MAU MONLEÓN mirando a CERRUCHA
La práctica artística de Cerrucha (Ciudad de México, 1984) se sitúa en el cruce entre arte, activismo feminista, pedagogía y producción de memoria colectiva. Su trabajo se articula como una respuesta directa a la violencia de género, entendida no como un fenómeno aislado, sino como una consecuencia estructural del colonialismo, el racismo y el sistema cisheteropatriarcal. Desde esta perspectiva, la artista concibe el arte como una herramienta política capaz de generar procesos de reparación simbólica, acompañamiento colectivo y transformación social.
Perteneciente a una generación más joven de artistas feministas mexicanas, Cerrucha establece un diálogo claro con referentes como Mónica Mayer, Mary Paz y Lorena Wolffer. Al igual que ellas, aborda la violencia de género como eje central de su práctica; sin embargo, su propuesta se distingue por una fuerte conciencia interseccional y por el uso estratégico de las tecnologías digitales como espacio de acción política, especialmente a partir de la pandemia por COVID-19. Para Cerrucha, la lucha feminista es necesariamente anticolonial y antirracista, y debe atender las múltiples capas de opresión que atraviesan los cuerpos y las experiencias de las mujeres y disidencias.
Uno de los pilares de su trabajo es la autorrepresentación. Cerrucha genera espacios donde las participantes no son objetos de representación, sino agentes activos que construyen su propia imagen, relato y memoria. Esta ética del cuidado y del consentimiento atraviesa toda su producción y se manifiesta tanto en proyectos presenciales como en aquellos desarrollados en la no presencialidad. En este sentido, la práctica digital no aparece como una solución técnica, sino como un posicionamiento político que permite articular discursos feministas desde la diferencia, la diversidad y la horizontalidad.

FIG 4. Azúcar Rabiosa. 2018. Intervención del espacio público con baile y música. Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México.

FIG. 6. deCONSTRUYÉNDONOS. 2018. Técnica: Intervención fotográfica (12 x 18mts).
La producción artística de Cerrucha se articula como una respuesta estética y política a la crisis de violencia de género en México, transitando desde la reapropiación del espacio público hasta el cuestionamiento de las estructuras institucionales. Hacia el año 2018, su trabajo ya manifestaba una preocupación por la autonomía de los cuerpos y la identidad; ejemplo de ello son proyectos como Azúcar Rabiosa (Figura 4), una intervención pública donde el baile y la música operaran como actos de resistencia comunitaria, y deCONSTRUYÉNDONOS (2018) (Figura 6), una intervención fotográfica que desafió los binarismos de género en espacios cotidianos como mercados y estaciones de Metro. Estas obras tempranas establecieron las bases de un «artivismo» que busca no solo la denuncia, sino la sanación y la visibilización de las periferias [1][2].

FIG. 5. Justicia con Glitter. 2019. Díptico, fotografía digital.

FIG.7. El Baile de la Güera. 2019. Fotografía digital y canción de cumbia.
A medida que la emergencia nacional por feminicidios se intensificó, la obra de la artista se tornó más frontal y simbólica. En 2019, Cerrucha capturó el espíritu de la protesta feminista en Justicia con Glitter (Figura 5), una intervención fotográfica que se elevó como símbolo de la rabia organizada, mientras que en el proyecto titulado El Baile de la Güera (2019) (Figura 7) exploró la intersección entre la cultura popular y la identidad de clase mediante la cumbia y la fotografía digital. Este periodo de producción alcanzó un punto crítico de confrontación política con la obra Memorial para Lesvy y las Víctimas de Feminicidio (2019) (Figura 2), una intervención audiovisual interactiva emplazada en la misma Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, obligando a la institución a confrontar la mirada de quienes ya no están y la persistente impunidad del sistema [1][3]. (Figura 8)

FIG. 2. Memorial para Lesvy y las Víctimas de Feminicidio. 2019. Intervención audiovisual interactiva, Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

FIG. 8. Ley, de la serie Victorias Aladas. 2019. Fotografía digital.
Con la llegada de la crisis pandémica en 2020, Cerrucha expandió su alcance hacia lo digital y la protección colectiva. La serie 8M (2020) (Figura 1) documentó la potencia del último gran encuentro presencial previo al confinamiento, reafirmando el derecho a la ciudad. En este contexto de aislamiento, surgió la iniciativa Arte, arma de construcción masiva (2020) [4], (Figura 3) una serie de diálogos en red con creadoras internacionales que exploran el arte como estrategia de supervivencia y transformación social.
El proyecto consistió en una serie de entrevistas transmitidas a través de la red social Instagram, realizadas entre agosto y septiembre de 2020. En ellas, la artista dialogó con creadoras y artivistas de distintos contextos geográficos y culturales, principalmente del Sur Global, con el objetivo de reflexionar colectivamente sobre el papel del arte frente a la violencia de género.
Las entrevistas comenzaron el 4 de agosto y contaron con la participación de figuras como Lorena Wolffer, Lorena Méndez, Sonia Madrigal, Roberta Nascimento, Rafael Gauimarães, Muriel Angulo, Deborah Castillo, Bruktawit Tigabu y Gabrielle Le Roux, entre otras. Cada conversación abordó distintas estrategias artísticas y activistas para enfrentar contextos de violencia, censura, exclusión y desigualdad, poniendo en común experiencias situadas y saberes construidos desde la práctica.

FIG. 1. 8M. 2020. Fotografía digital.

FIG. 3. Arte, arma de construcción masiva. 2020. Serie de entrevistas en línea con artistas activistas de distintos países.
Arte, arma de construcción masiva surge en un momento en el que la violencia de género se intensificó como consecuencia del encierro y la precarización de las condiciones de vida. Frente a la imposibilidad de ocupar el espacio público de manera física, el proyecto propuso la creación de un espacio digital de encuentro, escucha y acompañamiento. La no presencialidad se convirtió así en un lenguaje propio, capaz de sostener redes afectivas y políticas más allá de las fronteras nacionales.
Este proyecto puede leerse desde un enfoque de ciberfeminismo crítico, en consonancia con las reflexiones de autoras como Rosi Braidotti, quien advierte sobre la necesidad de no romantizar la tecnología, sino de analizarla desde una ética feminista que tenga en cuenta las desigualdades estructurales.
A partir de ese trabajo Cerrucha creó un taller en línea que se tituló de la misma forma, con el objetivo de abarcar proyectos de prácticas sociales. En 2021 se inició MUTUA, donde de manera colectiva se abre un espacio pedagógico feminista para llevar a la virtualidad los “Talleres-Laboratorias” que ya se realizaban a cabo manera presencial. Ello ocurre a través de la fundamental conjunción con sus colegas Mónica Mayer y Lorena Wolffer, así como posteriormente con María Laura Rosa. Es entonces cuando el proyecto deviene en DISIDENTA, como espacio virtual donde se unen varias generaciones de “Laboratorias” de arte y activismo feminista. Glosaria, de 2023 (Figura 10), es un proyecto realizado en colaboración con Lorena Wolffer desde DISIDENTA: Prácticas sociales transfeministas, que disecciona las palabras de los transfeminismos en la actualidad.

FIG. 10. Glosaria. En colaboración con Lorena Wolffer. 2023. Serie de podcast, intervención pública y postales.
En la práctica de Cerrucha, las plataformas digitales funcionan como espacios de visibilidad y conexión, pero también como territorios que deben ser disputados y resignificados desde una perspectiva feminista, interseccional y situada.
Más allá de estos proyectos, la obra de Cerrucha se caracteriza por su transversalidad metodológica. La artista integra educación, talleres, conferencias, entrevistas y prácticas colaborativas como parte constitutiva de su producción. La entrevista directa se convierte en una herramienta fundamental para la recopilación de testimonios y la construcción de fuentes primarias, permitiendo generar una historia del arte feminista desde las voces de quienes lo producen y lo viven. En este sentido, su trabajo contribuye activamente a la reescritura de la Historia del Arte desde una perspectiva feminista, intergeneracional y decolonial.
Un ejemplo clave de esta labor de archivo y memoria es su participación en la exposición virtual Esta ciudad será de+con+para nosotras o no será, curada por Lorena Wolffer en 2021, donde el amplio registro fotográfico es una archiva de los movimientos feministas en la CDMX titulada Histórica, que continua en desarrollo. Precisamente, la exposición propuso un ejercicio de memoria colectiva sobre estos movimientos feministas en la Ciudad de México durante los últimos años, a partir de registros fotográficos de marchas, manifestaciones, memoriales e intervenciones en el espacio público. Cerrucha estuvo a cargo del “Capítulo 1”, donde presentó un amplio registro fotográfico de protestas feministas realizadas entre 2016 y 2020.
Estas imágenes documentan movilizaciones emblemáticas como #VivasNosQueremos, las marchas del 8 de marzo, las protestas por los feminicidios de Lesvy y Mara, el Memorial de Chimalpopoca, la Marcha por la Despenalización del Aborto, la instalación de la Antimonumenta y diversas acciones realizadas en respuesta a la violencia sexual ejercida por fuerzas policiales. El archivo no solo registra los acontecimientos, sino que captura la rabia, el duelo, el hartazgo y la fuerza colectiva de las mujeres que toman el espacio público para exigir justicia y vidas vivibles.
En el segundo capítulo de la exposición, Cerrucha participó junto a otras artistas y colectivas en el registro visual de dos protestas realizadas en agosto de 2019, tras la violación de dos menores por miembros de la policía en la Ciudad de México. Estas imágenes dan cuenta de la potencia simbólica de los gestos y las acciones performativas como formas de denuncia y resistencia frente a la impunidad. La documentación de estas acciones se convierte, en sí misma, en una forma de activismo visual y de construcción de memoria feminista.
Este ciclo de resistencia se materializa asimismo en su proyecto Trinchera (2020) (Figura 9), una instalación fotográfica que propone una red de cuidado mutuo entre mujeres, funcionando como un contra-monumento ante un Estado que, a través de sus omisiones, perpetúa una guerra contra los cuerpos feminizados [1][5].

FIG. 9. Trinchera. 2020. Fotografía digital.
En resumen, al analizar la obra de Cerrucha en relación con la de Mónica Mayer y Lorena Wolffer, es posible identificar una continuidad temática en torno a la violencia de género. Sin embargo, el contexto de emergencia sanitaria obligó a estas artistas -históricamente vinculadas a la presencia del cuerpo, la performance y la ocupación del espacio público- a trasladar parte de su práctica a entornos digitales. Este desplazamiento no implicó un abandono de la dimensión corporal, sino una reformulación de la presencia desde la no presencialidad.
En este marco, observamos hoy un ciberfeminismo manifiestamente político que propone el protagonismo del cuerpo en el espacio público y que construye comunidad, acompañamiento y sororidad a través de la tecnología. La práctica digital permite conectar el espacio privado con la esfera pública, visibilizar problemáticas silenciadas y generar nuevas formas de autorepresentación y resignificación.
Entre las características más relevantes de este ciberfeminismo post pandemia se encuentra el uso intensivo del storytelling, muchas veces vinculado a la autobiografía y al testimonio en primera persona. Asimismo, se genera una forma de presencialidad colectiva en la no presencialidad, impulsada por movimientos de acompañamiento y cuidado mutuo. La práctica no presencial funciona como un discurso interseccional que sitúa las experiencias locales en un contexto global de circulación de información, sin perder su anclaje territorial y político.
En conclusión, la obra de Cerrucha se inscribe en una genealogía de artistas feministas mexicanas que han utilizado el arte como herramienta de denuncia, resistencia y transformación social. Su aportación específica reside en la articulación entre arte, espacio público, tecnología y activismo desde una perspectiva feminista interseccional y anticolonial. Proyectos como Arte, arma de construcción masiva evidencian cómo el arte puede convertirse en un dispositivo de construcción colectiva, capaz de generar redes, producir memoria y sostener la lucha feminista incluso en contextos de aislamiento y crisis.
La praxis de Cerrucha ante la violencia estructural implica estrategias de net.art, streaming, networking, narración digital, fotografía y arte público participativo, ofreciendo un espacio fértil para amplificar las voces de las mujeres y crear comunidades transnacionales de resistencia. Su práctica demuestra que el arte feminista contemporáneo no solo representa el mundo, sino que interviene activamente en su transformación, proponiendo nuevas formas de habitar, narrar y construir el presente y el futuro.
[1] Cerrucha. (s.f.). Proyectos y Portafolio. Recuperado de cerrucha.com
[2] Centro de la Imagen. (2018). Deconstruyéndonos: Mesobrabarrio a cargo de Cerrucha. Registro de exposición.
[3] Fiscalía General de Justicia de la CDMX. (2019). Memoria para Lesvy: Reparación simbólica a través del arte. Archivo de comunicación institucional.
[4] Ver la entrevista de Mau Monleón Pradas a Cerrucha, donde se explora en profundidad este proyecto. Monleón Pradas, M. (s. f.). Entrevista a Cerrucha. Cuerpos Conectados. Universidad de Barcelona. https://www.ub.edu/cuerposconectados/entrevistas/cerrucha/
[5] Pérez-Bustos, T., & Cerrucha. (2023). «Trinchera», de Cerrucha. Una respuesta artística a la guerra contra las mujeres. Revista Asparkía: Investigación Feminista, (43), 329-335.



