VICTORIA ARRIBAS ROLDÁN mirando a DIANA VELÁSQUEZ

Diana Velászquez. Cortesía de la artista.
Diana Velásquez (Bogotá, 1978) es una artista multidisciplinar radicada en Madrid interesada en cuestiones sociales contemporáneas como la precariedad, la migración, la violencia y las tensiones del consenso social.
Su formación abarca una Licenciatura en Artes Plásticas por la Universidad de los Andes de Bogotá, un Máster en Teoría y Práctica de las Artes Plásticas Contemporáneas y un Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad Complutense de Madrid, además de estudios en gestión cultural.
Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto nacionales como internacionales. Entre ellas destacan Progreso en Proceso en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) y La espera, una intervención site specific para las columnas del Grand Palais de París, con la que se convirtió en la primera mujer artista en tener una individual en este emblemático espacio.
Diana, cuéntanos quién eres y cómo llegas a la práctica artística que desarrollas hoy.
Soy de Bogotá. En la infancia era muy creativa, dibujaba y construía cosas; encontré a través de estas actividades la manera de conciliar y asimilar la emocionalidad de mi contexto social y político. El arte era mi espacio seguro.
Mi PFG Más allá del principio de realidad, trataba sobre la muerte y la violencia como un status quo normalizado en el que solíamos vivir en Colombia entonces. Era una obra abstracta cuyo material principal era la cal, porque es un elemento que acelera la descomposición, usado en contextos de desaparición forzada, realidad con la que crecí.
A los 24 años me vine a vivir a Madrid y al finalizar el máster que realicé, el PFM trató sobre la violencia de género y de ahí pasé a un largo cuerpo de trabajo sobre la situación inmobiliaria. Es así como ese interés por las fisuras con impacto colectivo se fue asentando.
Mi obra siempre ha tratado de asuntos muy actuales que no dan espera y me llevan a proponer preguntas sobre lo que se convierte en cotidiano.

Diana Velásquez. Serie Anidar era otra cosa. 2023. Collage y papel recortado 42 x 30 cm. Cortesía de la artista.
La precariedad, la crisis económica, la vivienda, los desahucios o la desigualdad social son temas recurrentes en tu trayectoria. ¿Qué te lleva a trabajar sobre estos temas y qué lugar ocupan en tu práctica artística?
Me interesa bastante cuestionar la idea de desarrollo y de bienestar ligada al rendimiento porque anula la calidad de vida. Mi obra ahonda en hechos que traducen la precariedad y desigualdad galopantes en las que vivimos. El arte para mí es un sistema de pensamiento y una propuesta de emancipación.
Mi propia historia ha despertado en mí una sensibilidad que el propio devenir social estimula. Esas reflexiones encuentran un cauce a través de mi quehacer; como bien lo dice Mafalda, ‘apenas uno pone los pies en la tierra, se acaba la diversión’, y el arte me permite seguir en órbita.
En el caso de la crisis inmobiliaria realicé varios proyectos que narraban el drama de tantas personas. Hoy el acceso a la vivienda sigue siendo una problemática punzante, irresuelta y urgente porque tanto alquiler como pago de hipoteca suponen cerca del 40% del sueldo de una persona. Para mí ha dejado de ser un derecho básico convirtiéndose en un producto para VIPS.

Diana Velásquez. 2015-2022. Performance en estructura de madera objetos domésticos medidas variables. Cortesía de la artista.
Eres artista colombiana residente en España. ¿De qué manera la experiencia de la migración ha atravesado tu identidad, tu mirada y tu trabajo artístico?
Hay ciertas vivencias relativas a Latinoamérica, que calan profundamente. He visto la miseria, se lo que es la necesidad. Sigo abrazando la magia de que las cosas avancen a pesar del caos y el magnetismo de una sonrisa en alguien que no conoce lo que es una oportunidad. Crecer con ese bagaje es, como poco, formativo. Late en mí, hace parte de mi ADN y me ha permitido ponderar y darle su lugar también a las carencias y complejidades del primer mundo, en el que vivo ahora.
En esa observación curiosa y respetuosa, he hallado en España cabos de mi ADN, trozos de Latinoamérica que conectan ambos contextos, aparentemente tan diferentes. Soy la tercera vía, -la híbrida-, que básicamente es la identidad más común a día de hoy.
De allí surge mi obra, la cual propone una sistema de pensamiento sobre cómo nos situamos y nos definimos en el mundo. Más allá de las cuestiones que abordo en mis proyectos, hay una historia personal que subyace.

Diana Velásquez. L’Attente. 2020-2021. Tinta UVI sobre lona PVC. Medidas variables. Cortesía de la artista.
En tu trabajo confluyen reflexión social, experiencia personal e investigación. ¿Desde qué lugar te posicionas como mujer artista cuando abordas estas problemáticas?
Estoy convencida que la energía yin del quehacer femenino tiene su propia intención y complejidad, cuyo enfoque es esencial y transformador.
En mi obra, la intuición y la empatía son fuerzas vitales que me permiten conectar con vivencias incómodas. Mediante el lenguaje artístico cobran otra forma que les permite conectar con el espectador, sin perder su voz.
Finalmente he abordado temáticas que afectan de forma directa a la mujer como la violencia de género o la inseguridad alimentaria.

Diana Velásquez. Still Video No Quiero Oro Ni Quiero Plata. 2022. Video HD Multicanal. Cortesía de la artista.
¿Qué referentes —artísticos, teóricos, literarios…— han sido importantes en tu trayectoria y cómo dialogan con tus proyectos?
Muchos de mis proyectos me han llevado a conocer personas imprescindibles en la investigación: afectados por los desahucios y profesionales que les apoyaron (psicólogos, abogados, trabajadores sociales), o innumerables mujeres que me encontré en las filas del hambre.
Hablar con gente que piensa lo opuesto a uno, leer, viajar, conectar de manera abierta con el mundo, nutre a la persona y a la artista que hay en mí.
Dentro del circuito artístico, me inspiran muchas mujeres magníficas y que son mis maestras, como las artistas Glenda León, Laura Lío, Regina Jose Galindo, las comisarias Sara Torres y Susana Blas, la crítica Marisol Salanova, -la lista es larga-, quienes además son muy generosas.

Diana Velásquez. En la cola. 2022. Dibujo digital sobre papel encolado a la pared. 2100×250. Cortesía de la artista.
Tu práctica incorpora técnicas y lenguajes diversos, desde el dibujo o la pintura hasta otros procesos más experimentales, donde la manualidad y la construcción directa de la obra tienen un peso importante. En un contexto dominado por la reproducción digital de las imágenes, ¿cómo decides qué materiales o formatos utilizar en cada proyecto?
Parto normalmente de una idea o de algún aspecto no desarrollado en un proyecto anterior y que tiene potencial. En algún momento del proceso la parte formal se decanta. El artista deja que el libre albedrío haga su parte y a eso le añade investigación, experiencia e intuición.
No me siento cómoda repitiéndome o no permitiéndome experimentar. Adentrarme en técnicas que muchas veces no he tocado para mí es libertad. Me produce adrenalina ser flexible y abierta y a la vez, lidiar con esa incomodidad de confrontarme a algo nuevo. Además propicia el hacer equipo con personas que saben más que uno, lo que asegura que el proceso brinde un aprendizaje. El quid está en no tener miedo ni a fallar ni a que resulte algo alucinante.

Diana Velásquez. Falla de San Andreas. Serie Líneas de Flotación. 2025. Lápiz sobre papel y tambor bordado con mostacillas sobre lino. 30x42x1 cm. Cortesía de la artista.
Desde tu experiencia, ¿Cómo valoras el papel de las mujeres artistas en el contexto actual del arte contemporáneo? ¿Percibes cambios significativos en términos de visibilidad, reconocimiento o condiciones de trabajo?
Todavía recuerdo el día que un artista me invitó a montar mi obra lejos de la suya, en otro lugar de la sala, proponiéndome el pasillo que iba al baño de la sala de exposiciones…
Afortunadamente las mujeres estamos saliendo de los roles en los que se nos ha colocado siempre, especialmente el del papel secundario.
En el campo artístico son muchas las voces femeninas que brillan, que trabajan incansables para ser visibilizadas o simplemente para tener el éxito que se les ha resistido. En el contexto actual, esa energía es poderosa.
Yo aplaudo a aquellos que apuestan por programar y apoyar el trabajo de mujeres artistas desde las instituciones, las galerías y el comisariado. Y si se le da también cabida a la obra de otras diversidades femeninas, ¡hasta el cielo y más allá!
Las mujeres somos portadoras de una llama y vamos haciendo una andadura de relevos, como en los olímpicos. No podemos olvidar la brega de quienes nos entregaron el testigo ni la responsabilidad de mantenerla encendida para las que la recibirán.

Diana Velásquez. Still Video No Quiero Oro Ni Quiero Plata. 2022. Video HD Multicanal. Cortesía de la artista.
En relación con esto, ¿crees que el feminismo ha logrado transformar realmente las estructuras del mundo del arte —instituciones, mercado, discursos— o consideras que aún queda mucho por hacer?
Ciertamente ha habido mejoras, especialmente en los últimos veinte años. Pero el camino para una mujer sigue siendo una sucesión de batallas tanto individuales como de acción grupal. La carrera y los éxitos de una artista nunca son suficientes, llevándola a tener que refrendarlos una y otra vez.
Que el mercado subvalore la obra femenina me resulta, a día de hoy, anacrónico. Espero que las nuevas generaciones estén llenas de grandes fortunas, mecenas y coleccionistas mujeres, para que seguramente esta situación se revierta.
Yo intento olvidar que hay un techo, intento rodearme de mujeres y hombres a quienes agradezco creer en mí y empujarme a seguir.

Diana Velásquez. Volcán Popocatépetl. Serie Líneas de Flotación. 2025. Lápiz sobre papel y tambor bordado con mostacillas sobre lino. 30x42x1 cm. Cortesía de la artista.
Si se puede saber, ¿en qué proyectos estás trabajando actualmente o cuáles tienes a la vista a corto o medio plazo?
Acabo de empezado a colaborar con una galería colombiana, lo que me tiene muy contenta.
Asimismo, estoy trabajando en una serie que se llama Líneas de Flotación. Uso el bordado como eje formal y trato los cambios externos o internos que repercuten geológica y ecológicamente a las montañas y cómo estas intentan adaptarse a los mismos. Al igual que nos pasa a los seres humanos, que afrontamos situaciones que nos afectan y nos transforman, y cuyo aprendizaje y resiliencia es la vía para mantenernos en línea de flotación.

Diana Velásquez. Qomolangma Everest. Serie Líneas de Flotación. 2025. 7 bastidores bordados sobre lino y fieltro sobre Organza bordada. 130×126 cm. Cortesía de la artista.
¿Qué consejo le darías a las mujeres artistas que están empezando y buscan abrirse camino en el ámbito profesional del arte?
Lo primero, que se mantengan firmes realizando un trabajo profundo, generoso y honesto. Luego, que no atiendan a quien intenta menoscabar su valía y su potencial, porque hay que creer ciegamente en lo que se hace. Finalmente que no paren de moverse, cada paso por pequeño que sea, es un avance.
Victoria Arribas Roldán. Web. Bio MMM.
Diana Velásquez. Web. Bio MMM.



