ELENA GARCÍA mirando a FRANCISCA RUBIO WENK
He tenido la suerte de acompañar de cerca, en el último año, el trabajo de Francisca Rubio Wenk, y lo que más me sorprende de su obra es cómo logra hablar de lo íntimo y lo cotidiano con tanta honestidad y delicadeza. Sus bordados, tejidos con memoria, humor e ironía, construyen relatos y cuestionamientos que atraviesan lo personal y lo social. Gracias Fran por invitarme a entrar en tu universo creativo, a conocer tus procesos y búsquedas, y a descubrir cómo tu arte puede ser a la vez íntimo, lúdico y transformador.
Francisca Rubio Wenk (Córdoba, Argentina, 1999) centra su práctica artística en el bordado tradicional, explorando sus connotaciones históricas y desafiando las percepciones de esta técnica como un “arte menor” relegado al ámbito femenino.
La artista utiliza el bordado como un medio para contar historias no contadas y su investigación se divide en varias líneas temáticas; por un lado, explora el concepto del hogar como un espacio aparentemente seguro, pero que puede ser el escenario de relaciones dañinas, como las dinámicas entre madre e hija y la herencia de traumas generacionales femeninos. Por otro lado la investigación artística a través de la observación, percepción y recopilación de ideas, buscando entrelazar lo visible y lo íntimo, lo cotidiano y lo trascendente, mediante un lenguaje artístico que fusiona la repetición con la narrativa y lo simbólico.

Esposas. 56,5 x 1,78 cm. Ilustración digital.
ENTREVISTA:
Para empezar este diálogo de una forma íntima: si tu proceso creativo tuviera una banda sonora, ¿qué música lo acompañaría?
Para cada proyecto tengo una playlist distinta, pero los artistas que siempre están son: Taylor Swift, Lana del Rey, Chappell Roan, Mac DeMarco, Tame Impala y los Beatles. Si necesito acompañamiento tranquilo me pongo jazz, tanto experimental como más clásico.

Siamesas. Bordado a mano en organza con hilo de algodón. 40 x 40 cm. 2024.
He seguido tu trabajo y siento que siempre hay una urgencia por hablar de lo íntimo, de los cuerpos y de cómo la sociedad proyecta sus normas sobre lo femenino. ¿De dónde surge en ti ese impulso de cuestionar y transformar esas historias a través de tus bordados?
Creo que como mujer siempre tenemos una relación intrínseca con el cuerpo, sea amándolo, odiando o mirándolo de forma fragmentada para analizarlo y personalmente de mi relación con lo femenino, que pasó de complicada a compleja; en esto me ayudó mucho Dolly Parton, siento que es una persona que siempre cuestiona qué es ser mujer desde un punto de vista tan masculino como el country. Respecto a lo íntimo creo que es una urgencia de que solo tenemos garantizado el presente, es una urgencia por ansiedad y de querer entender otras historias y otras otredades y darse cuenta que uno no está solo (es mi antídoto a no convertirme en la idea de artista torturado y solitario). Esta especie de cóctel es lo que me impulsa a cuestionar o plasmar en el bordado, es mi herramienta para entender la espiral de pensamiento.

LBD. Bordado con hilo natural y sintético sobre organza blanca. 44 x 50 cm. 2024.
En tu trabajo recurres al bordado, una técnica históricamente asociada a lo femenino y relegada al ámbito de lo artesanal. ¿Qué te atrae de este medio y cómo se articula con el sentido crítico y conceptual de tu obra?
Creo que tengo una atracción al medio de forma familiar (mi bisabuelo paterno era modista), las historias de mi madre haciendo ganchillo en la vereda con su mejor amiga en Argentina e incluso mi madre intentando enseñarme a hacer ganchillo y luego a bordar viendo telenovelas argentinas.
Siento que lo que me atrae de esta técnica es que al querer hablar de lo íntimo del día a día, lo cotidiano y otras historias que se puedan salir del canon, es que lo relaciono con lo familiar y es humilde, es estar tomándome un café en la mesa de la cocina mientras escucho a mis padres hablar.

¡Todo va genial!. Funda de cojín bordado a mano con hilo de algodón, hilo sintético y lana en tela de algodón. 45 x 45 cm. 2023. Piezas expuestas en la feria Hybrid 2024.
En tu proyecto Little Black Dress percibimos un juego con lo exagerado, lo teatral y lo cotidiano que remite al Camp. ¿Cómo trabajas este lenguaje estético y qué te interesa comunicar al incorporarlo en tus piezas?
El Camp tiene un componente muy exagerado y teatral, podemos pensar en una drag queen y nos viene la imagen a la cabeza. Lo que más me interesa del Camp es lo abierto que es, como alguien que tiende a ser reservada y tímida, ver a alguien exponiéndose me fascina.
Es cierto que lo que yo hago con el Camp es llevarlo al campo de la moda y estas imágenes de editoriales o incluso en Bob Fosse con una línea más minimalista que roza casi el boceto. Podría decir que lo que me interesa es la unión del Camp como idea de algo que te exige que lo veas con una personalidad como la mía más tímida. Es un ejercicio de metiche artístico.

Imagen de las piezas de Francisca Rubio Wenk en la exposición “LAVADEROS 07 SATÉLITES” en 2024.
Para alguien que desconoce totalmente qué es la estética Camp, ¿Cómo la definirías?
Pediría que antes o después de leer esta respuesta vean “The rocky horror picture show”, “a Wong Foo, gracias por todo Julie Newmar” y cualquier película de John Waters.
Antes de entender la estética del Camp, hay que saber que es el Camp. Es un término que ya existía desde el siglo XVII y que en el siglo XX ya pasa a formar parte de la cultura latina, negra y LGTB. Como explica posteriormente Philip Core, el Camp es el heroísmo de la gente que no iba a ser héroes. Más adelante es Susan Sontag la que teoriza acerca de este término. Determina el Camp en 58 notas y de forma resumida, se trata de una estética en el que importa el nivel de artificio y es una forma de entender el mundo como un fenómeno estético y requiere un campo artístico donde pueda haber sacrificio de contenido para dar paso a la estética y al estilo.
Es una estética teatral, exagerada y larger than life la cual sirve para fusionar “bajas culturas” con culturas elitistas y también sirve para celebrar frente a las crueldades del mundo que trivializa.

Boceto para el proyecto LBD.
En tu exposición individual en la galería Lapanera abriste un espacio íntimo que funcionaba casi como un taller reconstruido con notas, bocetos y apuntes, como una suerte de archivo conceptual. ¿Qué buscas transmitir al poner en diálogo el proceso con la obra final, y cómo crees que eso modifica la forma en que el público se acerca a Little Black Dress?
Aunque es cierto que mi principal técnica es el bordado, es mi forma de plasmar toda la investigación y este archivo conceptual; el proceso es fundamental para mis obras finales y siento que da una lectura más abierta y permeable.

Apuntes y bocetos para el proyecto LDB Espacio de taller dentro de la exposición Little Black Dress en Lapanera.
El bordado es un elemento central en tu trabajo, cargado de memoria y significado. ¿Qué te atrae de esta técnica y en qué soportes o materiales te sientes más cómoda trabajando para transmitir tus ideas?
Lo que más me atrae es precisamente su carga de memoria y significado, conecta con las partes más cotidianas de la vida que son para mí las más importantes y significativas. Los materiales que más cómoda me hacen sentir son bastante clásicas: un bloc de dibujo, tela y aguja.

Mujeres retorcidas. 1,50 x 6 metros. Bordado con hilo de algodón, hilo sintético y lana en tela de algodón.
En proyectos como “Hay un bebé mirándome” planteas cómo aprendemos patrones desde la infancia. ¿Qué te aporta, como artista, pensar la construcción del cuerpo y la identidad desde una mirada intergeneracional?
La mirada intergeneracional viene de mi curiosidad por las relaciones madre-hija; la relación con mi abuela materna no es la mejor por así decirlo, y la relación entre mi madre y su madre no es buena. Creo que por eso siempre me han interesado la mirada intergeneracional, para bien o para mal, son relaciones extremadamente complejas e importantes; además es una forma de entender las relaciones entre mujeres, las cuales creo que son muy complejas. Pensar construir el cuerpo también creo que es algo intrínsecamente muy femenino: siento que todas en algún momento nos observamos (y nos criticamos duramente) por partes, casi a modo de Frankenstein. Todo viene siempre de mi intento de entender las cosas y el mundo a mi alrededor.

Detalle de la obra “Mujeres retorcidas”, 1,50 x 6 metros. Bordado con hilo de algodón, hilo sintético y lana en tela de algodón.
Has explorado el uso de proyección audiovisual junto con bordado en instalaciones. ¿Qué te aporta ese cruce entre lenguajes y cómo eliges integrar tecnología o imagen en movimiento en tu obra?
Recuerdo que el primer lenguaje que me impactó fue la animación y desde siempre me ha gustado y de una forma sencilla creo que todo arte aunque sea una imagen en un lienzo, un bordado en una tela algo aparentemente estático; mis imágenes vienen de gente, películas, música, etc. Al cruzar estos lenguajes es un recordatorio de donde parte la imagen supuestamente final.

“¡Prepárate para tu cita!”, fotograma de “Make-up tutorial film, 1960.
Para terminar nuestra charla, me encantaría que nos contaras qué te llevó a participar en Mujeres Mirando Mujeres y qué significa para ti formar parte de este proyecto desde tu lugar como artista.
Conocía el proyecto MMM desde hace un tiempo y siempre me ha parecido interesante tener una voz que no sea la del canon para el arte. Cuando me dijo Elena de participar le dije que sí de una; a Elena le digo que sí a todo.
Elena García. Bio MMM.
Francisca Rubio Wenk. Bio MMM.



