MARÍA LIGHTOWLER mirando a EVA GOMORE
En la intersección entre ritual ancestral y distopía posindustrial, la práctica de Eva Gomore emerge como un acto de resistencia material. Litolatrías y conversaciones con nadie no es un proyecto o una serie, sino un campo de batalla donde lo telúrico colapsa contra lo algorítmico, donde las grietas de la arcilla trazan mapas de crisis ecológicas y las siluetas totémicas interrogan nuestra relación narcisista con la tecnología.
Gomore opera como una antropóloga del Antropoceno, desenterrando memorias geológicas en los olivares heredados —arcillas que contienen el ADN mineral de generaciones— para confrontarlas con la sintética frialdad del plástico reciclado y los residuos contemporáneoelectrónicos. Sus esculturas-arteFacto (término que ella acuña para desdibujar jerarquías entre artesanía y arte elevado) son coreografías de lo precario: estructuras que simulan estabilidad arcaica mientras revelan su vulnerabilidad a través de fisuras calculadas, óxidos que sangran cobalto, ensamblajes donde el alambre industrial estrangula formas orgánicas.

Bowl of Time II, 2024. Gres y tierra. 13 x 33 x 33 cm

Equilibrio con piedra, 2024. Gres y tierra. 27 x 18 x 12 cm
El cortijo-crisálida, que cobijó su producción artística de los últimos tiempos, funcionó como laboratorio site-specific, operó como matriz conceptual: un útero arquitectónico donde la artista ejecuta lo que denomina «excavaciones invertidas». No desentierra reliquias, sino que las siembra. Cada pieza encapsula capas temporales contradictorias, creando una arqueología especulativa para futuros posibles.

Impacto de agua en planeta seco, 2023. Arcilla, resina, gres y porcelana. 31 x 33 x 33 cm
Su revisión de los iconos femeninos de fertilidad adquiere ribetes de ciberfeminismo crítico: las Venus esteatopígicas del Paleolítico son reinterpretadas con protuberancias que evocan tumores por contaminación, mientras los óxidos azules —ese cobalto que tiñe de melancolía tecnológica— remiten tanto a los vertidos mineros como al blue screen de la muerte digital. Es aquí donde Gomore supera el discurso ecológico convencional, planteando una ecología expandida que incluye lo digital como estrato geológico.

Pre Rodinia I, 2023. Gres, resina y tierra. 21 x 20 x 25 cm
La grieta, leitmotiv de su obra, se revela como herida semiótica: fractura hidráulica en la tierra-agua-tierra (proceso técnico que documenta meticulosamente en su web), pero también brecha generacional, falla en los sistemas de producción capitalista, intersticio por donde se cuela lo no-binario en las narrativas históricas lineales.
Este último conjunto de obras no es un epílogo, sino un punto de bifurcación: Gomore nos entrega un manual de instrucciones para el colapso, donde cada obra funciona como nodo en una red de significados que oscila entre el altar prehistórico y el servidor de datos. Al desafiar la dictadura de la obsolescencia programada mediante materiales que mutan lentamente —arcillas que siguen contrayéndose años después de su horneado— propone un tiempo no lineal donde pasado y futuro colisionan en un presente perpetuo de urgencia ecológica.
Litolatrías… nos confronta con una pregunta incómoda: ¿Somos espectadores o estratos geológicos en formación? En este limbo entre el hacha neolítica y el microchip, Gomore nos recuerda que toda creación es, en esencia, una conversación con las ruinas que aún no existen.

Equilibrio con piedra, 2024. Resina y gres. 27 x 18 x 12 cm

Pre Rodinia II, 2023. Gres, resina y tierra. 21 x 20 x 25 cm

Deep – Dry – Blue, 2021. Resina, porcelana y pigmentos. 27 x 19 x 15 cm (Detalle)



