacio. Al encontrarnos ante una superficie abstracta e indeterminada, se produce una apertura en la experiencia y es posible establecer una relación más afectiva con el lugar.

    «La finalidad de las cosas impide que las cosas tengan su propio tiempo específico.» (Byung-Chul Han, 2015)…

    Considero que a menudo hay una alteración del tiempo específico de las cosas y, salvo en esta época pandémica que nos ha obligado a detenernos, la tendencia es hacia la aceleración; por ese motivo, en varios proyectos he venido reivindicando la lentitud como forma de resistencia. Esto es algo que aparece en la pieza “Un momento sí, más tiempo no”, que forma parte de un proyecto realizado en Montserrat.

    Mientras estaba fotografiando una cinta que había quedado colgada en un árbol y se estaba moviendo por el efecto del viento (la cinta provenía de unas obras que se estaban haciendo al lado), vino un vigilante y me dijo textualmente la frase: “un momento sí, más tiempo no”. Me pareció sorprendente, ni siquiera estaba fotografiando un monumento, estaba ante algo insignificante. Es decir, yo puedo estar un segundo tomando una foto de una cinta colgada de un árbol, pero se espera que no esté más.

    Un momento sí. Más tiempo no_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    Bienvenidos_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    Un momento sí, más tiempo no, vídeo. Bienvenidos, serie de 20 carteles. Lo Pardal, Fundació Privada Guillem Viladot (Agramunt, 2019).

    Suelen ser más evidentes los condicionamientos espaciales a los que estamos continuamente sometidos, por ejemplo, a través de toda la señalética que nos dice cómo debemos actuar y comportarnos en un espacio concreto, algo que muestro a través de la serie de carteles “Benvinguts”, que también forma parte del mismo proyecto. Pero igualmente estamos sometidos a condicionamientos temporales que, sin duda alguna, alteran y empobrecen nuestra experiencia de un lugar, pudiendo llegar a interrumpirla. Aunque siempre cabe rebelarse: cuando el vigilante se fue, continué fotografiando la cinta durante casi una hora.

    En varias ocasiones identificas el tiempo como una sucesión de instantes donde cada uno de ellos precisa de una significación concreta; su cadencia, su ritmo se consagran en el espacio vivido. En “Kosmos” (2012-2017) podemos inferir esta idea de la exposición temporal y espacial. ¿Qué relación estableces entre estos conceptos y la creación artística?

    La temporalidad con la que trabajo es la que tiene que ver con la noción de duración, algo que ya se puso de manifiesto en mi primer proyecto, “Kosmos”. A lo largo de tres años, observé y fotografié la evolución de la luz y las sombras en tres paredes del piso en el que vivía. Es un proyecto que cuestiona la percepción y se sitúa en mi ámbito más íntimo y cotidiano, que es la habitación y el estudio contiguo. Está compuesto por instantes cualquiera que pueden pasarnos desapercibidos, los cuales derivan del movimiento de los astros y reciben la influencia del vecindario y del entorno.

    A esta suma secuencial de instantes no me atrevería a atribuirles una significación, sino más bien un sentido. Entonces, el sentido de cada instante vendría dado tanto por el que le antecede como por el que le sucede. Un instante es algo fijo, mientras que, en la duración, compartiendo aquí la concepción bergsoniana, hay un todo que cambia, algo que permanece abierto y está en movimiento; es ahí donde se encontraría también la libertad creativa.

    Kosmos_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    Kosmos, fotolibro (2016). Sala Kursala-Institut d’Estudis Ilerdencs. Foto: Marino Cigüenza by La Troupe.

    En tu proyecto “¿Palacio de Cristal?” (2019) hay una búsqueda documental e historiográfica donde los registros sonoros cobran importancia. Los lenguajes estructurales, narrativos y performativos se transforman en formas de comprender el mundo y de cuestionarlo. ¿Cómo es ese proceso de reconocerse a una misma en diferentes canales de comunicación?

    El uso de diferentes lenguajes y canales de comunicación me coloca, por un lado, en un ámbito de fragilidad y vulnerabilidad, porque a priori no soy experta en ellos, lo cual me supone hacer una indagación sobre las particularidades de ese lenguaje y las formas de producción, además de la investigación sobre la temática o contenido de un proyecto. Ahí tengo que sostener el desconocer, y acostumbran a aparecer miedos e inseguridades.

    Por otro lado, me conecta con la versatilidad y la exploración; expresarme a través de un lenguaje que no había utilizado con anterioridad forma parte del propio proceso de creación de un proyecto. Estoy dispuesta a explorar y a asumir el riesgo de encarar el vacío y la incertidumbre, pero que tenga una predisposición para ello tampoco implica que siempre esté satisfecha con lo que al final he sido capaz de expresar. El error, el fracaso y la frustración forman parte del aprendizaje.

    Palacio Cristal_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    ¿Palacio de Cristal?, instalación. Larva, Sala Gòtica, Institut d’Estudis Ilerdencs (Lleida, 2019). Foto: Jordi V. Pou.

    ¿Cómo se revelan esos lenguajes para ti?

    Cada proyecto suele ser el que me lleva a un lenguaje; no está predeterminado al principio, a veces ni siquiera lo he intuido. Es a lo largo del proceso de investigación y creación cuando este se revela, cuando toma una forma concreta. Hasta el momento, con lo que más he trabajado es con la imagen y, recientemente, el sonido también se ha ido incorporando.

    Lo que más me atrae del sonido es su carácter fugaz, su movimiento, y el hecho de que nos podamos sentir atravesados por él; nuestro cuerpo es un lugar de vibración y resonancia. Por tanto, el sonido es un canal indiscutible de contacto, estar a la escucha es ponerse en relación con uno mismo y con lo otro, incluido el espacio que nos rodea. Aparte, el sonido nos libera del predominio y control de la visión, algo que a mí en particular me aporta descanso.

    En relación a la reflexión anterior, ¿crees que el proceso creativo apela a la construcción de la identidad?

    Totalmente. De hecho, el punto de partida de mi práctica artística es que no sé quién soy, y con el tiempo voy aceptando que tal vez tampoco sea necesario saberlo del todo. A través de los procesos creativos que emprendo, voy identificando mis necesidades y deseos, voy construyendo una identidad, que es identidad individual y a la vez tiene que ver con tomar partido en la generación de una identidad colectiva. Por eso, una vez que he comenzado a expresarme desde ese terreno, siento que no puedo dar marcha atrás, embarcarme en la creación artística sigue siendo una necesidad.

    Aunque mis proyectos no aborden directamente cuestiones personales o identitarias, la construcción de la identidad es un sustrato que está en los cimientos. Como hemos comentado, vivimos en el marco de un espacio y un tiempo, dos coordenadas que son condición para la experiencia, dentro de las cuales desarrollamos y expresamos nuestra subjetividad, ese es el campo de juego y de ahí surge mi motivación para explorarlo y cuestionarlo. No espero encontrar en la interrogación filosófica una respuesta estable, una solución, pues veo al ser humano como un ser en proceso, en un constante suceder,devenir, estar.

    El mundo, en su vastedad histórica y poliédrica, nos ha privado del talento reconocido de mujeres extraordinarias. ¿En qué punto consideras que nos encontramos a día de hoy?

    El sistema patriarcal ha invisibilizado tradicionalmente el trabajo de mujeres y también de otros colectivos que no entraban dentro de su estrecho encuadre de hombre, occidental, blanco, heterosexual, etc. Es lo que hablábamos en relación con la cartografía: quien ejerce el poder determina qué representar y qué queda fuera de la representación, algunos aspectos de la realidad se muestran mientras otros quedan ocultos.

    En consecuencia, muchas mujeres no han estado incluidas en lo que sería el mapa de reconocimiento y legitimación de artistas. El peligro es que confundamos representación con realidad, porque estas mujeres sí han estado, trabajando desde los márgenes y las periferias. Hoy en día, en el ámbito del arte contemporáneo, a las mujeres nos sigue siendo difícil la profesionalización en un sector que de por sí es ya muy precario. Si leemos las estadísticas, vemos que todavía queda lejos la paridad, si bien hemos avanzado en conciencia a partir de toda la reivindicación feminista.

    En este sentido, háblanos de tus referentes…

    En diferentes épocas me he sentido inspirada por artistas como Fina Miralles, Àngels Ribé, Roni Horn, Martha Rosler, Chantal Akerman, Rose Lowder, Agnes Martin, Utah Barth, Helena Almeida, Eva Hesse, Lygia Clark, Louise Bourgeois, entre tantas otras. Me resulta enriquecedora la mirada que se da entre mujeres, como el intercambio que estamos teniendo nosotras ahora. Nos configuramos a través de encuentros diversos y múltiples. Siento mucha gratitud hacia las mujeres que, generación tras generación, han ido abriendo camino en el arte, y también hacia lxs artistas y demás agentes del ámbito artístico con lxs que hoy compartimos intereses, ilusiones, complicidades y reivindicaciones.

    Siete paredes_Marta Bisbal | Mujeres Mirando Mujeres | Cleofé Campuzano

    Siete paredes, un almacén y un escaparate, performance. Demo_3, DAFO, Projectes i Espai d’Art Contemporani (Lleida, 2014). Fotos: DAFO.

    ¿Desde el arte y el pensamiento, podríamos ser capaces de repensar lo que vivimos?

    El arte es una herramienta con un gran potencial para generar reflexión, cuestionar, denunciar, interpelar. De entrada, permite ampliar la experiencia y el concepto del sí mismx. Es un lugar desde donde adquirir un compromiso social y político. Permite abrir
    el campo de posibilidades, confrontar los principios y las coordenadas preestablecidas, tomar posición y redefinir nuestra posición.

    Pero, además de esta oportunidad para dialogar y repensar lo que vivimos, considero que lo más significativo y esencial del arte es la creación, es decir, a través del arte podemos obtener recursos para crear y dar lugar a la sociedad y el mundo en los que queremos ser y estar, de modo que nos podamos reconocer en los mismos. Crear constituye un ejercicio de honestidad, primero con unx mismx y, a partir de ahí, con lxs demás. Me resuena el mundo común que propone Marina Garcés, donde crear “es ir más allá de lo que somos”, “es una condición política del ser humano en tanto que define y decide su vida con otros”.

    Cleofé Campuzano. Bio MMM.
    Marta Bisbal Torres. Web. Bio MMM.
    Imagen destacada: Kosmos, videoinstalación. Ultrafotografía, Centro Párraga (Murcia, 2021). Fotos: Vacio Studio.

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