Sofía Estévez. La vie en Rose



Carmen Dalmau MIRANDO a Sofía Estévez


 
Sofía Estévez (Buenos Aires, 1992) es una artista que puede incluirse en unas generaciones para las que la frontera entre mundo virtual y mundo físico se disuelve. Intuyen, como en Matrix los habitantes de Sion, que las leyes naturales quizá no rigen del mismo modo en el mundo ilusorio, pero que la percepción de los límites del mundo real está mutando. Su adaptación al medio es una adaptación a las nuevas tecnologías, a la apropiación del conocimiento a través de los medios digitales y a la socialización a través de redes sociales. Este nuevo mapa conceptual viene construyendo sus patrones de comportamiento de manera sigilosa y silenciosa desde la última década del siglo pasado.

El historiador Eric Hobsbawm sitúa en 1.991 el fin del siglo XX, tras el colapso y desplome de la Unión Soviética, por tanto Sofía ha ido viendo forjarse un nuevo paradigma según ha ido creciendo. Como artista sensible y observadora de la realidad, realiza un ejercicio de interpretación de los cánones de belleza, patrones de comportamiento relacionales y el cuestionamiento de la igualdad sexual entre hombres y mujeres que se presupone liberado del lastre de generaciones anteriores.

© Sofía Estevez | Carmen Dalmau | Mujeres Mirando Mujeres | MMM17

Sofía

Pero Sofía, sin bajar la guardia, nos desvela que presumiblemente ahora más que nunca, los moldes previos constriñen y condicionan el comportamiento de las niñas y adolescentes, con rígidas exigencias de apariencias imposibles. Muñecas hinchables y mujeres liberadas al mismo tiempo.

Ha visto el mundo mediatizado desde las imágenes que le llegan a través de pantallas de teléfonos móviles, ordenadores, televisores. Con motores de búsqueda desde sus pantallas digitales acumula, devora, se apropia y manipula el magma de imágenes de la red Internet. El resultado es un alud iconográfico, que con criterios de antropóloga y arqueológicos, organiza sin jerarquías aparentes para crear su singular cosmogonía.

El rosa es su color. Color que simboliza el triunfo del carácter femenino romántico, sensible y amable. Como el color de Barbie y de Hello Kitty. Punk que trastoca el negro por el Pink. Esta saturación de la vie en rose, con un toque reivindicativo del kitsch y del arte popular, permite cuestionar los estereotipos de los supuestos atributos de las cualidades femeninas de inocencia, pasividad, suavidad y dulzura, aun dominantes en los objetos y juguetes para la educación de las niñas o en las revistas pensadas para las adolescentes.

Y en este nuevo modelo, donde los filtros y contenciones de la publicidad y el consumo parecen estar desapareciendo, las niñas aun quieren seguir siendo princesas. Porque a las niñas se las exige ser guapas, y las princesas de los cuentos lo son. Porque las princesas llevan coronas, varitas mágicas, son dulces y pasivas y encuentran príncipes azules.

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Quiero ser guapa

Su proyecto Quiero ser Guapa recoge todos estos estímulos del imaginario colectivo que va armando y modelando el cuerpo y el carácter de la mujer. Ninguna conquista es permanente aunque las primeras sufragistas parezcan ya muy antiguas y olvidadas.

Quiero ser Guapa tiene una cara oculta: Quiero ser Guarra. Las pink ladies japonesas. Los modelos son múltiples y cada vez más exigentes, la fantasía sigue operando para conseguir mujeres que sean princesas de día y putas de noche, belles de jour.

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Quiero ser guarra

El brebaje que nutre a las chicas con pautas de belleza, moda, amor, sexo, éxito, dinero, se convierte en una bomba de relojería a punto de estallar.

 

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