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Yolanda Santamaría: He aquí la esclava

MONTAÑA HURTADO
mirando a
YOLANDA SANTAMARÍA

La función social que históricamente se ha atribuido a la mujer, su tradicional papel de ama de casa, cuidadora y madre, y la manera en la que se construyen los roles de género durante la infancia centran el trabajo de Yolanda Santamaría.

Nacida en Burgos en 1992 y formada en bellas artes en Salamanca y Valencia, esta artista se mueve entre la pintura, el grabado y la instalación y es integrante, junto a Alsira Monforte, Paula Valdeón Lemus y Karent Justiniano, del colectivo (de)Construcción del hogar.

Su obra toma como punto de partida los colores, las imágenes y los objetos que contribuyen a crear la desigualdad de género, dentro y fuera del espacio doméstico, y se apropia de ellos transformando su significado con una fuerte carga crítica y un punto de humor e ironía.

Sin duda, su principal fuente de inspiración procede de la religión católica, que, especialmente durante la etapa franquista, logró imponer, con todos los medios a su alcance, un modelo de (buena) mujer al que todas las niñas debían querer aspirar. La figura de la virgen María, que se presentó a sí misma como esclava, era repetida hasta la saciedad en estampas, calendarios y libros, y representaba un ideal perverso que transmitía a las mujeres que la maternidad y la obediencia debían estar por encima de todas las cosas.

¿En qué momento la temática de tu producción artística empieza a centrarse en torno a la mujer?

En el último curso de la carrera me centré en el tema pop, y empecé a pintar escenas de películas que veía y me inspiraban. Uno de estos trabajos partió de una película de serie B que planteaba que las mujeres solo tenían tres papeles a lo largo de la historia: puta, madre o monja.

No obstante, lo que supuso una verdadera influencia en la dirección que tomó mi obra fue un libro publicado a mediados de los años cuarenta que encontré en casa de mi abuela y que pertenecía a mi tía.

El libro se llamaba “Normativa de urbanidad para niñas” y trataba sobre cómo debían comportarse las niñas. Tenía dos apartados, uno sobre la niña buena y otro sobre la niña mala, y estaba cargado de referencias a la religión católica. Este libro me sirvió para empezar a enfrentarme a este tema de por qué las mujeres tenemos que sentarnos bien en la mesa, recibir a las personas de una determinada forma, no podemos salir a la calle sin vestir adecuadamente, no podemos bailar con cualquiera porque eso nos puede perjudicar socialmente…

Todo esto coincidió con el despegue en España de todos los movimientos sociales en torno a la mujer. Las mujeres seguimos trabajando menos que los hombres con jornadas laborales más reducidas porque tenemos que cuidar de los hijos, cobramos menos, hay muchas cosas que siguen ahí. Por eso también era una tema quería trabajar.

 

¿Cómo influye la religión en tu obra?

En el caso de la religión, la influencia parte de que la familia de mi padre es bastante católica, aunque luego no es algo que se refleje en la vida diaria porque algunos de mis tíos están divorciados, pero tengo dos tías que son monjas y sí es cierto que en mi familia hay mucha tradición de estampas religiosas.

Por ejemplo, mi abuela nunca tiraba ninguna imagen de la virgen, ni siquiera los calendarios que llevaban imágenes de la virgen. Tiene acumuladas bastantes estampas de vírgenes, hasta el punto de que en su casa cogías una revista y salían estampas todo el rato. Para mi abuela un cristo no era tan importante pero la virgen sí, es algo muy consagrado para ella. Yo entiendo que es porque para ella la virgen era la representación de lo que debía ser una mujer, una buena mujer.

Por otra parte, España, a pesar de ser un país laico, es un país que todavía hoy está muy influenciado por la religión católica en muchos aspectos de la sociedad. Lo vemos por ejemplo en muchas de las festividades que celebramos, pero también hay otros aspectos que quizás no parezcan tan evidentes y la maternidad y la función social de la mujer como ama de casa son algunos de ellos.

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¿Cómo te enfrentas a aspectos como el matrimonio dentro de tu trabajo?

El matrimonio me interesaba por lo que tiene que ver con la religión, que nos impone de alguna manera que la familia está integrada por un padre y una madre, pero en mi caso, yo soy hija de padres divorciados. Mi madre me crió y cuando yo tenía diez años se volvió a casar, por lo que puede decirse que tengo dos padres. No tengo una familia convencional, pero tampoco muchas personas de mi entorno tienen familias convencionales.

Esa construcción de que el matrimonio integrado por un hombre y una mujer es la base de la familia unida para mí no tiene sentido. Y además es un sacramento de la religión que tiene que ver con la servidumbre, para el que nos preparan desde la infancia. Los vestidos de comunión de las niñas son vestidos de novia y a mí eso me ha llamado siempre mucho la atención.

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La infancia también tiene una gran importancia en tu obra.

Para mí es muy importante la etapa de construcción del género que se da en la infancia. Tengo una obra que es una casita de muñecas que refleja los roles que se generan dentro. La construcción del género surge dentro de la casa, a partir de la repetición de los roles de nuestro entorno. Si tú creces viendo que en tu casa es tu madre la que se levanta a fregar los platos o a limpiar el baño ya sabes que tú también vas a hacer lo mismo y luego eso lo vas a reflejar en la sociedad.

En mi casa, cuando llega la navidad por ejemplo, las que se levantan a recoger los platos son mis tías, mis tíos se quedan sentados y ahora también nos levantamos las más jóvenes, mientras que los chicos se siguen quedando sentados. Ahora decimos o escuchamos que en casa todos somos iguales, que todos nos encargamos de las tareas por igual, pero estos detalles muestran que al final no es verdad.

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¿En qué consiste tu proyecto He aquí la esclava?

Es mi proyecto de fin de máster y el título completo es “He aquí la esclava del señor, hágase en mí según tu palabra”, que es la frase que según el evangelio de san Lucas (Lc 1, 26-38) pronuncia la virgen cuando el arcángel Gabriel le anuncia que se va a quedar embarazada.

Para mí esa frase es el reflejo de todo, de la voluntad de la mujer para convertirse esclava de la sociedad y la mayor expresión de esclavitud o servidumbre es convertirse en madre. Si no hubiera sido madre, la virgen no sería alguien importante, habría pasado desapercibida.

A partir de ahí investigué la trayectoria política de España y me centré en la etapa franquista y la educación católica en España, trabajando a partir de estampas y libros de la época, como el que he mencionado antes…

Al final, el proyecto evolucionó y se amplió hacia el papel histórico que ha tenido la mujer más allá de la etapa franquista, el rol que se le ha asociado de cuidar, relacionándolo con la construcción del género y la construcción del género en la infancia. También me ha influido mucho la iconografía católica, la representación de la virgen y la Inmaculada que veía en casa de mi abuela. Fue una mezcla de todo eso.

El proyecto tiene varios apartados. Uno hace una revisión histórica del papel de la mujer, otro se basa en escritos de la biblia, fragmentos que no me había dado cuenta de que existían y que tratan sobre la mujer y por último, también hay una parte que trata sobre la construcción de género en la infancia y cuál es la repercusión de esa construcción en la sociedad, que es bastante binaria para mantenernos ordenados.

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¿Cuáles son las técnicas que utilizas en tu obra?

Podríamos resumirlo en tres técnicas: pintura, grabado e instalación. Empecé en el mundo de la pintura. De hecho, cuando acabé el grado de bellas artes siempre me había dedicado a la pintura. Después me fui a Valencia a estudiar el máster y me encontré con la situación de que no tenía un estudio para pintar. Allí, por azar, descubrí el mundo del grabado, que me gustó mucho, y también la instalación.

Desde entonces mi obra viaja siempre entre esos tres mundos, aunque en realidad siempre se enmarca dentro de lo pictórico, aunque se trate de una instalación, porque siempre parto de este punto de vista.

Esto se ve bien en algunas de mis obras como “Normativa de vestimenta”. En lo que se refiere al grabado, trabajo mucho la litografía y también técnicas de tendencia pop como la serigrafía. En las instalaciones incluyo con frecuencia objetos usados sobre todo relacionados con el mundo del hogar, como delantales o cucharas y en el grabado y la pintura me centro mucho en la fotografía encontrada y la imagen religiosa.

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Como mujer artista, ¿qué dificultades te has encontrado en el mundo del arte?

Las veo en premios y convocatorias y da mucha rabia. Te voy a poner un ejemplo. Hace poco fui a una convocatoria de una feria de arte, en la que seleccionaban a dos artistas. Estábamos seis mujeres y dos hombres y yo le dije a una compañera que de los ocho que estábamos seguro que salían los dos hombres, o como máximo un hombre y una mujer y fue así. La mayoría éramos mujeres y lo puedes ver como una coincidencia pero siempre pasa, siempre es así.

Cuando estaba en la carrera, de 150 personas matriculadas más del 70% éramos mujeres, pero al final quien prospera en el mundo del arte son los hombres. No sé si porque se espera de ellos que van a tener una trayectoria profesional más grande o porque se siguen escuchando cosas como que los hombres trabajan mejor y pintan mejor porque tienen más fuerza y más garbo y las mujeres somos más sensibles…

¿Cuáles son tus referentes femeninos?

Uno de mis referentes más importantes es Louise Bourgeois, sobre todo su trabajo con grabado más que la obra escultórica a pesar de que es preciosa. Annete Messager también me gusta mucho, especialmente sus trabajos de los años setenta…

El proyecto Woman House de Judy Chicago fue lo que más me influyó para empezar a hacer instalación y animarme a ocupar el espacio. Fue una iniciativa que me encanta, especialmente por su interés de ocupar el hogar o sobre todo de dar su visión de lo que era el hogar para ellas.

Carmen Calvo para mí es un referente clave. La descubrí en Valencia y me encantó. Y en cuanto a referencias más teóricas también está Judit Butler. Ahora también estoy releyéndome La mística de la femineidad que me ayudó mucho en el trabajo fin de máster.

Además de tu trabajo en solitario formas parte del colectivo (de)Construcción del hogar junto a otras tres artistas.

El colectivo lo integramos cuatro artistas. Dos de ellas, Alsira Monforte y Paula Valdeón Lemus, estudiaron conmigo bellas artes en Salamanca. Las tres trabajábamos en aspectos diferentes pero relacionados: Paula sobre la memoria y Alsira sobre la infancia, el hogar y la familia, y yo con la función social de la mujer y la visión del hogar como una celda.

Nos pareció buena idea juntarnos y pronto nos dimos cuenta de que era mucho más fácil movernos a nivel artístico las tres juntas que por separado. Cuando llevábamos dos años se unió Karent Justiniano, que estudió bellas artes en Madrid y en Valencia el máster con nosotras. Ella trata el hogar como un nido, desde el concepto de habitar.

Ahora estamos un poco paradas porque algunas compañeras están en residencias, pero lo que queremos intentar es empezar a hacer obra conjunta porque en todas las exposiciones que hemos tenido hemos vinculado nuestras obras porque se vinculan muy bien en el espacio pero queremos hacer obra conjunta para sacarle más jugo.

El colectivo parte de la idea del habitar y de deconstruir el espacio que es el hogar. Trabajando desde la morada y la infancia, partimos hacia un nuevo imaginario donde cada una experimenta en el hogar diferentes actitudes.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Actualmente estoy trabajando con la infancia que es para mí la etapa de formación del género. El género es una identidad construida con el tiempo, que se basa en actos repetitivos y crea un yo permanente. Dichos actos se han vinculado históricamente a cada género, delimitando una bipolaridad dentro lo masculino/lo femenino o el hombre/la mujer. Como consecuencia de este binomio los aspectos más negativos se han absorbido por el género femenino.

La maternidad, se vincula directamente con la naturaleza del sexo de la mujer y le asigna el papel de cuidadora y madre. A partir de esta idea uso mi infancia o la infancia de «todos», para hablar de la construcción del género, a través del color Rosa/Azul, los juguetes o otros ejemplos como los pendientes en las niñas. Por supuesto sigue incluida la critica a la Iglesia católica y su vinculación con heteropatriarcado, ya que forma parte de nuestro colectivo culturalmente y socialmente.

En cuanto a la religión, estoy empezando una temática más crítica con el imaginario, a partir de referencias a altares, reliquias… generando reliquias de aspectos que son partes del sistema heteropatriarcal en el que vivimos. Además, continúo realizando obra con utensilios del hogar, y he empezado a rescatar muebles para generar espacios, interactuando dentro de ellos, generando obras más instalativas.

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© Yolanda Santamaría. Web. Bio en MMM
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