© Rocío Verdejo | Isabel Lázaro | Presentaciones | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Rocío Verdejo, la creadora de historias

ISABEL LÁZARO mirando a ROCÍO VERDEJO

En una edición anterior de Mujeres Mirando Mujeres presenté el trabajo de Rocío Verdejo con motivo de su serie Crashroom, que presentábamos en ese momento en Art Madrid y que me pareció tan idónea como necesaria por su temática y tratamiento. La violencia de género trabajada desde el respeto y la sutileza pero sin perder un ápice de dura reflexión, tan útil como inevitable. Ya en aquel momento llena de simbolismo y reflejos de una escena más allá, de un frame oculto y previo que es el mismo espectador quien lo dota de significado y presencia en su propia mente.

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Crashroom

Unos años después no puedo evitar seguir apoyando el trabajo de Rocío Verdejo por su honestidad y por el entusiasmo con el que trabaja cada proyecto y que nos hace trabajarlo a su lado desde nuestra galería. Sus propuestas pasan un proceso de germinación inicial que desemboca en un flujo de trabajo tan enriquecedor para quienes lo observamos como para todos los agentes que participan. El equipo de producción al completo, los modelos, todos se imbuyen de esa idea inicial que ha germinado en su mente y en su historia realizando un trabajo de equipo y de crecimiento personal como profesional.

De ahí que me parezca especialmente interesante volverla a presentar, con motivo esta vez de su nuevo proyecto La alegoría de la memoria, en el que a su vez ha implicado a otra autora que me fascina y con la que compartimos circunstancias personales como profesionales tanto Rocío como yo. Esta es Lola Guerrera, artista de las instalaciones florales más impactantes que he podido disfrutar y de un manejo de la fotografía tan personal como llena de matices.

Las tres compartimos el hecho de ser mujer, algo que no tiene mucho mérito por sí sólo, ya que nos viene dado pero se trabaja en el día a día y más en un medio cultural, donde parece que todo implica un plus de esfuerzo. Las tres somos madres y desde que lo hemos sido, nuestra ya difícil vida laboral, por el hecho de serlo, ha cambiado los ritmos, aunque no las capacidades ni las implicaciones. Las tres nos adaptamos a esta nueva situación como tantas otras mujeres, de la mejor manera que hemos sabido hacerlo y nos apoyamos entre nosotras, ya que esta tiene que ser una herramienta para el cambio en muchos sentidos, o así lo hemos vivido al menos hasta el momento.

Volviendo a Rocío Verdejo, me parece especialmente interesante el volver a presentarla tras su maternidad, con un nuevo proyecto que bebe de su memoria, de su falta de memoria y de un trabajo previo lleno de incógnitas. Una fase previa de este proyecto se presentó en el Aparador del Museu Joan Abelló en Mollet del Vallès en el que se hacen llegar una serie de dudas al espectador en forma de sobrios cajones de luz que vehiculan una serie de dudas que sondean a Rocío desde su adolescencia sobre recuerdos que una enfermedad sacó de su memoria. Preguntas que podían parecer sencillas o incluso anecdóticas pero que demuestran la fragilidad de la memoria y la creación del individuo a través de los recuerdos.

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Proyecto presentado en el Aparador del Museu Joan Abelló en Mollet del Vallès

Tras ese trabajo más conceptual y menos fotográfico vuelve la Rocío creadora de escena, en este caso una escena alegórica y tan sutil como nos tiene acostumbrados en sus series anteriores pero más minimalista, más austera y sobria. Este nuevo proyecto destaca con una clara intención por ir más allá de las historias en las que nos introducía con sus imágenes, más madura, más pausada e incluso podemos decir que más reflexiva. Un paso hacia la universalidad de una figura alegórica femenina que se personaliza como la memoria, una mujer sin aditivos ni artificios ataviada únicamente por una tela traslúcida de color crudo tan sutil como sus movimientos dentro de esa volátil tela. La mujer recibe las vivencias que transforma en recuerdos en forma de flores y ramas que florecen y caducan en escena. Los florales recuerdos, frágiles y fugaces, presa del paso del tiempo, se desarrollan en la imagen como la propia figura femenina, compartiendo protagonismo.

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La alegoría de la memoria

La serie está formada por cuatro imágenes en las que la figura femenina sitúa, juega y sufre el impacto de esos recuerdos naturales que la acechan en forma de flores o espinosas ramas, demostrando la ambivalencia de los mismos. Desde los recuerdos agradables, maleables y positivos que van marchitando al paso de las horas, al impacto de ramas que simbolizan recuerdos que irrumpen violentamente contra una mujer que fuerza su postura para evitarlos, de forma imposible, forzando su propia elasticidad para el inevitable final de sufrirlos. Recuerdos a los que cuida y sitúa en escena tiernamente o que caen sobre ella como una lluvia dolorosa.

Estas delicadas imágenes llenas de simbolismo y lecturas diversas, se completan con un arreglo natural que crea una instalación-escultura en la sala que va mutando con el tiempo. Una instalación que se nutre del momento y que será diferente siempre que se visite, alegando a la mutabilidad de los recuerdos con el paso del tiempo. Algo tan necesario como inevitable y que pone de manifiesto Rocío en sus fotos y en su proyecto completo de video, fotografía e instalación. Sus proyectos, como siempre, van más allá de la imagen jugando con atrezzo y haciendo participar al espectador con su propio recorrido.

© Rocío Verdejo. WebBio en MMM
Isabel Lázaro. Web. Bio en MMM

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