miércoles, julio 6, 2022

    Cristina Huarte: “Trabajo desde mi propia vulnerabilidad”

    SARA TORRES SIFÓN mirando a CRISTINA HUARTE

    Cristina Huarte (Zaragoza, 1988) es una creadora profundamente evocadora, poética, espiritual y comprometida con el mundo que nos rodea. A través de diferentes lenguajes, como la pintura, el dibujo, la performance, la instalación o el video manifiesta la fragilidad del ser humano y la necesidad de una vuelta a lo colectivo y a nuestros orígenes.

    Os invito a conocer su manera de concebir el arte, el poder sanador de sus piezas y su compromiso con las creencias ancestrales que dan poder a la mujer y a nuestro entorno.

    Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Retrato de Cristina Huarte. Fotografía de ZARZEL Cortesía de la artista.

    Al acercarnos a tu trayectoria artística la primera pregunta es casi obligada, ¿Cómo fueron tus comienzos en el arte? ¿Qué te llevó a querer ser artista?

    Desde pequeña me encantaba dibujar. Siempre estaba dibujando en mí cuarto, haciendo experimentos y escribiendo. Es verdad que lo que más hacía era escribir, quería ser escritora de cuentos de terror. Lo de dibujar supongo que me viene de mi abuelo porque dibujaba con mucha frecuencia y bien, aunque él nunca se dedicó al arte como tal. Recuerdo que había muchos días que mentía a mis padres y les decía que me encontraba mal para no ir a la escuela, y quedarme en casa pintando o simplemente a mi aire para estar con mis cosas. Cambié tres veces de escuela, me costó integrarme en los diferentes colegios. Se me atragantaban, y el arte era mi única vía de escape para evadirme de todo aquello que no me gustaba. A día de hoy, sigue siendo de esta manera.

    Eres una artista multidisciplinar, ¿cómo se elige qué técnica funciona para cada proyecto? ¿Cómo es tu proceso creativo?

    En mi trabajo utilizo diferentes técnicas en función de las ideas que voy teniendo. No me gusta anclarme a una sola forma de hacer. Porque entonces mis emociones, mi energía y pensamiento, también permanecen estancados. Me encanta la idea de retarme, y explorar nuevos caminos. Ahí, es donde yo puedo sorprenderme a mí misma, y evolucionar desde mi persona. El arte lo utilizo para eso, para ser libre conmigo misma. Para conectar con mis emociones, que los demás también puedan hacerlo de la misma forma y se reconozcan en las piezas. Mi práctica tiene muchas tonalidades, y no es que sea un arte muy depurado en la factura técnica. No me interesa tanto, a excepción de cuando utilizo la pintura, el dibujo o la instalación. Cuando trabajo con el video o la performance es más ruda mi forma de hacer. Trabajo desde mi propia vulnerabilidad. Por lo tanto, también los materiales son de esta misma condición. Todo es muy orgánico en mi proceso, en el sentido de que parto de las señales que voy teniendo en el camino. Últimamente, me interesa más la idea de trabajar en comunidad, las revelaciones que tengo a partir de este intercambio de conocimiento, me resulta tan emocionante en todo este viaje. También en mi búsqueda, es muy importante cambiar de espacio y habitar lugares desconocidos porque ahí aparecen recuerdos que están soterrados, o aspectos de mí que no han estado tan presentes mientras estaba en un lugar de manera más fija. El movimiento es la clave de mi estabilidad emocional y, por tanto, en estos últimos tiempos de mi proceso creativo.

    El baile_Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Cristina Huarte. El baile de los muertos, 2020. Cortesía de la artista.

    Uno de los hitos que, en mi opinión, han cambiado tu manera de entender el arte es tu llegada a Cuzco (Perú). ¿Crees que esa nueva perspectiva cambió tu trabajo? ¿Qué descubriste allí? ¿Cómo ha sido la evolución?

    Perú cambió el rumbo de mi vida. Y por supuesto, esto se vio reflejado en mi trabajo también. Me maravilla, sigo estando enamorada de su gente hermosa, de su música, y misticismo. Cuando llegué a Perú hace tres años estaba en un voltaje muy intenso. Y digo voltaje, porque me refiero a que estaba desconectada, desmembrada. Perú me abrió la puerta a otra dimensión, allí estaba más cerca de mí misma. Y créeme que de todos los lugares de Europa en los que he estado, nunca me había sentido así, tampoco en New York. Me siento bendecida de haber estado en ese lugar tan poderoso y mágico al mismo tiempo, yo quería vivir así. Al descubrir esto, decidí que no quería pasar más tiempo en un lugar donde me sentía obligada a encajar, en un sistema donde hay demasiadas reglas. Mucho antes de ir a Perú ya lo estaba sintiendo así muy dentro de mí. Ninguno puede escoger el lugar de su nacimiento y pocos escogen el lugar donde quieren vivir. Yo si he escogido. Gracias a Perú me encuentro en México. Sigo amando a España como es natural, sin embargo, no siento deseos de quedarme. Europa, con sus atractivos, queda atrás de mí. México con su diversidad, país antiguo y nuevo al mismo tiempo, corresponde mejor a mi inquieta naturaleza.

    Una de las partes más significativas de tus piezas son los mensajes que ocultan: empoderamiento, sanación… ¿Qué quieres transmitir con tu trabajo?

    Me siento atraída en buscar experiencias y conocimientos con la espiritualidad femenina en Centroamérica y América del sur, ya que Europa la ha eliminado completamente. El despliegue de experiencias con lo femenino salvaje, me permite conectar con mi ser más vasto. Esto hace que haya una mayor conexión conmigo misma para trabajar desde el corazón y no desde el miedo. Cada pieza que he ido realizando, hablaba desde el lugar de la herida. Desde ahí, me he hecho más fuerte conmigo misma, porque no tengo miedo a liberar las emociones que siento. Tardé unos años en darme cuenta de hasta qué extremos se había fracturado mi identidad y me había dejado síntomas sumamente dolorosos y generalizados en todos los aspectos de mí ser. Tenía sentimientos disociativos de estar en la niebla mental, y todo esto puedes verlo en piezas anteriores- Snippets- que forman parte de mí trayectoria artística. No me da vergüenza mostrar mi vulnerabilidad. La civilización occidental considera que expresar las emociones, especialmente las “negativas” es un acto vergonzoso y de debilidad. Y está visión nos paraliza individual y colectivamente. La predisposición a soportar esta carga radica en un sentimiento de escasez, y puede ser peligroso si se permanece mucho tiempo ahí. Para mí también sería contraproducente quedarme en ese mismo lugar, porque estaría repitiendo el mismo patrón y hasta la misma forma de trabajar, y eso significaría que no he sanado.

    Mama killa_Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Cristina Huarte. Mama Killa, 2020. Cortesía de la artista.

    He leído que tu práctica artística aborda la ‘cosanación’ como transformación en colectivo, háblanos un poco sobre esto.

    Hace tiempo que llevo trabajando esta parte conmigo misma, pero cobra más fuerza estando en Perú y en México en contacto con mujeres indígenas. Últimamente, están teniendo un papel importante en todo mi proceso creativo. La cosanación ha surtido efecto en mi encuentro con mujeres curanderas y tejedoras de Centroamérica y América del sur, está siendo una puesta en escena conmigo misma y con ellas. A través de este trabajo nos hemos ido dirigiendo a esas partes tan nuestras que se han sentido excluidas y exiliadas. Ha sido un intercambio muy potente y hermoso porque juntas estamos creando un bonito espacio de acompañamiento. Se trata de dialogar en nuestro interior con las mentiras y distorsiones, antes de poder construir verdaderamente unos nuevos cimientos internos que nos permitan albergar esta energía. Aunque hay cosas que no cambiaran porque están muy latentes dentro de las comunidades, y ahí, no te salva ni la voluntad ni la acción. Cuando me adentro a una comunidad es como acceder a una parte oculta de mí a la que tengo que pedir permiso para entrar. En efecto, tengo que pedirlo si quiero entrar, y al mismo tiempo, ser consciente de que estoy entrando en una casa que no es la mía, a la que protegen, porque proteger la tierra es protegerse a uno mismo. Y que, por lo tanto, yo tengo una serie de ventajas frente a ellas. Entender eso es importante, también darnos permiso mutuamente para entrar y desde el amor accedemos internamente para sanar. Sólo al estar frente a ellas y dentro de sus comunidades descubro que pertenezco a un sitio específico de la tierra, al barrio de los perros flacos y los ancianos lentos, a la escalera de manera rústica. Entonces comprendo que, en aquel paisaje de árboles eternos, tejados rotos, olores fuertes y gallinas de corral había también unas personas insignificantes y que una de esas personas insignificantes era yo.

    Estamos en el camino de sanar la herida materna, y tenemos que lidiar con la cultural al mismo tiempo. La contaminación del planeta no es más que un reflejo externo de una contaminación psíquica interna: millones de personas inconscientes no se responsabilizan de su espacio interior. Así que nuestra vida gira en torno a una mentira de proporciones desmesuradas. Me refiero con esto a que hemos de darnos cuenta de que es necesario sufrir un duelo en nuestro interior. Debido a que hemos tenido que asimilar estructuras y creencias que en realidad están pensadas para evitar que forjemos nuestro poder personal y que no nos realicemos desde el ser. Así que, sin esta deconstrucción imprescindible con su correspondiente malestar, no puede tener ninguna transformación genuina a nivel colectivo.

    La Residencia, que realizaste en Perú, se materializó en la exposición KAWSAY, quería preguntarte por su significado, ¿Qué es Kawsay?

    Kawsay viene de Sumak Kawsay, traducido al español como buen vivir. Este concepto, es entendido como vida hermosa, plena y digna. El ser y estar de la cultura andina tiene un sentido mutable, se está en el “aquí y ahora”. Constituye una comprensión distinta de la realidad que unifica la interdependencia de todo ser vivo, la responsabilidad que tienen sobre la creación tanto la figura masculina como la femenina en complementariedad no competitiva.

    Qantu_Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Cristina Huarte. Qantu, 2019. Fotografía de Carlos Garavito H. Cortesía de la artista.

    Tradicionalmente, el arte textil se ha ligado a una tarea femenina y doméstica. Miriam Schapiro apuntó que estas creaciones se convirtieron en una metáfora de una revolución callada, utilizada como una herramienta de transmisión cultural que pasaba de generación en generación. ¿Qué opinas sobre esta afirmación? ¿Cómo ha sido tu acercamiento al arte textil? Háblanos sobre Mama Killa y Qantu.

    Yo te quiero hablar de mi propia experiencia con mujeres tejedoras. EL tejido para la mujer indígena es una forma de vida. Algunas conversaciones que he tenido con una tejedora de San Andrés de Larrainzár (Chiapas) en México, por ejemplo, son muy conmovedoras y que no puedo revelar por aquí. Realmente es un oficio duro, que efectivamente se transmite de generación en generación, y otorga un espacio privilegiado en la transmisión de la cultura y transmite de esta forma las diferentes maneras de hacer real la sostenibilidad. Por otro lado, es una forma de terapia para ellas, desde la utilización de los colores hasta los símbolos que utilizan para la realización de los bordados. Aunque sean las palabras de una sola mujer, la historia que me cuenta Ceci representa también a otras miles de mujeres indígenas de los Altos de Chiapas cuyas vidas han cambiado súbitamente en los últimos quince años. Durante los años setenta cuando empezaban a ser escasos el trabajo y la tierra, de repente estas mujeres, para sobrevivir, se vieron forzadas a redirigir sus artesanías a nuevos mercados. Y desde luego, esto implicaba otros cambios también en sus vidas tradicionales.

    En el caso de estas dos piezas que me preguntas, tanto Mama Quilla y Qantu fueron realizadas junto a la tejedora Norberta Auccacussi de la comunidad de Chinchero en Perú. Del proyecto Kawsay, estas dos obras si fueron realizadas en textil, tenía muchas ganas de realizar algo con esta técnica, también por el momento vital en el que me encontraba. Ambas piezas me ayudaron a recuperar una parte muy sensible de mí que estaba bloqueada.

    Protectoras_Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Cristina Huarte. Protectoras, 2020. Vídeo de ZARZEL. Cortesía de la artista.

    Te has acercado al arte de la performance en la pieza ‘Protectoras’ ¿Cómo ha sido la experiencia?

    Desde esta perspectiva, es una experiencia hermosa y liberadora para mí. De hecho, hay varias piezas como Qantu o Bastón de mando que se acercan de manera sutil a la performance, pero más para registrar el material con el que se han creado estas piezas. En este sentido, utilizo el cuerpo femenino como lugar de encarnación desde donde emerge la capacidad de actuar y transformarse. La nueva pieza que estoy procesando ahora en la residencia Muy, también va hacia la performance, también es muy objetual.

    Otro componente que me resulta interesante de tu trabajo es la incorporación de lo que llamas “objetos de poder personal” ¿Cómo los escoges?

    Son objetos que me atraen sin una razón consciente ya que, desde mi punto de vista, son objetos de poder cuyo aspecto espiritual me puede ser revelado en el mundo inferior a través de un viaje. Especialmente incluyo aquellos que han sido obtenidos durante experiencias poderosas y personales en mis vivencias conectadas con estas mujeres. Los objetos que encuentro son muy especiales, y me permiten acceder a mis recuerdos para empezar a construir nuevas imágenes a partir de ellos.

    Baston de mando_Cristina Huarte | Mujeres Mirando Mujeres | Sara Torres Sifón

    Cristina Huarte. Bastón de mando, 2020. Fotografía de ZARZEL. Cortesía de la artista

    ¿Alguna vez has sentido alguna discriminación o desventaja por el hecho de ser una mujer que se dedica al arte?

    Sí, he tenido manipulación y también he visto toxicidad tanto femenina como masculina en el complejo sector del arte. Existe en las dos partes. Pero no es sólo en el arte, creo que existe en el sector empresarial también, doméstico, en el cine etc… en cualquier ámbito de nuestras vidas. Pero una decide si quedarse en el papel de víctima o salir de esos juegos de poder poniendo límites sanos consigo misma. He tenido que saber lidiar muy bien con ese tema para no dejar que me afecte y seguir luchando por lo que soy.

    ¿Qué proyectos tienes para 2022?

    Lo que sigue en adelante del 2022 lo voy a dedicar a producir nueva obra en varias residencias artísticas en México con la beca de Acción Cultural Española. Tengo una exposición guardada en Perú en el museo Qorikancha, así que voy a trabajarla.

    Sara Torres Sifón. Web. Bio MMM.
    Cristina Huarte. Web. Bio MMM.

    Otras publicaciones de Sara Torres Sifón en MMM: Woman Art House. Coco Escribano. Julia Martínez.

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