martes, septiembre 29, 2020
    Las Resilientes: Memorias imborrables. Exposición online MMM - entrevistas gestoras

    Las resilientes. MEMORIAS IMBORRABLES.

    I exposición online de Mujeres Mirando Mujeres
    Las resilientes. MEMORIAS IMBORRABLES

    Nuestra I Exposición Online «Las resilientes. MEMORIAS IMBORRABLES» pretende aproximarnos y hacernos reflexionar desde una perspectiva artística y feminista sobre cómo los efectos de la COVID 19 afectan a una generación de mujeres invisibles a las que queremos reivindicar.

    La crisis de la COVID-19 ha venido a cambiar nuestra cotidianidad, nuestro trabajo, nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos. Hemos visto como día tras día se han ido cancelando exposiciones y ferias,  Mujeres Mirando Mujeres no es indiferente a los hechos que estamos viviendo.


    La muestra, patrocinada por Arte a un Click, cuenta con la colaboración de la barcelonesa Galería Alalimón, codirigida por Isabel Lázaro y Rebeca Méndez apoya el proyecto Mujeres Mirando Mujeres brindando a las artistas participantes en la exposición la oportunidad de acceder al premio:

    Premio Galería Alalimón. La galería de arte Alalimón ha querido sumarse al evento patrocinando el premio que llevará su nombre. Una de las artistas participantes en la muestra será seleccionada para exponer de forma individual en la galería Alalimón de Barcelona en 2021 con apoyo y difusión de Mujeres Mirando Mujeres.

    El jurado encargado de la selección ha estado compuesto por las galeristas Isabel Lázaro y Rebeca Méndez, directoras de la galería Alalimón, la gestora cultural Sussana Cochia, directora de Barcelona Gallery Weekend, la artista María Gimeno y el equipo de Mujeres Mirando Mujeres.

    Las artistas

    Aitziber Urtasun – Carmen Chacón – Clara Rossy – Elvira Martos – Florencia Kettner – Gertrudis Rivalta – Iris G-Meras – Isabel Chiara – Isabel Flores

    Julia Martínez – Laia Noal – Lola Eiffel – Maite Ortega – Mercedes Bautista Neves Seara – Nuria Lago – Prado R. Vielsa – Rebeka Elizegi – Rocío Bueno Ruth Lodeiro

    Las gestoras culturales

    20 artistas que han sido presentadas a lo largo de las seis ediciones de Mujeres Mirando Mujeres por las gestoras culturales: Teresa Miquel, Antonella Montinaro, Marina Avia, Gema Albornoz, Olga Isla, Almeris Herrera Martínez, Araceli Corbo, Laura Singular, Laura Pinillos Villanueva, Sara Torres Sifón,

    Anna Roig, Oliva Cachafeiro, Marina Avia, Leticia Palomo Garrido, Bárbara Velasco, Elena Bangueses, Mercedes Palaín, Ana Gr. Yñañez, Carmen Dalmau y Sara Pérez Bello.

    Comisariado

    Mujeres Mirando Mujeres
    (a partir de un texto de Mila Abadía)

    Comprometida con la incidencia de la perspectiva de género en el arte, la colectiva reflexiona sobre el espacio que la sociedad ha dado a una generación olvidada.

    En el complicado momento que estamos viviendo no podemos dejar de nuevo de lado a aquellas mujeres que han hecho que hoy, nosotras, estemos aquí.

    Mujeres, muchas nacidas durante los años de la guerra, mujeres que vivieron su infancia y su juventud en la posguerra, trabajando desde niñas.

    Segadoras de cuerpos ligeros pero extremadamente fuertes, lavanderas de manos diminutas, “que servían” por cama y comida en casa de los amos, como lo habían hecho en casa de los padres y lo harían después en la de sus maridos: mujeres sin derechos a las que se educaba exactamente para eso, para servir.

    Mujeres en quienes concurrí­an la segregación de género y la profesional, la desigualdad educativa y política y la discriminación legal y laboral. Mujeres a las que con una “dote” -la licencia por matrimonio-, echaban de las fábricas al casarse.

    Mujeres que salieron a trabajar fuera de casa y que continuaban haciéndolo al llegar a la suya; mujeres que, sin otro recurso, iban a fregar escaleras, sufriendo la crítica social que susurraba que “el marido no puede mantenerla”, como si trabajar fuera una deshonra. O las que trabajaban en sus casas, cosiendo por encargo, constreñidas al traqueteo constante de aquellas máquinas, hoy reliquias. Todas ellas sin seguro, sin cotización alguna.

    Mujeres recluidas en sus hogares y supeditadas a una ideología cuya finalidad era convertirlas en buenas y piadosas madres de familia, reproductoras de los principios y consignas del nuevo Estado. Mujeres privadas de su derecho a la educación, a la cultura, a su cuerpo, a su sexualidad, al trabajo, a disponer de su propio dinero, confiado a padres y esposos, y a manifestarse como eran.

    La posguerra les arrebató su juventud y su libertad, muchas fueron encarceladas y torturadas durante la dictadura, socializadas por una maquinaria franquista que las quería subordinadas al hombre, alejadas de la vida pública y ligadas exclusivamente a las tareas domésticas, al cuidado de los hijos y a la satisfacción del marido, y sometidas, porque les impusieron que habían nacido para vivir sumidas al hombre. (“La vida de toda mujer no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”, Pilar Primo de Rivera).

    En definitiva, mujeres destinadas a vivir su cotidianeidad en los espacios íntimos, privados o semipúblicos, en el hogar y en el núcleo familiar, sin dejar de prestar su importante contribución al trabajo productivo y la economía doméstica. Tal como planteaba Mary Wollstonecraft, una estrategia social que permitiría a los hombres mantener su hegemonía, fundamentar el discurso de la domesticidad y constreñir al sexo femenino dentro del ámbito familiar

    Esas mujeres fueron las madres de las que en los años 60 y 70 pudieron acceder a las Universidades; pero para ellas ya era tarde, seguían siendo amas de casa y, en el mejor de los casos, peluqueras, vendedoras u otros trabajos propios de mujeres, siempre cargando con la doble jornada y el acostumbrado sometimiento, y tantas, con la violencia de género integrada, como condición inherente, normalizada socialmente.

    También fueron ajenas a las teorías feministas que surgieron a finales de los 70, a la identificación del patriarcado como causa de la opresión femenina y a la conciencia de lucha feminista común, independiente de la clase social, raza o postura política. Por lo general, se mantuvieron al margen, aunque sufrieron si sus hijas se significaban en algún aspecto de la lucha. 

Con la Transición no cambió mucho la vida para estas mujeres, si bien, el feminismo fue abriéndose camino, fueron abriéndose los ojos, las miradas sororas, la necesidad de compartir entre compañeras.

    Avanzado el tiempo, todas fuimos ganando derechos, pero siempre con esa pátina de desigualdad que hoy en día se mantiene, micromachismos impuestos y autoimpuestos. Salarios inferiores, techo de cristal.

    La llegada de la crisis de 2008 motivó que tuvieran que compartir sus exiguas pensiones con hijos y nietos, volviendo a ocuparse de ellos, proveyéndoles de nuevo, cediéndoles sus sueldos y pasando a servir como cuando eran niñas: lavar, cocinar, limpiar, cuidar… y contentas, porque podían hacerlo, porque podían seguir siendo útiles, una situación que dejó a gran parte de estas mujeres agotadas, doloridas aunque no vencidas.

    Tras un momentáneo alivio, llega el CoVid-19, sorprendiéndolas en residencias, tratadas por el virus como si fueran un excedente, un material sobrante no reciclado. Más longevas que sus parejas, aisladas en habitaciones, sin más comunicación que un teléfono a mano, si han tenido a quien llamar, encerradas en lugares donde han muerto en grupo, donde han vivido la mayor de las tragedias, la muerte, pasando de ser humano a ser una baja más, en la más absoluta soledad, sin despedida alguna posible.

    Sin embargo, sabemos que muchas han salido reforzadas, como lo han hecho siempre, crisis tras crisis. Han aprendido ahora lo que es una videollamada o a manejar una red social, las nuevas tecnologías como herramienta que les da la cercanía que tienen prohibida.

    Y como han hecho a lo largo de su existencia nos han devuelto mucho más de lo que les hemos dado. Nos siguen enseñando, mostrándonos que la vida se puede vivir de muchas maneras, incluso cuando no te dejan vivirla, porque con los recursos que tengas a mano siempre se puede luchar por tu propia dignidad.

    WOLLSTONECRAFT, M.: Vindicación de los derechos de la Mujer, Madrid 1994.
    DOMINGO, C.: Coser y Cantar. Las mujeres bajo la dictadura franquista, Barcelona. 2007.

    AITZIBER URTASUN PINEDA

    CARMEN CHACÓN

    Toni. Contigo desde 1936. Detalle
    Resiliencia. Detalle

    CLARA ROSSY

    ELVIRA MARTOS

    Reflexión. Detalle
    Pili y Carmela. Detalle

    FLORENCIA KETTNER

    GERTRUDIS RIVALTA

    Sacrificio. Detalle
    Puntadas de Ausencia y Luz. Detalle

    IRIS G-MERÁS

    ISABEL CHIARA

    Casa Sabina. Fotograma.
    1928 - 2020. Detalle

    ISABEL FLORES

    JULIA MARTÍNEZ

    En una vida hay muchas vidas. Detalle
    Simona. Detalle

    LAIA NOAL

    LOLA EIFFEL

    Dolores. Detalle
    Bernarda. Fotograma.

    MARÍA ORTEGA

    MERCEDES BAUTISTA

    ABCDE. Detalle
    De tripas corazón. Detalle

    NEVES SEARA

    NURIA LAGO

    Carta a mi otra abuela. Detalle
    Sempre ás Escuras. Detalle

    PRADO R. VIELSA

    REBEKA ELIZEGI

    para mirar y no ser vista. Detalle
    Señora de nadie. Detalle

    ROCÍO BUENO

    RUTH LODEIRO

    Legado Resiliente. Fotograma
    Hogar, dulce hogar. Detalle

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