viernes, noviembre 16, 2018
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    Luz Darriba “Hay que vivir en el nosotras. Es inútil visibilizarse de una forma aislada”

     

    Pilar Sánchez MIRANDO a Luz Darriba

     

    Luz Darriba (Montevideo, 1954), como su obra, destila compromiso puro. Trabajadora de pico y pala del feminismo, la diversidad y la defensa de los derechos humanos, se considera una persona con suerte por haber conseguido escapar de las atrocidades de las dictaduras y lo que le lleva a estar en deuda con todxs aquellxs que no lo consiguieron, con los más de 30000 desaparecidxs que enmudecieron.

    La obra de Luz Darriba es sin duda voz. Voz a través de las artes plásticas, desde la gestión de proyectos, haciendo uso de herramientas bien afiladas: óleos, collages, tejidos, máquinas reproductoras, imágenes en movimiento e instalaciones, bien pequeñas bien astodónticas, que reclaman el papel social del espacio público. También habita el mensaje en la palabra escrita. La palabra es acción política. Como escritora, estuvo al mando junto con Micaela Fernández Darriba de la revista virtual de género Foeminas, donde además de reflexionar sobre la imagen de la mujer en los medios y denunciar la violencia que se ejerce sobre ella, se puso el foco sobre figuras de referencia de la cultura.

    Actualmente publica artículos en Sermos y sigue escribiendo libros como Juguetes para niños ciegos, o el más reciente, con Anahí Almasia, Lo que el viento no se llevó. Relatos para despertar la memoria, que incluye “Monstruos”, galardonado con el premio Ánxel Fole de narración corta. Su protagonista parece una transposición de la propia Luz, ya que comparten la misma firme intención de hacer saltar por los aires, a través del arte, un sistema abusivo y voraz con los derechos, la identidad y la voz de quien entiende como lxs débiles. Los libros son elementos persistentes en su obra, son como ladrillos de construcción, dice.

    Desde luego, levantaron una casa en LIBing room, o conformaron un gran libro de historia de la pedagogía femenina en LibroLibre, o lugares donde  descansar como en Banco de Libros. También fueron un millón de libros los que rodearon monumentos, como la Muralla romana de Lugo, Proyecto Cumulum, con lo que consiguió llamar la atención de la Unesco para su declaración universal, o la Puerta de Alcalá de Madrid. Los libros cortan las calles y se intercambian con ideas en Bibliotecas de Babel.

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    Cumulum, Muralla de libros. Fotografía de Alfredo Bongianni

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    Alcalá Puerta a la Cultura. Fotografía de Paula Noya

    Pero, en cualquier caso, el medio no es el fin, el fin es el mensaje, la idea, el grito que se lanza desde la plaza de Santa María de Lugo con miles de guantes blancos y negros que dibujan olas en la denuncia de la violencia de género de Guante negro, guante blanco. El fin es también el proceso.

    Una obra es participativa desde el primer momento de su gestión creativa, en su desarrollo y en su exhibición. Involucrando a las instituciones para que cumplan con su papel, acompañando a la comunidad para que participe en la acción, con sus relatos, con sus objetos. En los trabajos de Luz hay un deseo de que la huella de lo efímero deje mancha: la historia contada y recontada por generaciones, la vivida, en muchas ocasiones, la sufrida, cientos de ellas excluidas del espacio público, todas impregnan las telas (Patchwork: Farrapos por la no violencia contra las mujeres), las ropas (El rayo que no cesa), los libros, el papel (Follas Novas), los semáforos (Señales que no se ven). La identidad, mejor dicho, las identidades son las que construyen realmente nuestro patrimonio.

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    Guante negro, guante blanco. Fotografia de Aimara Ghiglione

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    Patchwork. Fotografia de Alfredo Bongianni

    La obra tras su puesta en escena final desaparece, pero no lo hará la memoria de haber sido parte de ella, de haber roto la prisión del silencio, de haber compartido, escuchado, crecido y sanado. Son acciones de vida que utilizan la reivindicación como camino hacia adelante, la memoria como el andamiaje sobre el que la comunidad levanta su identidad y crece. Cualquiera de sus trabajos tiene como objetivo remover conciencias, levantar el velo y conseguir no solo la transformación estética de ese espacio común, ya sea casa o calle – utiliza la calle como un lienzo, señaló Mercedes Rozas- sino llegar a una profunda transformación social.

    Esto no sería posible si el proyecto no se construyera de abajo a arriba, apoyado siempre en la comunidad, para no seguir repitiendo la historia de Sísifo, ya saben, empujar eternamente la piedra a lo alto de la montaña. Luz empuja la piedra, pero busca nuestra complicidad para clavar los topes que impidan quedarnos de nuevo sin memoria, evitando empezar constantemente de cero. La cuestión de llegar arriba no es lo importante, lo importante es no olvidar.

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    El rayo que no cesa. Fotografía de Alfredo Bongianni

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    Señales. Fotografía de Óscar Cela

    Memoria de aquí y de allá. La patria es la humanidad, decía Martí. Porque si algo destaca en nuestro encuentro con ella, además de un acento musical y transoceánico, es la ausencia de fronteras. Montevideo, Buenos Aires, Brasil, Suecia, Bruselas, París, Madrid, Galicia, Lugo: Una diáspora constante, como en ese libro suyo, Toda la gente errante.

    Ese continuo movimiento, siempre obliga a evaluar qué es lo importante, a destilar nuestra identidad en lo imprescindible, a ser un patrimonio ambulante. También produce una economía de medios que Luz traslada a la puesta en práctica de sus trabajos. Imposible ser coherente con un pensamiento justo si a la hora de llevarlo a cabo nos sumergimos en la piscina del despilfarro. Y Luz, que ha vivido la bonanza económica de las instituciones del cheque en blanco, continúa creando sobre principios de ecología del arte como son la austeridad de lo mínimo, el reciclaje, la sostenibilidad y la colaboración voluntaria.

    Son más de 40 años de activismo artístico feminista escuchando y narrando, Proyecto Sherezade, visiblizando realidades, la de la discapacidad en Laberinto, la de las mujeres migrantes en Santas Migrantas. Su trabajo no supone un grito aislado, es más una voz que forma parte del coro de voces de la reivindicación de las mujeres artistas.

    Con su Yoni Creator, en 2016, la obra de Mónica Alonso, Julia Ares, Sabela Arias, Blanca Besteiro, Paula Cabaleiro, Monse Cea, Ana Costas, Ángeles Díaz, Victoria Diehl, Yolanda Donda, Alba Fandiño, Ana Gesto, Heno, Gema López, Maruja Mallo, Xulia Minguillón, Monica Mura, Carme Nogueira, Marina Núñez, Renata Otero, Luisa Paz, Elena Pendás, Laura Pernás, Noa Persán, Uxía Piñeiro, Soledad Pita, Isabel Somoza, Mónica Trastoy, Paz Vicente y la suya propia, se ofrece dentro de los huevos que despacha una máquina expendedora, al modo de las que se pueden encontrar en gasolineras y kioscos. Juega aquí Luz con interesantes conceptos: principalmente el de la visibilidad, el de la reproducción materno/artístico y el del mercado accesible del arte, tanto para usuarixs como para creadoras.

    Ese mismo año, realiza Yo soy mi obra -explícita referencia a Louise Bourgeois- para el acto de los Premios MAV en Lugo. Pensamientos de artistas gallegas (Mónica Alonso, Monica Mura, Cha (Ticiana Ghiglione Darriba), Renata otero, Gema López, Viki Rivadulla, Ana Costas, Uxía Piñeiro, Luz Darriba, DAS (Dulce Anca), Marta Paz) sobre una cinta de balizar que demarcaba el espacio. El contenido y el continente se transforman en mensaje denuncia sobre la reserva de espacio de expresión para las mujeres artistas.

    Sobre este punto, Luz, ¿cómo entiendes el trabajo en colectivo con otras creadoras? ¿Cómo respondes a la agresiva competitividad que se achaca a las mujeres artistas como un pesado sambenito?

    Yo no entiendo el yo si no es con el nosotras. Hay que vivir en el nosotras. Es inútil visibilizarse de una forma aislada, como si nos subiéramos a un cajón, porque el cajón no está fijo en el suelo. Las mujeres artistas andamos sobre suelo movedizo. Si damos el paso, y construimos el camino, nos beneficiamos todas.

    Entiendo mi trabajo también como algo interdisciplinar. Lo puse en práctica en “Foeminas”, en “Follas Novas”. Mujeres escritoras y artistas creando juntas espacios de exposición pública. Con las instituciones, como con la Rede Museística y su proyecto “Eu, ti, elas, nosoutras, nosoutrxs en Rede”. Avanzamos todas hacia adelante o no avanzamos. También hay que entender que nos movemos en el territorio periférico de la periferia, como mujeres, como gallegas y desde Lugo.

    Y de toda tu amplia trayectoria cuál es el proyecto que te ha dejado más poso.

    Guante negro, guante blanco en Lugo fue realmente especial. Un discurso simple sobre la violencia simbólica y física que en seguida se entendió. Contar con una comunidad voluntaria no solo para que realice el trabajo duro, sino para que diseñe y organice la acción, bajo un tiempo muy severo, con lluvia y nieve, pero con un muy buen ambiente de trabajo. Se consiguió una imagen que persiste en la mirada, pero sobre todo hubo comprensión y acompañamiento sobre lo que se estaba llevando a cabo.

    Y de cierre, los guantes se vendieron a un precio simbólico de un euro, y el montante final, no poco, fue enviado a una organización por el desarrollo en Honduras. Con ello, se cerraba el círculo. Pero quisiera hablar también de lo completa que me sentí en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela con “Patchwork: Farrapos por la no violencia contra las mujeres”. El proyecto se inspira en esas colchas que forman el patrimonio familiar de las mujeres de Nueva Inglaterra. Confeccionadas con trozos de telas de ropas y enseres de varias generaciones de mujeres que se unen para contar la historia de cada una. Esas colchas son auténticos libros. Así nace la idea de cubrir una plaza de ocho mil metros cuadrados patrimonio de la Humanidad y una de las más visitadas del mundo. Y en solo dos días. Este proyecto, evidentemente, sin la complicidad de la gente no hubiera sido posible. Aparte de lo que yo ya tenía previsto, fueron apareciendo mujeres que contaron sus historias mientras tejían.

    Contamos también con la colaboración de diseñadorxs de todo el Estado y de las instituciones, porque cuando tienes la convicción de que el mensaje es coherente, las puertas se abren. Consiguió una repercusión de las mismas proporciones que la alfombra: gigantesca. Helicópteros de medios nacionales sobrevolaron la plaza para recoger la noticia, me hicieron un montón de entrevistas. Pero esto no es importante si el mensaje no queda en las comunidades con quien trabajo. Y quedó y penetró. Se contaron historias silenciadas de abuelas a nietas y se hicieron visibles para cinco mil personas en una acción de solo dos días. Lo efímero también transciende. También pasó así en la Plaza de Mayo, en “El Sitio” de Buenos Aires, cerrando el Congreso Latinoamericano sobre Trata y Tráfico de personas organizado por la universidad con Cuestión de Género. Quinientas prendas femeninas colocadas en todo el perímetro de la plaza para representar el secuestro de quinientas chicas por año y tuvo una gran resonancia.

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    Cuestión de género. Fotografía de radiofeminista

    Tiene mucho peso la apropiación del espacio público.

    Sí. Creo que por eso dejé de pintar. El espacio público invita a la participación, a la subversión, a la sublevación, como ocurrió con las figuras femeninas instaladas en los semáforos en Argentina y también aquí. Buscas, con pocos medios, conseguir la mejor solución que provoque la reflexión por cercanía, que mueva a quien pasea también a la acción. Porque para mí, el arte solo será válido en la medida que sea del pueblo. Es necesario integrar a la gente en el hecho artístico, que también es la vida.

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    Flecha amarilla. Fotografía de Luz Darribas

    Al conocerte, al adentrarme y participar de tu obra, no puede una por menos que arremangarse y ponerse a remar  contigo. Supongo que porque compartimos preocupaciones. Lo que no deja de asombrarme es tu forma de exponerte y como esa exposición impulsa la participación de otras tantas personas. El dolor democratiza, todxs llevamos uno, pero el conseguir exorcizarlo en comunidad lo considero un gran logro por tu parte.

    Creo que soy una persona con suerte. Mi compromiso va más allá del arte. Conseguí escapar de las torturas y las desapariciones. Mis compañerxs no pudieron y se lo debo. A lxs de Bellas Artes nos consideraban inofensivxs y no nos cerraron la facultad. Pero tenemos nuestras armas en nuestra forma de expresarnos, en nuestro proceso creativo. Miles de alumnxs de las escuelas de arte ocupando las enormes estaciones de trenes con obra, exponiendo por donde pasaba la gente, buscando su mirada. Pongo en práctica el dicho de lxs antiguxs marinerxs: Navegar es preciso, vivir no es preciso.

    Pues, entonces Luz, eu tamén navegar que diría la poeta Xohana Torres.

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    Palacio Europa. Fotografía de Luz Darriba

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    Arakne Kursaal. Fotografía de Luz Darriba

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    Luz Darriba | web

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