ALBELEY RODRÍGUEZ mirando a KASUMI IWAMA
Kasumi Iwama (Oita, Japón, 1989) es una artista visual y activista. Actualmente reside en Quito, Ecuador. Sus aproximaciones, desde la fotografía, la performance y las instalaciones, exploran posicionamientos feministas, los efectos de la globalización, y las tensiones culturales desde su experiencia de artista mujer japonesa, viviendo fuera de Japón.
¿Cómo se transformó tu práctica artística al migrar a Ecuador y cómo volvió a mutar al habitar la maternidad siendo extranjera? Para ti, ¿Cómo se compaginan los espacios de creación simultáneamente con los espacios de cuidado en la situación de artista madre migrante?
Al migrar a Ecuador creo que empecé a experimentar con varios medios con los que no había trabajado antes para expresar mis ideas, porque antes, principalmente, dibujaba, pintaba y hacía cerámica.

Kasumi Iwama. Hello Kasumi. Cerámica y yeso. 154 cm de altura (estatura de la artista). 2015

Kasumi Iwama. Hello Kasumi. Cerámica y yeso. 154 cm de altura (estatura de la artista). 2015
En Ecuador, como no tuve todas mis herramientas y no sabía dónde ir para hacer ciertas cosas, antes de tener más contactos y amigas, yo tenía que buscar lo que pudiera para llevar el concepto hacia algo visual.
Creo que ahí empecé a experimentar más con fotografía, performance, videos, que son medios que antes no usé tanto.
Siempre me interesó trabajar con la identidad, mi propia identidad, como punto de partida. Porque, aunque tenemos cada uno nuestra propia identidad, es algo que todos pueden relacionar de alguna manera.
Sobre todo, trabajaba con la dualidad de mi identidad, que es tanto japonesas como gringa. Aunque mi nacionalidad no es gringa, pero, como he vivido muchos años allá y mi formación clave, de niñez y de los años de universidad —estas etapas muy importantes de la vida, las pasé en Estados Unidos— entonces yo diría que soy tanto japonesa como culturalmente estadounidense. Usé esta experiencia de tener una identidad dentro de una cultura que privilegia ciertas otras identidades, como ser blanca. Entonces yo, por eso, trabajé esas experiencias como punto de partida.
Sin embargo, Ecuador es otro contexto y es otra forma de pensar la identidad.
Tener esta experiencia de que me pongan en una caja de una artista japonesa, [me hace] intentar entender cómo me ven aquí. Es interesante y diferente de cómo me ven en Japón o en Estados Unidos.
En Ecuador ha [significado] entender mi propia identidad a través de [estas] otras miradas que tengo acá y que no tengo en los otros lugares [donde he vivido].
Sobre todo, ser asiática en un país donde no hay muchos [asiáticos], ha sido difícil en los primeros años, porque siempre me sentía, y me sigo sintiendo, un poquito, que en cada espacio [al] que voy, que soy la única persona asiática y a veces no me gusta. Me invitan a ir a un evento, una charla… Y, a veces, tengo dudas, porque me cansa ser la única persona asiática y recibir las mismas preguntas y explicar las mismas cosas. En los Estados Unidos había un montón de asiáticos, no era algo tan raro. Esa experiencia es algo nuevo que también ha generado muchas otras perspectivas en mí misma.
Ahora me siento más arraigada en Ecuador, no me siento tan extranjera como antes. Creo que también esa etapa de mi vida [ha cambiado al] estar aquí ya casi 10 años. Sigo siendo extranjera, porque sigue habiendo exigencias legales, pero en la vida cotidiana ya no me siento tanto como extranjera y me interesa ver cómo eso va a representarse en las obras que voy a hacer de aquí en adelante.
Yo creo que la maternidad me ha dado algunos retos de logística, del día a día, cómo voy a hacer esto, cómo voy a hacer aquello y, especialmente, como no tengo familia acá y no tengo este apoyo, que muchas personas sí tienen… No tener está red económica de la familia y física, que vengan a ver a Zoe un ratito, ha generado ciertas limitaciones sobre ¿a dónde puedo ir?, en ¿qué puedo hacer? ¿cuánto tiempo voy a tener para hacer cosas? Por eso mi práctica cambió en el sentido de que no estoy pensando en una obra, sino que cada día es como coleccionar cosas que quizás van a hacer obras en el futuro. Escribir ideas muy cortas, algunas frases que quizás me servirán. Materiales, como, no sé: la ropa de Zoe; mi placenta; las pastillas de placenta que me tomaba… Como no tengo mucho tiempo para pensar en el contexto, en el marco teórico y esas cosas, las estoy coleccionando en mi vida cotidiana, para que me sirvan en el futuro, esperando que estos fragmentos tengan sentido en el futuro.
Háblame de los proyectos y lenguajes artísticos que se insertan en este proceso de madre migrante.
En cuánto a lenguajes artísticos, tuve que ampliar bastante mi propio entendimiento de lo que es hacer arte, porque no tengo tiempo, no tengo recursos, no tengo energía. Para mí, [ahora], ha sido más como crear redes, gestionar proyectos, no necesariamente es ponerme a hacer obra en el sentido de producción, sino gestionar proyectos artísticos dónde no estoy haciendo la obra en sí, pero estoy gestionando exposiciones o charlas. Por ejemplo, en este proyecto [Hilos que luchan] con Andrea [Rojas Zambrano] y Diana [Gardeneira] que hice, cuando nos fuimos a Japón a hacer una serie de talleres, charlas y exposiciones, para hacer un intercambio entre feministas y artistas de Ecuador y Japón. Ese fue el proyecto más grande que hice después del nacimiento de mi hijo. La verdad empezamos antes, sacando fondos, pero la realización del proyecto fue entre 2022 y 2024. Y Zoe nació en marzo de 2022.

Kasumi Iwama, Andrea Rojas Zambrano y Diana Gardeneira. Hilos que luchan (Talleres, exposiciones y participación en Simposio, Japón). 2024.

Kasumi Iwama, Andrea Rojas Zambrano y Diana Gardeneira. Hilos que luchan (Talleres, exposiciones y participación en Simposio, Japón). 2024.

Kasumi Iwama, Andrea Rojas Zambrano y Diana Gardeneira. Hilos que luchan (Talleres, exposiciones y participación en Simposio, Japón). 2024.
Ese proyecto también me dio la oportunidad de llevar a Zoe a Japón, para que pudiera conocer a su familia allá. Y creo que, como madre migrante, esto es un tema muy grande: poder visitar a mi familia con mi hijo y seguir haciendo obra. Es como estar siempre intentando aprovechar todo: Si esta oportunidad me da chance de ir a Japón con Zoe, lo hago. Las prioridades tuvieron que cambiar. Pero tenemos que mantener un pie en el mundo del arte, porque si salimos totalmente, es muy difícil entrar otra vez. Entonces hago las cosas que puedo para tener un pie adentro, con mi tiempo con mi energía.
Tengo algunas obras qué tienen que ver mucho con la realidad económica de maternar y estar embarazada, sobre todo. Porque para mí la experiencia no fue mágica, como para poder reflexionar o poder pensar en el futuro, sino que fue sobrevivir cada día para poder pagar los gastos de salud. Y de esa parte nadie habla, de cuánto costó, cuánto cuesta un parto. ¿Qué pasa cuando hay en emergencias? ¿Cuánto tienes que gastar en esto?
Entonces hice una obra de video de mi barriga creciendo, tomada entre varias semanas del embarazo. Para poner esa imagen, que es una imagen de ternura, ver la barriga creciendo, poner la crema cada noche, que es la imagen romantizada del embarazo que difundimos muchas veces. Y encima de estos videos, puse un audio de mi voz propia, leyendo todos los gastos que tuve durante el embarazo: cada chequeo de rutina, cada pastilla que tuve que comprar… Al final tuve una cesárea de emergencia. ¿Cuánto costo esto? al final fueron 7700, casi 8000. Creo que fue más. Los cálculos quizás no son tan precisos. Pero de lo que pude registrar, porque intentaba registrar cada dato (no para hacer obra, sino para mí misma, para saber cuánto estoy gastando, cuánto necesito). Entonces, [el video tiene en] el audio todos estos gastos. La imagen que vemos de la barriga creciendo, poniendo la crema… la pongo en contraste con la parte económica de la que nadie habla nada (Nadie habla de sueldos, esas cosas son muy tabú, de cuánto cuesta tu arriendo… es muy difícil de preguntarle a alguien, aunque todos queremos saber).

Kasumi Iwama. Gestos y Gastos. Video monocanal. 00:08:24. 2024.
Y también tengo otra obra. Quiero hacer algún diseño, incorporando la cicatriz de mi cesárea. Porque la cesárea suele ser vista como “¡ay! qué pena que no pudiste tener un parto natural”, “que no tuviste esa experiencia de dolor”. Porque, no sé qué tan común es aquí, pero en Japón —antes se decía más—, se dice que “necesitas ese dolor para convertirte en mamá”. Y ahora muchas personas preguntan y entonces el papá ¿en qué momento se convierte en papá? Él nunca tiene dolor.
Sí, hay esa creencia de que el parto natural te hace mamá.
Para mí la cesárea no fue una experiencia tan religiosa. Pero tener la cicatriz, aparte de ver a mi hijo vivo, es otra forma de comprobar que tuve un parto. En el parto natural no hay esa cicatriz clara y grande. Entonces, tengo esta cicatriz que comprueba que sí tuve un bebé. Me gustaría tomar una foto de la cicatriz y desarrollar un diseño para hacer un tatuaje, no para taparla, sino para enfatizar que tengo una cicatriz allí.
¿Tuviste chance de pensar como artista el hecho de que ibas a ser mamá sin tu familia, sin tu lugar de origen, en el momento en el que ibas a tener a Zoe?
Yo no estaba pensando mucho antes de que nazca Zoe por temas técnicos. Por ejemplo, pensaba ¿y si me voy a Japón para dar a luz? ¿cómo podemos probar que es ecuatoriano? Porque no yo no estaba casada legalmente en Japón con el papá. Entonces decidí dar a luz en Ecuador, porque así él consigue su nacionalidad ecuatoriana. Pero en el momento posterior al parto yo casi me morí, por una hemorragia, y después de esa experiencia yo estaba preguntándome ¿y si me hubiera muerto? Ni mi mamá, ni mi hermana están en contacto con la familia del papá de Zoe. Entonces, ¿Cómo iban a comunicar que yo había muerto?
Cuando tuve un poquito más de tiempo pude pensar en el trauma de todas esas cosas, aunque llegó mucho más tarde. Pero hasta ahora no he tenido tiempo de pensar en esa experiencia. Porque cuando Zoe nació él no dormía. No durmió durante dos años.
Desde tu lugar como artista japonesa, que también es mujer, madre, migrante, ¿Cómo conviertes la creación en agencia y afirmación frente a la persistencia de la precariedad y la invisibilidad?
No sé, porque apenas puedo crear. Ahora sí puedo pensar un poco en crear. Pero si tenemos que seguir haciendo obras sobre la maternidad, sobre el embarazo, sobre la crianza de los hijos, porque si nosotras no lo hacemos, nadie lo hará. No he visto que haya hombres que hagan un cuerpo de obra sobre paternidad. Pero, además, si lo hacen, dirán que ¡es revolucionario! Si yo hago obra sobre mi maternidad, no es tan especial.
Creo que tenemos que seguir haciéndolo, específicamente hablando de la maternidad, porque en el mundo de arte no nos ayudan mucho. No solo en Ecuador, en Japón también. [Por ejemplo], esas convocatorias que tienen la edad límite de 35 años para aplicar. Es una locura, es absurdo. Yo no he podido hacer nada desde el embarazo [cuando tenía] 32 años hasta ahora. Cinco años en los que no pude hacer nada.
Y creo que, como tema social, la maternidad no es vista como algo universal. Aunque lo sea. La maternidad suele ser tratada como algo que no todos pueden entender. Pero, por eso mismo, hagamos obras.
Antes de ser mamá, en 2018, realizaste una performance que quedó registrada en una serie fotográfica que interseccionaba tu experiencia como migrante asiática en Ecuador con el machismo, cierta xenofobia y racismo en este país. ¿Puedes hablarme más detalladamente de este trabajo?
Este trabajo fue una de las primeras obras que hice en Ecuador. Porque, en ese momento, experimentaba mucho acoso en la calle. Sobre todo, esas frases como “chinita”; “nihao”, y a veces, cosas más raras como “Dios te bendiga”. Esto me puso a pensar: ¿Por qué me están diciendo estas cosas? Porque al inicio, yo estaba intentando entender. Veía que no era agresivo ni grosero. Intentaba distinguir entre ¿Qué es acoso? y si era solo un saludo. Yo me di cuenta de que, si quiero saludar a alguien, yo no trato de adivinar de dónde es. Yo digo “hola”, porque estamos en Ecuador y, probablemente, todos entienden “hola”. Allí me di cuenta de que no quieren saludarme, quieren acosar. Me di cuenta de que es una forma de decir “te veo, y veo que eres diferente, y lo voy a señalar”. Me sentía muy rara en mi cuerpo en ese momento, porque, como siempre, soy la chica diferente para todos en la calle, en cualquier restaurante. Y vivir como que mi cuerpo está dictando mi vida. Obviamente, en los Estados Unidos sentía esto también, ser asiática en un país donde… Bueno, incluso en Nueva York, que somos muy diversos en esa ciudad, ser blanca es “el tipo”, aunque es la minoría. La mayoría somos de color. Pero era diferente porque por lo menos yo hablaba el idioma. Acá si me siento totalmente extranjera. Y la primera vez en mi vida que sentía que ser asiática… tener este cuerpo, estaba dictando cómo voy a vivir y cómo me ven. Como me traten es como voy a vivir. No puedo controlar cómo me tratarán. Quizá fue la primera vez en mi vida que sentí que no tengo control de nada, ni de mi cuerpo, ni de la percepción que las otras personas tengan… Y sentí que a veces no importa cómo te sientes por dentro, porque lo que ven afuera, es la información que la gente tiende a analizar para saber cómo tratarte.

Kasumi Iwama. Si fuera china ya lo sabría. Fotoperformance. Dimensiones variables. 2018

Kasumi Iwama. Si fuera china ya lo sabría. Fotoperformance. Dimensiones variables. 2018
¿Hay alguna pregunta que te hubiera gustado que te hiciera?
Si, he recordado que la maternidad se discute bajo la premisa de que se trata de una elección. Justamente porque es un lujo ahora tener hijos. Creo que cada vez más estamos hablando de la maternidad como una elección: “tu decidiste tener un bebé, en esta economía, tú lo resuelves, como profesional, como artista. Si tienes años en los que no podrás trabajar, es tu decisión”. Y, en ese sentido, como si fuera un problema individual, pero justo por eso, muchas mujeres han dicho, “entonces no, no quiero bebés. Nunca en mi vida voy a tener un bebé”. Y esto globalmente es un “problema” social.
La tasa de natalidad indica, por ejemplo, que la población de Japón va a desaparecer. Y, cuando hay falta de maternidad, es un problema social, pero cuando estás en la maternidad es tu problema. Cuando las mujeres dicen colectivamente, entonces no vamos a tener hijos, se convierte en un problema social y todos tenemos que colaborar, pero en el momento en el que tienes el hijo, ya no es un problema social, sino que tienes que resolverlo tu misma y si la vida no va como quieres, te dicen: “bueno, pero tu decidiste tener el bebé”. Y esto está asociado con el mundo del arte también. Como al poner esa regla de los 35 años. Creo que detrás de esto, también existe esta mentalidad de que lo que hagas en este tiempo es tu problema. En el mundo del arte, por más progresistas que quieran creerse, creo que si tienen estas mismas ideas misóginas.
Albeley Rodríguez. Bio MMM.
Kasumi Iwama. Bio MMM.



