martes, enero 22, 2019
    © Pilar Albarracín | Mila Abadía | Mujeres Mirando Mujeres

    Pilar Albarracín. Recodificando estereotipos capa tras capa

    Mila Abadía MIRANDO a Pilar Albarracín

    Impactante, potente, sin falsos edulcoramientos, crítica, irónica pero sobre todo, vibrante, así me llega la obra de Pilar Albarracín (Sevilla, 1968).

    Lo político y lo social siempre presente, una creación libre de prejuicios que clama contra las desigualdades sociales, contra las estructuras de dominación, contra la violencia de género y en pro de la libertad de pensamiento.

    Vídeo, fotografía, instalación, performance, escultura, dibujo o bordados son herramientas que Pilar Albarracín utiliza para plantear su visión sobre aquellas preguntas que se hace en relación con lo que le rodea.

    O sobre si, enfrentándonos a la idea de identidad, como cuando en “Se busca” (1997) reflexionaba sobre la búsqueda de la propia identidad.

    Se busca. 1997

    La potencia del color, el rojo captando la atención, sirve como generador de mil emociones, rojo como la sangre, elemento fundamental de su obra que Albarracín nos pone delante sin reparos, como parte natural de la vida que es.  Lo hace en ” Lunares”  (2004) con traje de faralaes completamente blanco que se va llenando de lunares al teñirse con la sangre que le brota al pincharse con alfileres.

    En sus performances y acciones nos habla de aquello que le alcanza, cuestiona conceptos como nación y cultura apropiándose de los tópicos que han quedado en la memoria colectiva, la imagen de España que nos transmitieron desde el franquismo y a la que ella da la vuelta, haciéndonos girar la mirada hacia lo que realmente es, una parte de nuestra historia, de nuestras raíces.

    Así, en “Viva España” (2004) la artista, abrigo amarillo y medias negras, bellísima, recorre Madrid perseguida por una banda que toca una y otra vez la canción patria por antonomasia.

    © Pilar Albarracín | Mila Abadía | Mujeres Mirando Mujeres

    Viva España. 2004.

    La artista cuestiona esa rancia noción de feminidad que convierte a la mujer en pura mercancía, los roles sociales que nos vienen impuestos, y lo hace como ella sabe, tirando de ironía y conviertiendo su obra en una tragicomedia que nos atrapa y enamora.

    Las múltiples lecturas que desvelan sus obras nos permiten desentrañar sus piezas poco a poco, hasta llegar al elemento distorsionado, y lo hay, siempre lo hay.

    Me llama la atención “Revolera” (2012), me cuenta mi padre que una revolera se da cuanto “el torero se pasa el capote de una mano a otra haciéndole dar una vuelta completa a su alrededor haciendo que el toro siga a la tela y giré a su vez”.

    La puesta en escena pasa por la artista vestida de flamenca tumbada en la cama  fuma un cigarro con cara de placidez, supongo yo que tras haber mantenido relaciones sexuales,  a su lado, un toro de mirada altiva  Tópicos muchos, la flamenca ¿sometida?, la fuerza  bruta, el orgullo ¿patrio? el toro, el toreo, capa tras capa para descubrir lo que hay en el núcleo, y me pregunto ¿quien le ha hecho la revolera a quien?

    Que su obras no deja indiferente es evidente ¿y quien mejor que la propia Pilar para hablarnos ella?….

    Si no voy mal has dicho que la disciplina te la desvela la obra, aún así, perfomance, vídeo, fotografía, bordado,dibujo ¿hay alguna disciplina en especial que te genere más creatividad o una mayor explosión de sentimientos?

    En realidad, es el proceso en si mismo lo que me lleva hacia una u otra, no es igual dibujar, preparar el bordado o hacer una instalación que trabajar con el cuerpo en una acción, es muy diferente en si misma.

    Yo disfruto mucho haciendo un dibujo pero es un trabajo a más largo plazo, hasta que llegas al resultado final pasas por muchas fases y muchas emociones, sin embargo la emoción que estás sintiendo cuando estás haciendo una performance o una acción en directo es diferente, mucho más fuerte, más intensa.

    No es que sea mayor sino distinta, el resultado del proceso de bordado de dibujo o de bordado lo tienes al final, con la obra acabada después de muchos días de trabajo, de la misma forma ocurre en las acciones para vídeo, el día que la desarrollas se producen sensaciones, mientras que cuando la editas es cuando empiezas a darte cuenta de todo lo que ha generado.

    La ironía, el humor, y la crítica son fundamentales en tu trabajo ¿y la belleza?

    Creo que es perfectamente compatible trabajar temas que a mi me interesen, que sean fuertes, trabajarlos con una dosis de humor y acercarme al tipo de belleza, estética o de formalización que a mi me gusta, me parece más completo.

    En muchas de tus perfomances llamas a la participación de personas anónimas con lo que supone de generación de energía ¿que implica para ti esa sensación de pertenencia a la colectividad?

    A mi me encantan tanto las acciones que después se recogen en vídeo como otras que después no se ven pero que están ahí, en la propia obra. Hay piezas en las que han participado muchas personas, como en los mandalas, cuando me envían las bragas… me parece super interesante, y evidentemente la energía del grupo está ahí, en la propia pieza, a mi me toca ser parte del grupo y ser también la organizadora y la canalizadora de esa presencia.

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    Mandalas

    Cuando en los noventa el SIDA hacía estragos, llevas a cabo la serie de performance Sangre en la calle (1992) distintas localizaciones, cambios de vestimenta, horas diversas ¿cuál era tu pretensión con esta creación? ¿cómo percibiste la respuesta de los viandantes?

    Yo creo que a veces los artistas recogemos en las acciones o las performances  experiencias o cosas de nuestro contexto más cercano, a nivel personal o a nivel del que recibimos del entorno, como la tv, los mass media.. tomamos lo que hay en el ambiente. “Sangre en la calle” surge de un conjunto de preocupaciones que a mi me llegaban por distintos cauces y que de alguna manera yo refundí en esta acción. Hablaba de la vulnerabilidad pero también del poder de un elemento como la sangre que ya había utilizado en más ocasiones.

    Lo cierto es que la reacción de la gente es muy distinta cuando se ve hoy día, hay que verla desde la perspectiva de entonces, en aquel momento había un montón de atentados, ETA estaba en la mente de todos, además en Sevilla se celebraba la Expo.  Todo el mundo estaba muy asustado, se oía continuamente que iban a poner una bomba, y luego estaban aquéllas campañas tan polémicas sobre el SIDA. El significado era otro, la gente se asustaba, incluso le daba muco asco la situación. De hecho, en todas  en todas las acciones que hice solo se acercaron dos personas.

    Fue mi triste, terminé bastante mal, me daba mucha tristeza observar ese comportamiento.

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    Sangre en la calle. 1992.

    La sangre convertida ya uno de los elementos principales de tu obra, en “Lunares” (2004) el lunar exterioriza el dolor interno, el sacrificio, ¿es también un símbolo de la lacra que es la violencia contra la mujer?

    Lo bueno que tenemos los artistas es que es posible que dentro de cada obra convivan diferentes lecturas, que se pueda hablar de la mujer, de la violencia sobre la muer, de cómo vivimos las situaciones violencias, no solo la violencia machista, sino también la propia vida como una maquina de violencia, que hace que te brote la sangre.

    Si piensas en las folclóricas, en sus canciones siempre hablan de penas, cosas desgarradoras, es un poco vestirte con esa pena que todos, en general, llevamos dentro, ellas exteriorizaban esa pena íntima con sus actuaciones.

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    Y el bordado ¿porqué es tan importante en tu creación? ¿es una manera de reivindicar la historia andaluza?

    Utilizo el bordado desde la primera exposición, había bordado como había fotografía, dibujo, instalación, video, desde el principio comienzo a trabajar de manera multidisciplinar, es parte de mi trabajo. He dibujado mucho a través del bordado, concretamente en Marinera y otras de la misma serie he trabajado la fotografía intervenida con bordado.

    Por un lado está el hecho del uso del propio lenguaje conectado a lo andaluz o al tópico andaluz “casi representativo de lo español”, en cualquier caso parte de nuestra historia. También se conecta con dar valor a las actividades asociadas a las mujeres como la costura.Traspasar y romper esos tópicos de forma ordenada, de darle otra dimensión a la idea.

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    Sin Título (Mujer con Jarrón). 2009

    Tu obra Revolera (2012), ¿se puede entender como una crítica a  esos valores decadentes y absurdos pero por desgracia tan vigentes, donde se da pábulo a la idea de preponderancia del varón?

    Dentro de las posibles lecturas, evidentemente hay una lectura que habla del Minotauro, de lo masculino, para mi es muy difícil ver esa obra y no acordarme del Minotauro, aunque por otro lado hay una visión de qué es lo que se espera de las mujeres, cuando el espectador o la espectadora mira la obra con quién se identifica cada uno. Es un espejo con trampa.

    ¿Cuál dirías que es tu obra más feminista?

    El feminismo está en mi obra en general, en toda mi trayectoria. Si tengo que decir una, diría que presenté en Centro de Arte Contemporáneo de Sevilla la exposición “100%”, Mujeres. Habla de la sexualidad de la mujer. Son retratos de transexuales, fue un encargo e hice unos retratos de siete transexuales que iban montados sobre espejos, tu mirabas y todos los ojos estaban alineados a la mismas altura, y veías esa línea de miradas, miradas valientes, querer ser mujer por encima de muchas cosas, qué más se puede pedir, qué hay más feminista que querer ser mujer!

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    Mujeres. 1993

    Nos guste o  no reconocerlo, cada día dejamos que la desigualdad y la violencia se produzcan una y otra vez, escondemos la cabeza en fórmulas de vida consumista y egoísta, como artista ¿crees que tienes una mayor responsabilidad a la hora de evidenciar esas lacras y cómo nos mantenemos al margen?

    Todo el mundo tiene responsabilidad pero es verdad que las personas que por nuestra profesión o nuestra situación tenemos la oportunidad de llegar a más gente, tenemos mayor responsabilidad, en tanto podemos demostrar que estamos ahí, poniendo en evidencia lo que la sociedad demanda a esa gente que a veces le cuesta un poco más. Es importante que la gente sienta que no está sola y que hay muchas personas luchando desde muchos sitios diferentes, que no es una lucha particular sino una lucha conjunta.

    A mi no me vale de nada que yo consiga las cosas si hay mujeres, o personas de otros colectivos minoritarios a quienes les es imposible conseguir sus objetivos.

    Una responsabilidad que, estoy segura, tenemos muy en cuenta todas las participantes de Mujeres Mirando Mujeres, muchas de ellas, me consta te tienen muy presente, muchas gracias Pilar, por una conversación tan especial.

    Os aseguro que se puede estar horas hablando con Pilar Albarracín, de su obra, del mundo, de la vida, de lo humano, de cómo somos, de lo social, de lo cultural, mil temas que espero podamos tocar en otra ocasión.

    La cabra. 2001.

    Asnería. 2010.

    Serie Bordados en Guerra, 2016

    © Pilar Albarracín. Web

    Mila Abadía. Web

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