NIEVES ALBEROLA mirando a VIRGINIA CALVO
Virginia Calvo es una artista multidisciplinar que ha sabido transformar lo personal, lo cotidiano y lo íntimo en un poderoso manifiesto. Licenciada en Bellas Artes (UCM), un día decidió dejar atrás el rigor del grabado y la pintura por una nueva compañera de viaje —la máquina de coser— y el hilo, con preferencia por el rojo; con ellos no solo crea arte, sino que sutura y repara narrativas sociales y personales, tejiendo la memoria, la naturaleza y la vindicación feminista. Virginia, gracias por descoser un rato de tu agenda para compartir y dar a conocer en profundidad algunos de tus proyectos más reivindicativos, en los que la mitología, la fantasía y la realidad más cruda conviven en grandes instalaciones metálicas y textiles.
En tus inicios, hablabas del grabado como un «encuentro maravilloso». ¿Qué te impulsó a cambiar el tórculo por la máquina de coser? Al hacerlo, ¿sentiste que recuperabas una tradición femenina históricamente denostada? ¿Fue quizás la forma de trasladar ese territorio de la infancia y la sororidad, donde cosían tu madre y tu abuela, a la esfera pública de tu obra?
Creo que es una vuelta a todo eso que recuerdas de la infancia, y al final terminas regresando inevitablemente a ese territorio. En mi caso está lleno de bonitos recuerdos que me permiten volver a ser niña y que la vida me siga sorprendiendo como entonces. Me crie en un pueblo del Bierzo, Bembibre, de inviernos largos, y recuerdo que mi madre, mi abuela, las vecinas…, se reunían, charlaban, cosían o tejían, intercambiaban recetas, puntos e hilos, creando un espacio compartido muy acogedor. En el colegio teníamos la asignatura de Hogar para aprender costura; hacía las actividades que me exigían, pero luego me dedicaba a bordar mis propios dibujos y eso me encantaba.
Ya viviendo en Burgos, compré mi máquina de coser. Adquirirla fue un regalo emocionante que me abrió un mundo de posibilidades, ya que me permitiría unir trozos de tela más rápido y trabajar con mayores dimensiones, como en la instalación Oréadas (2004), que realicé para el proyecto El Hall Transformado, ideado por Javier Hernando, en la Facultad de Filosofía y Letras de León. Cubrí el perímetro de la primera planta del patio del hall creando un paisaje de collage de telas usadas lleno de color. Luego vendrían otros proyectos.
Mi primer proyecto textil a gran escala fue Perséfone (1999). Con él recuperé esa práctica femenina del bordado. Bordé 150 metros de velo para crear una instalación que desaparecía si la luz no estaba encendida. Era llevar ese acto íntimo y femenino de puntada tras puntada a gran escala, jugando con la iluminación y la proyección de las sombras. Quería que todas las personas que la visitaran se convirtieran en parte de la obra al recorrerla, haciéndolas partícipes de una forma diferente al transitarla.

ORÉADAS, 2004. 40 piezas de 3 x 1,4 metros de tela con collage textil de telas usadas. Instalación para El Hall Transformado comisariado por Javier Hernando en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León.
Tu obra se alimenta de mitología y de un rico mundo de fantasía. ¿Cómo logras equilibrar esa pulsión por crear otros mundos con el compromiso tangible que atraviesa tus proyectos y obras permanentes?
En mis proyectos hablo de la vida y lo que vivo me inspira. Pero para mí no es posible percibir la realidad sin subjetivarla, del mismo modo que tampoco lo es imaginar sin su condicionamiento. Ambas categorías me resultan inseparables en la práctica… Forman parte de la estrategia de estar y sentirte viva. Por otro lado, los mitos explican la vida de otra manera y la fantasía es una necesidad que me ayuda a sobrellevar la realidad, incluso a hablar de ella desde otro punto de vista. He trabajado siempre sobre mitos femeninos vinculados al cuidado, al amor a los demás, a la vida…, temas que trato habitualmente en mi obra.
Me gusta trabajar en espacios abiertos o en interiores, crear otros mundos o reinterpretar los que están en este, como Bosque de ninfas (1999), Serena (2007) o MirHadas (2008), que parte de un sueño que tuve siendo niña. En él la luz creaba un sinfín de personajes y formas transparentes, como de cristal, que bailaban suspendidos en el espacio de la habitación y desfilaban ante mis ojos. La instalación cuenta con más de quinientas formas que, colgadas del techo como un móvil infantil e iluminadas, crean sombras que también se mueven en la pared. Es una manera de materializar ese sueño y abordar lo cotidiano de una forma más poética.

SERENA, 2007. Pieza de hierro y acero corten lacado en blanco. 5 metros de altura. Instalación permanente en el Camino del agua de la Sierra de Francia en Salamanca.

BOSQUE DE NINFAS,1999. 8 árboles de entre 15 y 22 metros de altura realizados en hierro lacado. Instalación permanente en la Autovía León-Burgos. El Apeadero, Museo sin muros en Bercianos del Real Camino de León.
Eres una gran lectora y te identificas con aquellas autoras que narran la vida cotidiana y sus luchas silenciosas. ¿De qué manera tu obra dialoga o rinde homenaje a esas escritoras que han tejido la memoria femenina desde la palabra?
Leo mucho, me gustan muchas escritoras por su forma de describir y relatar las cosas. Por ejemplo, Florecer en tus palabras (2024) es mi homenaje a Virginia Woolf. Desde un punto de vista formal he deshojado y troceado el libro Una habitación propia (1929) para pegar esos trozos sobre otro papel y bordar sobre ellos formas inventadas de flores y motivos vegetales con hilo negro. Conceptualmente, es un libro que ha guiado mis pasos y ha puesto en palabras muchas cosas relativas a la mujer creadora que yo veía, sentía y experimentaba en mí misma. Sus pensamientos han generado muchas de mis ideas creativas. Su lectura me ayudó a entenderme y buscar ese camino desde una nueva filosofía de vida, poniendo en palabras lo que yo vivía y sentía por hacer compatibles las exigencias de ser madre, hija, mujer que trabaja y, además, artista.
CiudaDamas (2023) es mi tributo a Christine de Pizan y su obra La ciudad de las damas (1405), en la que denuncia la sociedad misógina de la época y plantea una ciudad utópica gobernada por mujeres, apoyándose en tres virtudes: Justicia, Rectitud y Razón, con las que dialoga. Confeccioné tres damas que son como sutiles apariciones hechas con telas, entredoses y encajes usados por mi madre y por mí. Cada una de ellas porta corazones de diferentes formas que representan la función que tienen para erigir esta ciudad alegórica, una ciudad a su medida, de sororidad. Para mí el amor lo incluye todo y es el fundamento de una vida justa, libre y en armonía con el mundo y los demás. Es una pieza que evidencia que la lucha y la creación de las mujeres vienen de muy lejos.
Como May Sarton, creo en escribir diarios sobre lo cotidiano. Desde hace años los elaboro mediante collages de palabras que recorto de periódicos y revistas, descontextualizándolas y ordenándolas para darles un nuevo significado.

FLORECER EN TUS PALABRAS (HOMENAJE A VIRGINIA WOOLF), 2021. Políptico de 64 piezas en formato A4. Collage y bordado sobre papel.
El feminismo late en tu trabajo como una energía que lo impulsa y cohesiona. ¿En qué momento se dio ese despertar que transformó tu mirada?
Me crie con tres hermanos; mi madre era una mujer muy moderna. Nos educó a los cuatro por igual, con libertad y responsabilidad, enseñándonos todo lo que sabía. Esa igualdad cotidiana tiene un valor enorme para mí. Sin embargo, cuando nació mi primera hija, yo tenía veintisiete años y comprobé que la realidad era muy distinta. La maternidad es el compromiso más grande que asumimos fundamentalmente las mujeres, un cambio de vida que requiere una enorme dedicación. Fue crucial para mí leer Una habitación propia y entender lo que necesitaba realmente, un espacio donde poder desarrollar mi trabajo. Esa habitación no es solo física, sino también un espacio mental; un lugar de encuentro y tiempo contigo misma donde reconocerte y que está conectado o ligado a la independencia económica.
Las desigualdades que generan el patriarcado y el machismo tienen una presencia continua y permanente en la vida de muchas mujeres; es complicado lidiar con ello. Negarlo perpetúa un modelo difícilmente superable para nosotras. Esa reflexión la trabajo en piezas como Declaraciones de amor, desgarros de identidad (2002), Taquicardia (2020) o Basada en hechos reales (2021); en estas obras intento hacerme eco de las tensiones entre la identidad, el cuerpo y la experiencia femenina.

NO ALCANZARÁS EL CIELO SI ROMPES MI CORAZÓN… 2003. Collage de telas y encajes usados de mi madre y míos, y bordado sobre fieltro negro. 2,40 x 1,80 metros.
Si la maternidad marcó tu despertar feminista, ¿podríamos interpretar Casadas con la vida (2025-2026) como un tributo a esa entrega en cuerpo y alma que la sociedad sigue exigiendo a las madres?
La maternidad fue una revelación y un potente reencuentro con mi madre. Desde esa simetría me identifiqué, comprendí y valoré muchísimas cosas. Las madres, con sus peculiaridades y sus múltiples subjetividades, son arquitectas invisibles de lo cotidiano; nuestra relación con ellas es una de las conexiones humanas más profundas, diversas y complejas que existen. Su entrega física y emocional, su dedicación casi sin pausas, ha modelado nuestra forma de ser y de estar en el mundo.
Casadas con la vida es un proyecto procesual y participativo que rinde tributo a todas esas madres que ofrecieron sus días para ser el sostén de los suyos. Es un gesto de reconocimiento, gratitud y validación de su esfuerzo diario, desde una mirada creativa y colectiva, que genera un espacio de encuentro y diálogo para celebrar las experiencias compartidas. Es un homenaje de mujeres a todas esas generaciones, también de mujeres, que dedicaron sus vidas a ser madres y a cuidar de los demás, muchas veces relegando sus propios sueños y deseos. Vidas habitadas por un destino común impuesto por una sociedad heteropatriarcal en la que el matrimonio y la maternidad eran sus papeles principales. Muchas fueron felices, otras no lo fueron en absoluto. Es un proyecto en curso en el que ya han participado más de 150 mujeres.
En tu obra, la acción de coser, rasgar o usar imperdibles parece moverse entre la reparación y la herida. ¿Son formas de suturar el dolor o, por el contrario, de dar testimonio de la violencia inscrita en esas pieles? ¿Qué poder guardan las telas usadas?
Ambas cosas. Coser es un acto de cuidado y de supervivencia que las mujeres hemos realizado desde siempre. Pero, cuando intervengo las telas —estos muestrarios que funcionan como un Pantone de pieles—, lo hago cosiendo, rasgando, poniendo botones o imperdibles, como si estuviera simulando el maltrato que sufren las pieles de las mujeres. Es fundamental visibilizar que el dolor deja marcas y que estas deben ser recordadas. En Llevo tus marcas en mi piel (2020), la costura se convierte en una metáfora del maltrato emocional, de las cicatrices invisibles.
Por otro lado, la elección de los materiales es esencial en mi trabajo. Suelo usar elementos casi siempre reutilizados, subjetivados, con vida propia. Guardo y recupero muchas cosas para darles una segunda existencia, expresando mi manera de estar en el mundo y mi filosofía de vida: creo en la economía circular, en la reutilización de recursos, en las segundas oportunidades y en el poder transformador de lo que parece gastado. Reutilizo todo tipo de cosas; es esencial para mí, pues es reflejo de cómo soy y cómo pienso. Trabajo de lo personal a lo colectivo, de lo íntimo a lo público, y los materiales que elijo me acompañan en ese tránsito. Me gusta ese juego de contextualizar y descontextualizar: ropa, palabras, telas… Depende siempre del proyecto.

MEMORIA DE UNA DESPEDIDA, 2024-25. Collage de telas y encajes usados de mi madre y míos, ganchillo y bordados. Instalación de 7,50 x 2,60 metros.
Líneas de sangre, caminos de vida (2020) es absolutamente fascinante. En esa instalación, conviertes las arañas vasculares, surgidas a raíz de los embarazos, en un motivo estético central. ¿Cómo transformas esas marcas corporales en un mapa de la historia femenina y del legado entre tu madre, tú y tus hijas?
Estas formaciones sanguíneas, que he dibujado sobre el papel o he bordado en tela, siempre me han resultado fascinantes y bellas. Desde niña me asombraban las de mi madre; no comprendía por qué aparecían hasta que durante mi primer embarazo comenzaron a brotar también en mi piel. La sangre dibuja a su antojo estos mapas orgánicos que evocan el mundo vegetal, la naturaleza, en las piernas de muchas mujeres. Dibujar esas líneas sobre la piel de mi madre y que mis hijas hagan lo mismo conmigo para luego bordarlas en rojo es una forma de recoger gráficamente esa herencia biológica y simbólica: una memoria que pasa de generación en generación.

LÍNEAS DE SANGRE, CAMINOS DE VIDA, 2019-20. Instalación de medidas variables formada por: Un político con fotografías impresas sobre cartón pluma, de medidas variables. Dos camisones bordados en rojo, 6 cuadros bordados y telas y velos bordados también en rojo colgando del techo a modo de cortinas.
Afirmas que el cuerpo es un «lugar de memoria» donde se almacenan nuestras experiencias vitales. Al utilizar telas usadas, visillos o camisones sobre los que bordas las formaciones sanguíneas, ¿estás construyendo un archivo físico de esa memoria que va de lo privado a las paredes del espacio expositivo?
Sin duda nuestro cuerpo es un lugar de memoria. A través de él vivimos y almacenamos experiencias que muchas veces dejan huellas visibles: es un soporte donde se registra la vida. Al utilizar telas, visillos o ropa usada por nosotras, tiene una carga biográfica notable porque esos materiales conservan historia, olor, tiempo. Además, los camisones funcionan como contenedores de sueños y deseos, donde lo íntimo se transforma en lenguaje visual y se abre al espacio público.
Como docente, estás en contacto directo con la juventud. Además, eres madre de dos hijas. ¿Hay algo que te preocupe o que consideres necesario denunciar?
Me preocupan la falta de libertad que percibo en muchas niñas y adolescentes, las presiones que soportan y la violencia de género que afecta cada vez a mujeres más jóvenes. En mi instalación titulada Basada en hechos reales (2021), construyo collages a partir de palabras recortadas de periódicos como un alegato a la memoria de tantas mujeres que sufren violencia en nombre del amor. Es un problema estructural, sostenido por un sistema que perpetúa la desigualdad y se manifiesta en múltiples formas: física, sexual, psicológica, económica, cultural… Atraviesa todas las edades, clases sociales y geografías. La lucha contra esta violencia y su prevención pasan por la educación, por una justicia equitativa y por el cambio profundo de las normas sociales, los roles y los estereotipos que siguen discriminando a las mujeres.
Basada en hechos reales es un políptico que se compone de más de quinientos collages de palabras, presentados en bolsas selladas al vacío. Este gesto funciona como una metáfora de conservación y también como homenaje para preservar la memoria de las mujeres maltratadas y generar conciencia. Es quizás la forma más comprometida y honesta que tengo de estar en el mundo.

BASADA EN HECHOS REALES, 2021. 500 collages sobre papel de 24 x 15 cm, embolsados y pegados sobre la pared formando un políptico. 300 x 2,14 metros.
¿En qué proyectos estás trabajando ahora? ¿Te gustaría retomar alguno en un futuro?
Sigo trabajando en Casadas con la vida, que espero que vea pronto la luz. También estoy preparando una nueva intervención en la naturaleza en el Bierzo, mi tierra, que será un homenaje a las mujeres mineras como reconocimiento a su legado. Además, me gustaría disponer del tiempo necesario para retomar Líneas de sangre, caminos de vida y darle la dimensión participativa que siempre imaginé.

CASADAS CON LA VIDA, 2025-26. Proyecto participativo en proceso. Instalación de medidas variables.
Virginia, ha sido fascinante viajar en tu compañía y descubrir el inmenso poder narrativo que puede tener una aguja en las manos adecuadas. Gracias por recordarnos que la historia de las mujeres, la memoria familiar y hasta las marcas del cuerpo son dignas de ser elevadas a la categoría de arte. Por tu compromiso, tu generosidad y por hacer de la costura un acto de rebeldía, muchísimas gracias.
Nieves Alberola. Bio MMM.



