miércoles, mayo 25, 2022

ISABEL FLORES. “En una vida hay muchas vidas”

En una vida hay muchas vidas.

73 x 170 cm.

Tela e hilo sobre madera.

2020

 

La retícula calculadora, opresora, con poca posibilidad de variación se rompe siguiendo la forma de un azulejo encontrado en una vieja casa abandonada. El vacío que deja esa forma es reconstruido, metafóricamente, la herida es cosida o las vidas se unen con hilos de un color vivo, alegre y enérgico, de manera irregular, flexible y con errores que dejan de importar y pasan desapercibidos.
Esta es una obra creada en casa que une a tres generaciones de mujeres, puede que cuatro. Nunca la conocí, ni ella a mí, Isabel, como yo.

La abuela hacía limonada casera para todo el pueblo, la vendía en el quiosco, en el parque, en el mismo sitio donde en verano vamos a tomar una granizada de limón natural después de trabajar. También vendió helados, contaba cuentos, cosía, le gustaban las manualidades. Se compró una tejedora y fue a hacer un curso a Madrid, algo tan normal ahora parecía un gesto de progreso en aquel momento. Se alojó en casa de uno de sus hijos, cinco, pronto cuatro, y dos hijas.

De esa tejedora salieron varios jerséis, se fue pronto, cáncer, pero se fue haciendo sonreír a las mujeres que la acompañaban. Su máquina de coser, alfa, es ahora de mi madre. Mamá se compró una tela azul marino con una retícula pequeña, inamovible, comprimida, quería hacer una falda, aún estaba soltera, me cuenta. Guardó la tela en una caja y la caja en el desván, prefiere los vaqueros y la libertad, y la felicidad.

He llegado estos días de cuarentena a desempolvar cajas y revolver telas. El proyecto de falda se ha convertido en proyecto de arte, la máquina de coser en herramienta para pintar con hilo y mi madre, no muy convencida de entender lo que hago, pinta (o cose) conmigo, como cuando de pequeña nos sentábamos a dibujar, como cuando de pequeña se sentaba con la abuela a dibujar.
“En una vida hay muchas vidas, me decía mi abuela”, me dice mi madre cada vez que hay un cambio.

Isabel Flores

Isabel Flores nos transporta con su estudio del ornamento al espacio íntimo y familiar.
Gracias a la experimentación a través del arte textil, recorre una historia que une a tres generaciones familiares puntada a puntada.

A través de de una antigua máquina de coser y de un trozo de tela heredados, nos cuenta la evolución del camino de tres mujeres a lo largo de tres épocas, unidas por el mismo propósito de salir adelante.

La máquina de coser actúa como leit motiv en sus vidas: primero como

símbolo de una incipiente emancipación, segundo como una posibilidad de elección, y tercero como una revisión del pasado y apertura a nuevas posibilidades.

La herramienta que utiliza Isabel Flores para realizar esta obra es la máquina de coser, reivindicando, además, la costura como un acto creador, tradicionalmente relegado al ámbito doméstico y femenino. Una de las pocas alternativas, tras el velo de lo cotidiano, que han tenido las mujeres para desarrollar su creatividad y situarse en el mundo como creadoras.

Laura Pinillos

Isabel Flores fue presentada en la VI edición por Laura Pinillos Villanueva

LEER

 

Isabel Flores (Extremadura, 1989) se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla (2013) tras haber recibido formación en la Universidad de La Laguna, S.C de Tenerife y la Universidad Mimar Sinan Güzel Sanatlar de Estambul, Turquía. En 2014 cursa el Máster en Arte Contemporáneo, Creación e Investigación en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra y se traslada en Berlín, donde reside y trabaja en galerías de arte y proyectos culturales hasta establecerse en Madrid en 2016 para cursar el Máster en Formación del Profesorado en Artes Plástica y enseñanza de Idiomas.

Su obra ha sido mostrada en festivales de arte como DINAMO (Cáceres, 2018) o MULAFEST en Femenino (IFEMA, Madrid, 2018), así como exposiciones colectivas como Eso Sigue su curso (Museo de Pontevedra, 2014) o Das Blaue von Himmel versprechen -to premies the moon- (Kunst am Spreeknie, Berlín, 2015), e individuales como Ad Infinitum (Belleartes, Cáceres, 2019) o Pattern to Abstraction (Art Mustang, Elche, 2019).

En 2018 recibía los Premios Quintas por su exposición Retorno en Azul, (Quinta del Sordo, Madrid) y las Ayudas a Artistas Visuales de Extremadura (Junta de Extremadura). En 2019 fue la artista seleccionada por Art Mustang para la Beca Puenting (Mustang, Elche, 2019).  En 2020, ha sido seleccionada para exponer en Hybrid Art Fair durante la semana del arte de Madrid.

Actualmente Isabel Flores reside en Extremadura y continúa su formación en el programa de Doctorado en Creación e Investigación en Arte Contemporáneo de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra en la línea de investigación: La pintura en el campo expandido. Aperturas y derivas de la pintura contemporánea, donde continúa desarrollando su proyecto artístico.

 Web

Isabel Flores, en tercera persona.

Os dejamos un pequeño extracto del texto con el que la gestora cultural y codirectora de Festival Cohete Laura Pinillos Villanueva presentó a Isabel Flores en la VI edición online Mujeres Mirando Mujeres con su serie «Puerperio.»

Isabel Flores destaca por el enfoque original de su trabajo, cuyo objetivo principal, la reivindicación y dignificación de lo decorativo y lo ornamental en el arte, no se suele plantear como uno de los propósitos más extendidos dentro de la creación contemporánea.

Este carácter decorativo del arte comenzó a verse como una característica denostable dentro de la creación artística desde los preceptos del arquitecto Adolf Loos (Ornamento y delito, 1908) y más tarde dentro del arte contemporáneo, en el que el ornamento se considera algo más propio de las artes aplicadas y de los espacios domésticos. Sin embargo, Isabel Flores reivindica esta capacidad y la lleva por bandera en su trabajo.

… es una exploradora y una coleccionista de motivos decorativos en constante búsqueda de nuevos hallazgos que incluir en sus proyectos.

Adentrarse en su trabajo no es conocer sólo la obra de esta magnífica artista, sino descubrir el trabajo de otros muchos que antes que ella, y de forma anónima, contribuyeron a crear el imaginario de la historia del arte colectiva, no gracias a las obras más emblemáticas, pero sí a través de esos pequeños detalles que visten y decoran la arquitectura de todos los tiempos, la vestimenta o los objetos de uso cotidiano que nos narran la historia de las culturas.