jueves, diciembre 2, 2021

    Elvira Martos «Lo que realmente busco como artista es crear y fomentar conexiones».

    GEMA ALBORNOZ mirando a  ELVIRA MARTOS

    Elvira Martos es artista visual, licenciada en Bellas Artes, en la especialidad de pintura por la Universidad de Sevilla. Se traslada a Italia para continuar sus estudios artísticos y posteriormente, a Australia, donde trabaja y participa en diversas exposiciones y proyectos artísticos.

    Además, forma parte de Salto al reverso, blog, editorial y comunidad poético-artística de hispanohablantes de múltiples países. Allí ha sido nombrada Autora destacada. Un proceso durante el que sus obras obtienen una atención preferente ante los visitantes del blog. E incluso nos presenta un vídeo sobre una de sus obras.

    Elvira Martos se interesa, a través de su obra y su carrera, por la belleza más genuina y rutinaria. Una belleza que puede encontrarse en cualquier parte. Sus protagonistas siempre se destacan por ser gentes en escenas de la vida diaria. Protagonistas con los que nos podríamos confundir en cualquier momento. De esta forma, destaca mediante la fluidez de sus pinceladas cómo la belleza se esconde en los colores y composiciones en las calles, autobuses, en una habitación cualquiera. O cómo esos componentes, de cualquier instante, que no pueden ser fotografiados como las sensaciones, los olores o incluso, los sonidos están presentes.

    Actualmente, centra su investigación pictórica en la relación entre sociedad, contexto, familia y su influencia en la conformación de la personalidad del individuo. Sus pinturas son coloristas y expresivas, el reflejo de diferentes realidades, donde el ser humano es protagonista absoluto. Destaca el papel de la mujer en su obra y el uso de lo cotidiano para abordar y reflejar circunstancias y problemas actuales.

    Guerra fría. Serie Andalucía. Acrílico sobre lienzo. 62 x 77cm, 2019. © Elvira Martos.

    Guerra fría. Serie Andalucía. Acrílico sobre lienzo. 62 x 77cm, 2019.

    Su serie King Cross, inspirada en el barrio del mismo nombre, la ha llevado a salas expositivas de Australia. Allí nos presenta un barrio con una multitud de nacionalidades y contextos. Donde sus personajes son capaces de llorar, cambiar, festejar, soñar. Donde los colores, olores y sonidos son protagonistas. Donde a cada personaje le acompaña su propia historia. Así, crea un conjunto de obras singulares acerca de la majestuosa diversidad y riqueza del barrio.

    «Lo que realmente busco como artista es crear y fomentar conexiones».

    Cuando le pregunto por el arte, siempre me lo pone en mayúscula, como cualquier nombre propio de persona, de cosa o ese país donde habitar. Os dejo con su entrevista.

    Para quienes no te conozcan, ¿quién es Elvira Martos?

    Soy una artista española que se vale de la pintura y de la figura humana como elemento protagonista de su obra.

    Me interesa el Arte como medio de comunicación y principalmente por su faceta empática. Mi obra se basa en la búsqueda de diálogo entre las emociones básicas (del artista, del retratado y del espectador) generando conexión y reconocimiento mutuo.

    Mercado de Ubud, Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 139 x128 cm, 2019. © Elvira Martos.

    Mercado de Ubud, Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 139 x128 cm, 2019.

    De todas las expresiones posibles, ¿por qué te interesaste por el arte? ¿Por qué pintas?

    Siempre he tenido la sensación de que el lenguaje verbal es muy limitante. Considero que hay muchas cosas que sentimos, observamos, pensamos o experimentamos que no se pueden expresar con palabras. De la misma manera que incluso hay palabras que no se pueden traducir de un idioma a otro, o conceptos que siquiera existen en una lengua u en otra. El lenguaje humano es imperfecto y bastante dependiente de su contexto cultural. Pero en cambio, me gusta pensar que podemos escuchar una canción y, sin importar la época en que fue escrita, su contexto, la biografía personal del cantante, o sin que se entienda el idioma o su contenido; sea capaz de hacernos sentir tristes si es una melodía melancólica, o podamos advertir que es un tema alegre; e incluso, posiblemente nuestro estado de ánimo se vea arrastrado a sentirse en sintonía con la canción.

    «Mediante el Arte, podemos dialogar en base a esas emociones para las que no compartimos idioma».

    Entiendo el Arte como un lenguaje completamente universal y atemporal. Y en mi caso, la pintura es la mejor manera tanto de conectar conmigo misma, como de transmitir y comunicar de la forma más honesta y directa.

     Vía Valsolda 169, Serie Roma. Acrílico sobre lienzo. 81 x 100 cm, 2016. © Elvira Martos.

    Vía Valsolda 169, Serie Roma. Acrílico sobre lienzo. 81 x 100 cm, 2016.

    Demencia senil, feminismo, imaginación infantil, rutinas en autobuses, mercados o habitaciones. ¿A qué se debe que te centres en este tipo de temáticas?

    Como decía, lo que realmente busco como artista es crear y fomentar conexiones. Creo que en la actualidad vivimos una gran crisis de empatía. Y para mí, la empatía es fundamental; la entiendo como la máxima cualidad humana e imprescindible para conseguir una sociedad más justa y sana. Mis pinturas retratan a personas de diferentes partes del mundo, que están realizando tareas que nos resultan familiares. Me interesan los temas, escenarios y personajes ordinarios (ancianas seniles, niños jugando, hombres haciendo la compra, calles o mercados llenos de gente) que puedan hacernos sentir reflejados o reconocernos en circunstancias o realidades totalmente ajenas. Y crear, gracias a la cotidianidad, esa conexión y afinidad entre retratado y espectador.

    Harajuku. Serie Tokio. Acrílico sobre cartón pluma. 84 x 60 cm. 2018. ©Elvira Martos.

    Harajuku. Serie Tokio. Acrílico sobre cartón pluma. 84 x 60 cm. 2018. ©Elvira Martos.

    Me atrae la psicología social, y me resulta fascinante la teoría neurocultural de las emociones, de Paul Ekman. Ekman realizó varios estudios que concluyeron que la manera en que expresamos facialmente nuestras emociones no son determinadas culturalmente, sino que son universales, y que, por tanto, tienen un origen innato. Además, enumeró las seis emociones que consideraba comunes: alegría, tristeza, asco, ira, miedo y sorpresa. Por ello, las series de cuadros son de lugares diferentes geográficamente. Me gusta pensar que, si conseguimos obviar el contexto cultural, las vestimentas, ámbito familiar, construcciones sociales, idiomas, rasgos físicos, etc., todos compartimos unas emociones y miedos primarios, sólo por el hecho de ser humanos. Y que, mediante el arte, podemos dialogar en base a esas emociones para las que no compartimos idioma.

    «Todos compartimos unas emociones y miedos primarios, sólo por el hecho de ser humanos».

    ¿Cómo es tu proceso, desde que piensas en una idea hasta que toma forma en un cuadro?

    En los últimos años, mis pinturas se han ido organizando en series referentes a las diferentes partes del mundo que las han inspirado (Sídney, Ubud, Tokio, …). Así que supongo que el primer paso ha sido siempre trasladarme a esas zonas. Es imprescindible que viva o presencie las escenas que pintaré. Y que tome mis propias fotografías que luego me sirvan como modelo.

    Cuando cojo los pinceles y acrílicos, es casi la parte más fácil. Sólo tengo que “vomitar” todo lo que tengo ya he presenciado y he interiorizado. El fin es el de recrear la atmósfera del lugar y ser capaz de jugar con los colores propios de la zona, que se puedan intuir los olores del mercado, la temperatura sofocante de una habitación, el caos, la tranquilidad del templo, la relación con la naturaleza en el caso de Bali, o las miradas cómplices sin tapujos en Andalucía… Y esto hace que cada serie sea muy diferente y única.

    «El sentido que yo quiero comunicar es que no tiene importancia la persona en sí que aparece en la pintura, sino la realidad cotidiana que representa».

     A golpe de pincel, estos protagonistas con vidas cotidianas tienen un rostro difuso y mil posibles, ¿por qué esos rostros?

    Está comprobado que en general, aquello que primero nos llama la atención al mirar un cuadro son los rostros, y en concreto los ojos. En mi caso, no quiero que las pinturas sean simples retratos y definitivamente me interesa más la parte expresiva que la pura técnica. Resalto, perfilo y enfoco aquello que me resulta principal y abandono el resto. Muchas veces, aparecen zonas del cuadro difuminadas o directamente inacabadas. Y esto también ocurre con algunos rostros. El sentido que yo quiero comunicar es que no tiene importancia la persona en sí que aparece en la pintura, sino la realidad cotidiana que representa. Cada obra se centra en la individualidad del retratado, para poder describir y analizar la colectividad. Existe una esencia básica en el hecho de ser humanos, que nos conecta y nos une.

    ¿Qué es lo que no puede faltar en tus obras?

    Aparte de todo lo ya nombrado: el ser humano como retratado, el día a día como escenario, y el foco y contraste entre zonas muy perfiladas y otras inacabadas; creo que tal vez lo más llamativo sean los colores. La comunicación emotiva del color es fundamental en mi trabajo. Me atraen los espacios vibrantes dónde el color es el protagonista. El color conflictivo, puro, compitiendo por protagonismo y atención del espectador.
    Y me encuentro muy a gusto con un trazo, delineado y mancha pictórica, expresionistas. Encuentro la mancha llena de carga simbólica y, junto con el color, capaz de trasmitir sensaciones, conceptos abstractos y de crear atmósferas.

    «Es imprescindible que viva o presencie las escenas que pintaré. Y que tome mis propias fotografías».

    ¿Hay algún elemento que se repita constantemente? ¿por qué razón?

    Mis grandes pilares siempre han sido el trazo, el uso de una gama muy personal de colores y la fascinación por el retrato humano. Por el resto, creo que los demás elementos de las obras no son permanentes. Y que, afortunada o desgraciadamente, las pinturas van evolucionando y creciendo conmigo, mientras yo voy también aprendiendo. Cuando no estoy en el estudio pintando físicamente, lo sigo haciendo igualmente de otra manera. Me refiero a que puedo estar formándome, acudiendo a una exposición, admirando la obra de algún compañero, paseando y desconectando o enfocándome en ver cómo las luces, los colores y las sombran se proyectan en la ciudad.

    Me gusta bichear cosas de antropología y todo aquello que pueda aportar profundidad a mi entendimiento del retrato humano. Me interesan los sistemas y las bases de la comunicación, el uso de los colores como elementos comunicativos, intento obligarme a entender algo más el mundo virtual, a estudiar el lenguaje no verbal, la sociología, dialogar, viajar, probar cosas nuevas, jugar y experimentar. Y cada vez que vuelvo al estudio, afronto el lienzo de la misma manera y siempre de forma diversa.

    Háblanos de King Cross.

    Kings Cross es un barrio emblemático en Sidney. Era el distrito bohemio que frecuentaban artistas, poetas e intelectuales de la época, hasta que poco a poco se fue convirtiendo en el barrio rojo y en el más fiestero y nocturno de la ciudad. Hace años que las autoridades imponen leyes incluso exclusivas para la zona y para retomar el control. Puede parecer que su vida nocturna y diurna son de lo más convencionales, pero si te fijas bien, siempre hay una nota disonante. Es una zona muy curiosa donde conviven letreros enormes de showgirls y masajes tailandeses, con nuevos cafés donde hacen brunch, con personajes históricos de la zona como prostitutas, mendigos o porteros de antros que saludan a los policías al pasar, con ludópatas que pasan sus días en las casas de apuestas de la calle principal, con los niños de las nuevas familias que se acaban de mudar y que juegan en los parques dónde todos los mochileros de los hostales cercanos se tumban en el césped, o con los moteros que llegan cada día en sus Harley Davidsons a su bar chino favorito. Y todo lleno de pájaros ibis rebuscando en la basura, que son como sus palomas de aquí.

    Me enamoró ese ecosistema que pende de un equilibrio no muy definido. Y me fascina ver cómo presente y pasado conviven sin pedirse muchas explicaciones. Es un barrio muy vivo, lleno de energía, de color, de ruido, de rincones y de personajes muy peculiares. Y es por eso que casi todos mis cuadros hechos en Australia están enfocados en él. Además, la ciudad de Sídney, mediante uno de sus programas culturales, seleccionó mi proyecto artístico y todos estos retratos de la vida en Kings Cross se transformaron en una exposición individual a la que le tengo bastante cariño.

    «Y me fascina ver cómo presente y pasado conviven sin pedirse muchas explicaciones».

    Actualmente, hay un incremento de mural paintings, además, ha mejorado su valoración. ¿Cuándo eliges esta modalidad?

    Mi impresión es que el mundo del mural y del graffiti es tremendamente generoso. La obra se saca del marco más cerrado del museo, galería, mundo del arte y se comparte con el público de manera muchas veces altruista. Últimamente, cada vez hay más festivales o concursos en los que el mural es el protagonista. O incluso proyectos donde ha sido la propia ciudad aquella que ha destinado espacios o programas específicos para que los artistas se adueñen de sus calles y les den una nueva identidad. Creo que es increíble cómo barrios o zonas totalmente abandonadas o descuidadas recobran vida. Me gustó mucho pasear por Nápoles o descubrir los murales que invaden Lódź en Polonia, dónde se han llevado a cabo iniciativas de este tipo. En mi caso, admiro inmensamente a los grafiteros y muralistas y he de decir que humildemente, no me considero una de ellos. Estudié en la Universidad de Sevilla la especialidad en pintura y después de vivir en Italia, acabé mudándome a Australia. Hasta entonces me había siempre enfocado en la pintura y en el formato lienzo; y fue solo en Sidney cuando empecé a trabajar como muralista y pintora para la agencia Apparition Media. Ellos realizaban obras murales impresionantes por toda la ciudad y fue esta experiencia la que me dio la posibilidad de conocer a artistas urbanos increíbles y sobre todo a aficionarme a este estilo de pintura. Mi técnica se enriqueció y aunque actualmente, ya no hago murales, sé que es algo que ha influido en mi manera tanto de pintar como de abordar un cuadro.

    The Merry Widow. Serie Sydney. Acrílico sobre papel. 64X 53 cm. 2018. © Elvira Martos.

    Cállate, puta, reputa. Serie Sydney. Acrílico sobre papel. 64 x 53 cm. 2018. | The Merry Widow. Serie Sydney. Acrílico sobre papel. 64X 53 cm. 2018. © Elvira Martos.

    ¿Crees que es fácil encontrar una línea de referentes de mujeres artistas?

    Me parece muy interesante el tema de las influencias que todos tenemos. Mi educación artística ha estado siempre llena de referentes masculinos y siempre la clamorosa ausencia de mujeres. Aquellos, mis referentes masculinos, se me pusieron, frente a frente, una y otra vez en clases, conversaciones, libros y museos. Los femeninos tuve que ir a buscarlos yo.

    Al principio, uno puede creer que, si no se te vienen a la cabeza nombres de mujeres matemáticas, pintoras, escultoras, químicas, arqueólogas, ingenieras, físicas, políticas, pilotas, escritoras, arquitectas, cineastas, filósofas, sea porque básicamente no existieron, que se encontraban interesadas en otros menesteres, que preferían dedicarse a sus hogares o simplemente no tenían las capacidades para ello. Pero nada más que se quita el polvo de los libros escritos por y para hombres, empezamos a ver que la mujer ha sido igualmente clave en la Historia general y en la del Arte, en particular.

    Y más interesante aún, es comprobar que aquellas que, a pesar de las trabas, dedicaron sus vidas a sus pasiones-profesiones, fueron primorosamente borradas de los libros. Sus logros no lograron concederles un hueco en la Historia, (con mayúsculas), al lado de los demás nombres masculinos. Es una campaña de marketing magistral: No merece la pena, chicas, dedicaos mejor a lo “vuestro”.

    Elvira Martos en el estudio. ©Elvira Martos.

    Elvira Martos en el estudio. ©Elvira Martos.

    «Mi educación artística ha estado siempre llena de referentes masculinos(…)Los femeninos tuve que ir a buscarlos yo».

    Que en mis libros y clases de la universidad no se nombrara a Artemisa Gentileschi, pero sí a su padre; que alabásemos a Dalí, y ni siquiera nombráramos a Remedios Varo o a Leonora Carrington; se obviara a Claudel mientras se ensalzaba a Rodin; habláramos de Martinez Montañez, pero no de La Roldana, no es algo casual. Y sobre todo, lanza un mensaje peligroso: el lugar de la mujer debe ser justo al otro lado del lienzo, como musa, modelo o prostituta.

    Por eso, creo que es importante que, desde cada rama, desenterremos a nuestras mujeres ninguneadas. Que sean ellas nuestros referentes. Y, sobre todo, que compartamos y nos alegremos de los triunfos de cada una de nuestras colegas profesionales. Que seamos también nuestras propias referentes unas de otras.

    «Y sobre todo, lanza un mensaje peligroso: el lugar de la mujer debe ser justo al otro lado del lienzo, como musa, modelo o prostituta».

    ¿Cómo reivindicas, artísticamente, tu espacio como mujer en el arte?

    Mi proceso pictórico, como expliqué en una de las preguntas previas, comienza con el viaje a la zona a representar.

    Y una de las cosas que más me llamaron la atención al principio fue ver cómo cambia el ideal de belleza femenino de un lugar a otro, siendo siempre éste el contrario a la apariencia de la mayoría de la población.
    En Japón, las modelos que anunciaban cosmética eran siempre chicas con ojos y facciones occidentales; en Tailandia las mujeres de las promociones tenían una piel, absurdamente, clara, y así de zona en zona, iban cambiando los carteles con mujeres de cabelleras claras u oscuras, labios más o menos gruesos, cuerpos delgados o curvilíneos…Pero siempre siguiendo una constante: las mujeres de allí difícilmente podían alcanzar ese ideal de belleza, ellas siempre eran erróneas, imperfectas.

    «Las mujeres de allí difícilmente podían alcanzar ese ideal de belleza, ellas siempre eran erróneas, imperfectas».

    Manoli. Serie Andalucía. Acrílico sobre lienzo. 130 x 100 cm, 2019. ©Elvira Martos.

    Manoli. Serie Andalucía. Acrílico sobre lienzo. 130 x 100 cm, 2019. ©Elvira Martos.

    Y en cada lugar en el que he estado, siempre se observa cómo es absolutamente diferente el papel de la mujer respecto al del hombre. Hay lugares en los que no pude entrar, zonas donde no pasean mujeres solas o códigos de vestimenta y normas de conducta que sólo se aplicaban a nosotras. El título de la serie de cuadros que realicé sobre Bali, hace referencia a la prohibición de entrada en los templos a toda mujer que se encuentre menstruando, ya que, en esos días, se la considera impura y debe alejarse lo más posible de toda vida social. No sólo creo que es importante el hecho de seguir abriendo cada ámbito artístico o profesional y reivindicar una presencia femenina real. Sino que es importante que como mujeres podamos hablar de lo que nos interesa, poner el foco en lo que queramos resaltar y percibir, observar, plasmar o contar las cosas desde nuestro punto de vista.

    «Mis protagonistas no son musas sensuales, sino hermanas y compañeras».

    Además, la protagonista indiscutible de la mayor parte de mi obra es la figura femenina. Todas estas figuras anónimas que me he ido cruzando, han encontrado la manera de acabar siendo retratadas en mis pinturas. Y no son representaciones de realidades ajenas que esperan a ser juzgadas, o evaluadas, sino que, a través de su cotidianeidad, establecen un vínculo con la nuestra, sintiéndonos reflejadas, y reconocidas, como parte de esa gran fuerza femenina que se encuentra mundialmente silenciada. Mis protagonistas no son musas sensuales, sino hermanas y compañeras. Próximamente, presentaré algunos proyecto, como la exposición personal Sol(y)edad en Sevilla, donde el discurso girará en torno a la soledad cálida que acompaña y que se vuelve amiga. Después de vivir tantos años fuera, ha sido un proceso complejo y estimulante el reencontrarme con mi ciudad y con mis raíces y desarrollarlo pictóricamente más allá del folklore y los estereotipos.

    «Es importante que como mujeres podamos hablar de lo que nos interesa, poner el foco en lo que queramos resaltar y percibir, observar, plasmar o contar las cosas desde nuestro punto de vista».

    Buzos (detalle). Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 83,5 x 65 cm. 2019.

    Buzos (detalle). Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 83,5 x 65 cm. 2019. ©Elvira Martos.

    «La protagonista indiscutible de la mayor parte de mi obra es la figura femenina».

    Los mandaos. Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 70 x 86 cm. 2019. ©Elvira Martos.

    Los mandaos. Serie Bali. Acrílico sobre lienzo. 70 x 86 cm. 2019. ©Elvira Martos.

    ¿Algo que te apetezca compartir?

    Pues me gustaría compartir la revista Salto al reverso donde tengo un rinconcillo en el que contribuyo como ilustradora. Es un proyecto cultural y artístico muy interesante en el que colaboran grandes escritores, fotógrafos, poetas e ilustradores de todo el mundo. Y por otra parte, actualmente, estoy enfocada totalmente en la pintura, encerrada en el estudio y preparando y ultimando nuevos proyectos para el año que viene. Pero siempre intento buscar un hueco para poder compartir e ir actualizando en lo que ando metida en mi página web www.elviramartos.com, o en mi cuenta de Instagram @elviramartos.

    © Elvira Martos. Web
    Gema Albornoz. Bio

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