Núria Rion, memoria y paisaje



Guiomar Sánchez MIRANDO a Núria Rion

 

El paisaje nos atrapa. Miramos la naturaleza y al hacerlo, la cambiamos. La convertimos en algo narrativo que tiene sentido y fuerza. Nos cambia, ella a nosotros, a su vez. Desde ella vemos los vestigios de un pasado que todavía nos es presente y que nos relaciona con la humanidad predecesora y nos hace reflexionar, quizás, hacia qué futuro vamos.

Así son las obras de Núria Rion, artista multidisciplinar que utiliza la naturaleza, combina el paisaje, mueve las piedras, experimenta la roca y remueve la tierra, en un contacto directo y apasionado con las raíces de la vida.

El pasado y la memoria se hallan en el presente de las obras de Núria Rion. En palabras de la propia artista, especialmente lo apreció cuando se fue a Reino Unido con una beca Erasmus, en 1999. Te llevas lo esencial en la maleta, y ella eligió unas fotografías de retrato de sus abuelos, ya fallecidos. Se dio cuenta que trabajaba con esas fotografías junto con dibujos que hacía allí, y su obra es eso: la experiencia aunada a la memoria, creando un relato de vida, de su vida en este caso, pero de la vida de la naturaleza y de la humanidad por el otro.

Técnicamente ha ido cambiando y evolucionando, sobretodo en materiales y herramientas, pero el trasfondo, el eje vertebrador, siempre ha sido la memoria, porque es algo que, según ella, “es lo que nos construye.” Vemos por ejemplo como en Estrats –estratos- (2010) trabaja directamente con el material, con la propia naturaleza. Experimentando con óxidos y materiales corrosivos, ácidos y disolventes que, una vez secos, crean –en palabras de Rion- ‘accidentes’ sobre los que luego dibuja o pasa a papel, mezclando la mano humana con lo fortuito de la naturaleza.

© Núria Rion | Guiomar Sánchez |  | Presentaciones | Mujeres MIrando Mujeres | MMM18

Estrats, 2010

Otro ejemplo del trabajo sobre la naturaleza misma lo encontramos en Translate. Traduïr, traslladar, para el proyecto Tentaciones, en 2010, de la Feria de arte contemporáneo Estampa, en Madrid, en el que realizó un mapa con la toponimia de los lugares: los nombres de las montañas, las cimas y las rocas, como una cartografía de la memoria natural. Lo hizo partiendo de una investigación previa consistente en crear un archivo de la memoria oral de Cogullons, un pequeño pueblo cerca de Montblanc, Tarragona. Hablando con las personas que lo habitaban, fotografiando bosques y caminos, para dejar constancia de esta vida rural que está desapareciendo. Con ello quería trasladar un espacio físico a un plano, la historia archivada y eterna de la piel de la naturaleza.

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Transale. Traduïr, traslladar, 2010

Otra parte importante de sus trabajos, como sucede con la ya citada Translate, es la investigación. Profundizar y pisar el terreno. Es por ello que la mayoría de sus obras ocurren, en el sentido más performántico del término. Entornos naturales y de raíz casi mitológica, trabajando con la memoria del paisaje y de la humanidad. Lo vemos en la serie Vestigis –vestigios- que dio título a la exposición que presentó junto a la obra Enderroc –derrumbamiento- en el Museo de Arte Moderno de la Diputación de Tarragona en 2010. Por un lado hizo fotos de la masia familiar, que tenían que derrumbar, de ello salen fotografías que dan testimonio de la degradación y evaporación de una vida pasada; en Enderroc vemos la parte más íntima del hogar, la casa por dentro, que no evoca nuestro propio pasado; y como va desapareciendo para acabar siendo nada.

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Enderroc, 2010

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Enderroc, 2010


A Núria Rion le interesa mucho este concepto de desaparición, y es uno de los pilares sobre los que suele trabajar. En la serie Vestigis, que acompaña la exposición, la artista reconstruye la vivienda, o lo que pueda quedar de ella; una mirada arqueológica a través de dibujos e imágenes diluidas y cuarteradas, en una especie de collage superpuesto, desde donde quiere recordarnos que para renacer hay que salir del caos y la destrucción.
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Vestigis, 2010

El lenguaje que utiliza también define su obra: palabras cortas, potentes, llenas de significación, que realizan un recorrido por nuestra retina con palabras cargadas de significado.

Por otro lado, la investigación previa y el trabajo sobre el terreno es una parte importante de su obra, aunque ella prefiere llamarlo “acciones poéticas” porque es algo efímero que desaparece al instante, como leer un poema en el bosque, pero en cambio deja huella, tanto en ella misma como a través de vídeos y fotografías que realiza a modo de archivo. De esto se trata cuando en 2012 crea Rastre –rastro-.

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Rastre, 2012


Esta obra gira entorno a los vestigios que dejamos en la naturaleza y como ésta, latente y fuerte, sigue erosionándolos. Se trata de una pieza de carácter escultórico que ejerce como teorema de la ausencia. Una casa del bosque de Prades, Montblanc, es destruida y ella lo documenta, con fotografías, pero también moldeando una tela sobre una de las piezas que continúan vivas en la casa: una estantería. A través de este elemento crea una escultura; el látex y la fibra de vídrio le da este aspecto biológico, epidérmico, una obra muy matérica que se convierte en una piel, trasladando, literalmente, la naturaleza a la sala expositiva. Lo hace con Mapa d’un trasllat –mapa de un traslado-, exposición en la biblioteca de la Universidad Rovira i Virgili en 2016. En ella reflexiona sobre el poder del pasado en el presente, resignificando el concepto de la estantería en un nuevo elemento descontextualizado de la naturaleza e incluso de su forma inicial.
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Rastre, 2016

Este acercamiento a lo escultórico se acentúa para Epidermis, exposición en la galería L&B de Barcelona este 2016, en la que presentó la ya comentada serie Estrats (2010) y Forats –agujeros-. Esta última serie la ha llevado a trabajar directamente sobre la superficie de la roca, a través de agujeros de montañas, estos accidentes naturales que ella ha pasado a bronce o con técnicas de fundición y moldes, creando un registro de los agujeros, un mapa de la huella de la naturaleza.

Su último trabajo ha sido este verano de 2017 en el área natural de la Morera de Montsant, Tarragona, en colaboración con el centro ADDEND. En este caso Orografia dels totxos (orografía de los ladrillos) interviene directamente en la carena de una gran roca, el barranco de la Grallera, siendo éstas las vertebradoras de las montañas y las cadenas montañosas, como ladrillos –ladrillos de la memoria-. Trabajando directamente sobre la superficie de la roca, extendiendo una larga tela de 8 metros que, con la técnica del frotagge, iba adhiriendo las formaciones, las figuras, los accidentes geográficos a pequeña escala, creando así un relato de la propia piedra, de la propia montaña, de la propia naturaleza. La tela, llevada al espacio expositivo, la sede del parque natural, iba acompañada con fotografías de la acción como imagen de archivo y parte de la pieza.

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Orografia dels totxos

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Orografia dels totxos, 2017

A raíz de esta pieza de la Morera de Montsant se encuentra trabajando actualmente para exponer este marzo en la Sala Fortuny del Centre de Lectura de Reus.

Guiomar Sánchez Pallarès. Web
Núria Rion. Web
Imágenes Núria Rion y centro ADDEND