© Maite Ortega | María Avia | Entrevistas | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Maite Ortega: Ahondar en el pasado para recuperar partes de la historia.

MARINA AVIA mirando a MAITE ORTEGA

El 7 de noviembre de 2018 me acerqué a Tabacalera a visitar la exposición que componían todos los proyectos realizados en las residencias de “Cantera”. Recorrí la sala Estudios y me quedé prendada de una obra. Era un mural de papeles de patrones antiguos que recuerdan al papel de fumar con una frase de 1931 bordada en rojo, de las cigarreras que trabajaban en la fábrica: “Creo que las mujeres pueden aportar un buen caudal de actividades y de inteligencia a la organización”.  (Imagen destacada “Arriba Niñas”. 2018)

La foto de la obra fue directa a Instagram y al cabo de un rato la artista, Maite Ortega, me escribió para darme las gracias por compartir su homenaje a estas mujeres.

Es viernes y he quedado con Maite Ortega en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada. Nos encontramos aquí para tener una conversación en la salas donde su obra está expuesta del 10 al 29 de enero. Maite me lleva a recorrer la exposición, mientras me va contando todo lo que no se ve de sus obras pero que, de alguna manera, se siente.

«Esta exposición es sobre todo de fotografía bordada, pero trabajo también en collage, hago instalaciones y otros tipos de obras. He titulado la exposición “En familia” porque la mayoría de las series que la forman están compuestas por fotografías familiares antiguas, tanto propias como ajenas. Me gusta mucho trabajar con este tipo de materiales, con bordados vegetales, con temas familiares y con fotografías encontradas», explica Maite Ortega.

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«Héroes de lo cotidiano 1”

¿A qué te refieres con fotografías “encontradas”?

Son fotografías que aparecen en mi camino, fotografías que voy encontrando o que me encuentran a mí, fundamentalmente en el Rastro o en mercados de este tipo. Tengo fotos de Valencia, porque estudié allí, pero la mayoría son de Madrid que es donde vivo.

Y en estos mercados, ¿cómo seleccionas las fotografías? ¿Tienes algunos criterios establecidos?

Fundamentalmente es un proceso intuitivo. Algunas fotografías me atraen, me llaman la atención por algún detalle o por algo en concreto. Me gustan mucho los retratos y las fotografías de familia y siempre prefiero trabajar con materiales originales, excepto en ocasiones especiales como una serie que es de mi familia y donde no quería utilizar las originales sino que realizo reproducciones del papel, envejeciendo el material para que quede más realista.

Como te decía, ésta es una mínima selección de la serie de mi familia que empecé en uno de mis proyectos de final de carrera. Aquí no sabía bordar, era más bien como una experimentación con el hilo porque siempre me ha gustado y quería intervenir las fotografías. La idea era ir indagando a ver qué salía cuando intervenía cada una. Finalmente, decidí utilizar el color y los puntos para trazar líneas que se corresponden con los órganos vitales de cada uno de mis familiares, en un intento de darle vida a las fotografías, de traer a mis familiares al tiempo presente. De ahí el nombre de la serie, “recuerdos orgánicos”.

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“Recuerdos orgánicos”

Al hilo de esto (y nunca mejor dicho), ¿te resulta diferente trabajar con fotografías de tu familia que con fotografías encontradas?

Sí. Por ejemplo, si son mis familiares me genera una sensación de respeto mayor que a lo mejor una foto de alguien que no sé quién es. Además, muchos de mis familiares han visto el resultado posterior, cosa que no sucede con las fotografías anónimas. Mi madre tiene toda mi casa llena (risas).

Siguiendo con el tema de la familia, ¿fue algún pariente tuyo quien te enseñó a bordar?

No. Mi abuela bordaba pero no mucho y creo que no le gustaba tampoco demasiado (risas). Ella nunca me enseñó a bordar ni a hacer ganchillo. Mi madre tampoco sabe, aunque hace poco le di una clase de iniciación. Sin embargo, a mí siempre me ha llamado la atención todo lo relativo al hilo, mi abuela tenía una máquina de coser y miles de cajas con hilos y fotografías antiguas y siempre me ha generado mucha curiosidad ese mundo. Así que cuando vine a Madrid me apunté a clases de bordado tradicional y a partir de ahí empecé a experimentar.

¿Crees que el mundo del bordado es un mundo exclusivamente femenino? ¿Conoces algún artista hombre que trabaje con el bordado?

Bueno, es verdad que la mayoría de las personas que conozco que trabajan con el bordado son mujeres. Sí que es verdad que generalmente se asocia el bordado a un trabajo femenino pero yo creo que eso está cambiando. Cada vez hay más hombres interesados en aprender, esto lo veo en los talleres de bordado que doy. Conozco a varios artistas que trabajan con el bordado y con el textil, uno de ellos fue Arthur Bispo do Rosário, que trabajó muchos años con estas técnicas.

Revisando tu trayectoria y haciendo memoria de las últimas obras textiles de arte contemporáneo que he visto, creo que están recuperando protagonismo hoy en día. Me acordaba de obras como “Tufting” de Cristina Lucas o las series de bordados de Pilar Albarracín. ¿Tú crees que hoy en día disciplinas tradicionalmente consideradas “menores”, como el bordado, siguen teniendo menos reconocimiento en el mundo del arte?

Sí, por supuesto. El arte textil o el bordado están siempre infravalorados. De hecho, el otro día a la inauguración vino María Ortega, la directora de la bienal de arte textil WTA (World Textile Art) Madrid2019 que se va a realizar en varias sedes y estuvimos hablando de lo difícil que es recibir la aceptación del mundo del arte trabajando estas disciplinas. Es verdad que, como señalas, ahora quizás hay una mentalidad un poco más abierta, pero queda mucho camino por recorrer. Creo que en España todavía cuesta, mientras que en países como Holanda, Francia o Inglaterra están muy asumidas estas técnicas. Incluso creo que también en países latinoamericanos como Argentina o Chile, el bordado tiene otra dimensión de mayor valor.

Toda la obra que he visto tuya tiene una parte de memoria muy importante. No sé si hay una connotación explícita e intencionalmente política en este uso de la memoria. Me viene a la cabeza la pieza que expusiste a raíz del proyecto Cantera en la sala Estudios de Tabacalera, “Arriba niñas” (2018). Pero no sé hasta qué punto esa forma de tejer, de hacer red, de resignificar historias es intencional o va surgiendo de forma azarosa.

Bueno, para mí el hilo ya de por sí tiene una carga simbólica muy fuerte. El acto de bordar es casi una meditación para mí, un ejercicio de autoconocimiento profundo, muy íntimo y personal, que al final estoy exponiendo. Cuando trabajo con temas directamente relacionados con la memoria, ese autoconocimiento está presente, y al mismo tiempo intento profundizar en la historia para conocer de dónde venimos. En Tabacalera lo que pretendía era sacar a la luz ese pasado, gracias al cual hoy en día nosotras las mujeres tenemos ciertos derechos asegurados. Mucha gente al ver la instalación me preguntaba, “¿pero esto es del año 1931?” Y 80 años después sigue siendo una frase contemporánea. Para mí es como un ejercicio de ir ahondando en el pasado para recuperar partes perdidas de la historia.

No sé si, además de la obra referente a las cigarreras, has desarrollado más obra con palabra escrita. Me gusta la idea de concebir esas obras como una manera literal de dar voz a esas voces silenciadas, reescribir la idea.

¡Justo! Así es como me imaginaba yo el concepto de la obra. Pensaba en dejar fijo, en materializar unos pensamientos y una serie de reivindicaciones de las cigarreras. Están cosidos e incluso si los descosiera se quedaría la marca en el papel. Ya no se puede borrar.

Me estaba preguntando ¿cómo haces si te equivocas al bordar? ¿Cómo trabajas sobre estos materiales?

Intento no equivocarme (risas). Y si me equivoco, o lo dejo como está para visibilizar parte del proceso o intento solucionarlo haciendo algún apañito. La forma de trabajar varía según la serie. Por ejemplo, en la serie de mi familia, trabajé de forma más intuitiva, iba bordando según me inspiraba la foto, era más como una experimentación. Pero tengo otras obras en las que preparo previamente una plantilla, hago la composición, perforo el material y luego lo bordo. En estos casos ya sé dónde va a estar cada punto, no hay nada aleatorio.

¿Dónde empieza tu proceso creativo?

También depende mucho de cada serie. Hay veces que voy al Rastro y veo a ver qué me encuentro. En series como “Héroes de lo cotidiano”, el título lo saqué de un libro de Adam Zagajewski donde el autor hablaba de sus antepasados como héroes de lo cotidiano. Reivindicaba la importancia de sus familiares, por ser personas cruciales en su vida. Me pareció una idea muy interesante y llamé así a esta serie que está compuesta por fotografías originales, todas encontradas. Con estas obras trato de recuperar a esas personas que, no sé bajo qué circunstancias, han acabado en la basura o en un rastro. Y yo trato de volver a darles dignidad y visibilidad. Con todas ellas he construido un nuevo álbum familiar imaginario, donde acoger a esta gente que no sé quién es pero que han llegado a mi vida por algo.

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“Héroes cotidianos 2″

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“Héroes cotidianos 3”

Me llama la atención de esta serie que en algunas de las obras resaltas los rostros, mientras que en otros los cubres con el bordado. ¿Tiene esto algún significado?

Sí, eso depende mucho de lo que me sugiera cada foto o del momento personal en el que esté. En la mayoría trato de destacar algo de ellos. A lo mejor les tapo la cara pero trato de integrarles en el entorno en el que están. Sí que trabajo mucho con el entorno vegetal y con el origen, con la naturaleza.

¿Qué otros proyectos has realizado en fotografía bordada?

Tengo una serie, que está expuesta ahí delante, que se llama “Árbol de familia” compuesta por 39 piezas. Es un proyecto que me encargaron para El señorío de Bertiz, un jardín botánico de Navarra inaugurado a principios del siglo XX por la familia Ciga-Fernández. La comisaria de este proyecto, Alexandra Baurès, me propuso hacer algo allí. Mi idea original era que la gente del pueblo me trajera fotografías para hacer reproducciones y a partir de ahí intervenirlas. Pero a la convocatoria no vino nadie (risas). Así que tuve que redefinir el proceso y, casualmente, en una casita del jardín seguía viviendo el hijo del último guarda del caserío que me contó la historia del lugar y finalmente accedió a prestarme su archivo fotográfico. Seleccioné 39 fotografías, hice las reproducciones y las intervine con formas vegetales y elementos propios del jardín. En cada fotografía traté de resaltar ese amor por la naturaleza, ese respeto por el entorno. Por ejemplo, en el retrato del matrimonio con el perro he bordado la hoja que representaba el jardín: la hoja de liquidambar que era el árbol que él quería que fuese el árbol predominante en el jardín.

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“Árbol de familia”

En este proyecto trabajó también Mikel R. Nieto, un artista sonoro que iba grabando el jardín, el río y el ambiente y luego hizo su propia instalación sonora en el jardín.

Todo el proceso de investigación que realizas previamente a la obra, ¿lo documentas de alguna forma?

No, no lo he documentado la verdad. Esta exposición estaba en la sala y también hice una instalación dentro. Recogí tronquitos y otros restos vegetales del jardín y monté una especie de cortina, de alguna forma intenté meter el jardín dentro de la sala. La verdad que me parece algo interesante, pero nunca he documentado el proceso.

Seguimos recorriendo la exposición y Maite me dirige hacia otra de sus series.

A partir de la serie “Héroes de lo cotidiano”, estoy trabajando en una serie compuesta solo por retratos de mujeres encontradas o de mi familia. “En mi jardín” es parte de esta serie titulada “Protección vegetal” y es un jardín donde aparecen muchas mujeres protegidas por la vegetación. En ella he tratado de representar diferentes situaciones y paisajes dentro de este espacio. Todo es un “posible” escenario, unido a través del bordado y de lo vegetal. También dentro de esta serie de mujeres protegidas está el costurero, que en el centro tiene una foto de mi abuela Teresa, la que te contaba que tenía la caja de fotos y de hilos que me encantaba de pequeña. Para mí, fue y será siempre una persona muy importante en mi vida. Este proyecto se llama “InCARNATION”, que es como carnation en inglés es clavel pero a la vez es como encarnación, traer a la vida. El costurero es recuperado y la idea es que cuando se expande, se despliegan los claveles y en el centro de todo el costurero están las raíces de la flor, mis propias raíces, ahí es donde está mi abuela.

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“En mi Jardín» Créditos: Fotografía CEART (Fuenlabrada)

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“inCARNATION”. Créditos: Fotografía Dibujando con Luz

Me llama la atención tu forma de trabajar que requiere dosis infinitas de paciencia, meticulosidad y que se relaciona con lo que hablábamos antes de lo meditativo, lo introspectivo, lo íntimo.

A veces he intentado “facilitarme” el trabajo, pero al final siempre acabo complicándome (risas). Yo creo que mi metodología forma parte de mi obra. Yo no había conocido nadie que trabajara de esta manera. Cuando empecé con la serie de mi familia, me vino un profesor de la universidad, que me decía que le recordaba mi producción a la obra de Carmen Calvo. Y yo pensé, “¡Jolín!” No se me había ocurrido, ni lo había pensado pero llevaba toda la razón.

Eso te iba a preguntar, ¿tienes algún referente que sigas a la hora de producir tu trabajo?

La verdad es que no, claro que tengo referentes artísticos pero no me gusta copiar a nadie. Yo no había visto bordar fotografías antes, es algo que me apetecía y que fui experimentando. Después ya he visto más ejemplos, pero creo que por mucho que sea una foto bordada nunca va a ser como la mía porque la intencionalidad siempre varía. Me gusta seguir experimentando.

Llegamos a la última parte de la exposición: un mural de pequeños marcos de colores que salpican la pared.

Esta es la última parte de la exposición, la serie “niños protegidos por animales” o “protección animal”. Es una serie de 40 niños y niñas, todas fotografías encontradas, que surge a través de un libro que me encontré en el Rastro de arte folk chino donde había fotografías de un collar precioso bordado de tela, con forma de tigre y con colores muy naifs. Estos collares, junto a otras prendas de vestir, los bordaban las madres para proteger a sus hijos de los espíritus. Decidí hacer esta serie para recuperar todas esas fotografías abandonadas de niños y niñas y resignificarlas y protegerlas a la vez. Según lo que cada niño me sugería, le iba bordando un animal concreto.

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“Protección animal”, obra “niña canguro”

Siendo tus obras tan íntimas y personales, ¿no te cuesta venderlas?

Es complicado pero creo que también les tengo que dejar ir. Que vuelvan a otros lugares, que vuelvan a resignificarse. Esas familias que “recupero”, igual tienen que buscar sus hogares también. Sí que hago un archivo fotográfico para tener registradas todas las obras de cada serie, pero no me gusta la idea de hacer reproducciones de las obras porque yo concibo mi obra como algo muy material, muy físico. Son objetos únicos. En collage alguna vez hago reproducciones, pero con las fotos bordadas no, creo que perderían su sentido.

Te quería preguntar también por tu relación con el arte urbano. ¿Cómo conjugas dos disciplinas tan lejanas como el bordado y el arte urbano?

Bueno, precisamente por eso me interesaba sacar el bordado del trabajo íntimo y en pequeño formato y llevarlo a lo público a una escala muchísimo mayor. Una de las últimas intervenciones que hice fue en el festival C.A.L.L.E. de Lavapiés, titulada “Primavera”. Tomé como inspiración una poesía sobre la primavera de Carmen Perarnau de Breu, que encontré en un libro en el Rastro. Ese poema lo pasé a una tipografía de flores, cada letra es una flor. Me hice sellos, cada uno con una flor-letra y fui componiendo la poesía en colores diferentes, con una leyenda abajo para que la gente pudiera recomponerla. Y esto hacía referencia al bordado, aunque era pintado, porque muchas mujeres aprendieron a leer a través del bordado porque no tenían acceso a la cultura ni las dejaban aprender y el bordado fue una herramienta para su alfabetización. Me parece muy interesante la reacción de la gente cuando ve este tipo de instalaciones; hay gente que enseguida lo entiende y gente que no. Algunos lo ven y dicen ”¡Ay pero si es punto de cruz!” y otros se quedan mirando y, al estar en un contexto tan diferente, no lo ubican.

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“Mural Primavera”

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“Mural Flower-Power” (Festival Innovart)

 Y con el collage, ¿cómo trabajas? ¿Qué procesos sigues?

Pues es muy diferente. Depende del sentido que le quiera dar a la obra. Tengo una serie que se llama “Sin título” compuesta por collages que surgían de la inspiración que me generara una canción en concreto. Escuchaba la canción en bucle y, tardara 2 horas o 15 minutos, tenía que acabar la obra antes de levantarme.

Era un proceso muy parecido al bordado, en realidad. Una especie de ritual meditativo. Un día un chico me preguntó si trabajaría con canciones que me sugirieran terceras personas. A partir de ese momento empecé a trabajar en otra serie que titulé “Una moneda, un baile”, con canciones que me “daba” la gente.

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Imagen de la serie “collage canciones”, obra “sin título”

A colación de esto, ¿has trabajado alguna vez en colectivo?

Sí, bueno estoy en un colectivo de collage de Madrid, Sociedad de Collage. En realidad no es un proceso muy de equipo, sino que somos personas que hacemos collage de forma individual y hacemos exposiciones colectivas o instalaciones, donde a veces sí es colaborativo y otras simplemente cada uno aportamos nuestras obras.

Me refería más a si concibes que los procesos que realizas pueden llegar a ser colectivos o si ese proceso meditativo lo concibes como algo necesariamente individual. Si no me equivoco, el acto de bordar así hace tiempo era un momento de comunidad, casi de tertulia y de cotilleo. Bueno, esto es lo que me contaba mi abuela. Entiendo que esto tú lo recuperas pero de una manera más meditativa, más introspectiva.

Sí, es verdad que mis procesos son bastante introspectivos pero a través de los talleres que doy, se cumple también un poco este aspecto. El bordado también puede ser un acto conjunto. Mi trabajo lo hago yo sola, aunque igual también sería un ejercicio interesante para poner en práctica. Puede ser.

Bueno, quizás a la hora de exponer tu obra, vuelve ese sentido hacia fuera.

Claro, la mayoría de la gente que ve mis obras, hace interpretaciones que no son con las que yo he empezado a trabajar o no son directamente la intencionalidad que le he dado a la obra. De alguna forma, creo que esta también es una forma de creación de la obra (o de su significado) desde la colectividad.

Estaba pensando y en realidad en casi todos tus proyectos siempre partes desde “el otro”, ¿no? Siempre tienes un punto de referencia, ya sea un libro, una foto encontrada o un espacio con una historia. No sé, ¡yo veo tu obra como muy colaborativa!

Sí, en realidad sí. En este sentido, al presentarme a la convocatoria de Cantera-Tabacalera, pensé en las mujeres que trabajaban previamente ahí. Me llamaba mucho la atención la energía tan presente que había en Tabacalera y quería hacer algo con eso. Estuve un mes trabajando allí, en un tema que tenía que ver con el espacio. No sabía qué iba a hacer pero tenía una intuición. Coincidió con que yo vivo en una corrala y que las mismas cigarreras vivían también en corralas en el barrio. El camino que yo hacía todos los días hasta llegar a Tabacalera imagino que era el que muchas mujeres hacían de camino a la fábrica. Era una especie de vivencia 24 horas. Por otro lado, quería contar la historia de estas mujeres que es tremendamente desconocida. Dentro de la fábrica, ellas se organizaron para conseguir mejoras laborales y, al mismo tiempo, se unían a coser en las corralas, se apoyaban con las tareas y la educación. Tenían un modelo de sororidad absoluta y de apoyo incondicional. No como lo que se suele transmitir, que es que había rivalidades, sino que eran un equipo muy unido. Creo que mi trabajo tiene ese sentido.

He visto que colaboras con el Proyecto Kahlo. ¿Puedes contarnos un poco en qué consiste y qué papel desempeñas en él?

Es una revista feminista online, en la que todas trabajamos de forma voluntaria produciendo diferentes materiales. Cada mes tiene una temática y hay gente que escribe y otras que ilustramos. Yo me encargo de ilustrar artículos escritos por otras personas, pero también listas de reproducción y otros formatos. Para mí es muy ilusionante porque es como un reto; me resulta mucho más fácil trabajar con mis materiales que ilustrar materiales de otras personas. Lo que es muy bonito del proyecto es que es libre, que nadie dice cómo se tienen que hacer las cosas, sino que todo lo que se hace está “bien”.

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Collage del “Proyecto Kahlo”, obra “Vulnerabilidad y fortaleza van de la mano”

Te quería preguntar si nos recomiendas algún museo o espacio donde podamos ver piezas de bordado o piezas textiles

Bueno, desde luego el Museo de Artes Decorativas tiene muchas menos piezas de las que imaginaba. Hay un museo pequeñito en la Latina, el Centro Cultural La Corrala, que es un museo de artes y tradiciones populares de la Universidad Autónoma de Madrid. Hay poquito material, pero sí conservan muestrarios de bordados, trajes regionales, etc. Me parece un sitio poco conocido y muy bonito de ver.

Me gusta acabar las entrevistas recuperando la idea que tuvo Harald Szeemann de preguntar por proyectos no realizados. ¿Qué proyecto utópico te gustaría realizar?

Mmm.. ¡qué difícil! Creo que me encantaría hacer una instalación muy grande con hilos, papeles y flores, con la que el público pudiese interactuar. O también, siendo más realistas, realizar una escenografía o proyecto conjunto con algún grupo musical.

© Maite Ortega. Web. Bio en MMM.
Marina Avia. Web. Bio en MMM.

Imagen destacada:“Arriba Niñas” (2018). Créditos: © Ministerio de Cultura y Deporte. Fotografía: Galerna.

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