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Lola Eiffel: Tous les matins une nouvelle vie commence

OLIVA CACHAFEIRO BERNAL
mirando a
LOLA EIFFEL

El paso por París marcó la vida de Mar Espinilla, tanto que le llevó incluso a cambiar su nombre por el artístico de Lola Eiffel. Una es la muchacha del barrio de la Rondilla (Valladolid) que conocemos muchas desde hace años. La otra es una bailarina, coreógrafa, performer, productora y directora. Y lleva tan dentro la danza y Paris que suele cerrar sus entradas en las redes sociales con los hastag: #besosquebailan y #touslesmatinsunenouvelleviecommence. Toda una declaración de intenciones.

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Portrait by Vanessa Kroupa, Paris.

Para charlar nos citamos en un bar del barrio, uno de los “nuevos” y “alternativos”, que ha venido a revivir el ambiente de nuestras calles de la infancia. Allí conversamos haciendo un breve recorrido por su trayectoria artística, unida indefectiblemente a la vital.

Lola inició su carrera vinculada al mundo de la gimnasia rítmica, un ámbito fundamentalmente deportivo, pero en el que el aspecto artístico es primordial. ¿Cómo se produce el paso de un deporte a la danza propiamente dicha? ¿Cuándo decides hacer ese tránsito?

Mi formación comenzó en mi propio barrio, en la Rondilla (aunque también pasé por el Centro de Tecnificación “Rio Esgueva” de Valladolid), y la rítmica siempre ha sido la base de todo mi trabajo posterior. De hecho tengo la titulación como entrenadora y hoy sigo vinculada a ella.

Tanto al practicar yo misma, como en mi labor posterior como entrenadora, me interesaba mucho el aspecto expresivo lo cual me llevó a asistir a diversos cursos sobre danza contemporánea (por ejemplo en Madrid y Bilbao).

Un proceso de investigación para formarme yo misma y, a la vez, ayudar a mis alumnas en el aspecto artístico, que yo creía algo descuidado en este ámbito. Y siempre investigando, porque me gustan muchas cosas desde pequeñita (la danza, la pintura, la escultura…). Mi ídola siempre ha sido Lola Flores porque cantaba y bailaba y hacía de todo [risas]. Con el tiempo, acabó por interesarme más la danza, y todo lo que conlleva, que la gimnasia rítmica (deporte) como tal, y esto me llevó a crear con una compañera mi propia compañía: “Danzarte”.

Duró sólo un año, el 2002, porque después decidí irme a París, que fue el comienzo de todo. Allí es donde descubrí un abanico de posibilidades para formarme con los mejores coreógrafos del mundo en clases y masterclass. En principio pude trabajar en la compañía de Eva Luna, en la que se fusionaban desde el hip-hop hasta el flamenco contemporáneo, otra de mis grandes pasiones.

Después entré en el Studio Harmonic y todo el dinero que ganaba en las clases que impartía lo gastaba en seguir aprendiendo yo misma. Mi estancia en París se prolongó durante once años, desde el 2003 hasta el 2014, cuando regresé a Valladolid”.

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Audrey Face by Alfredo Rivas.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿De dónde nace una nueva producción?

En realidad no me inspiro en nada que tenga que ver con la danza en un principio. Busco al azar o me encuentro con un tema que no tiene que ver con la danza observando un cuadro, por ejemplo. Me gustan la pintura, la escultura…, pero sobre todo la lectura. En especial la vinculada a la historia, de forma que muchas veces es un acontecimiento histórico el que despierta mi atención y a partir de él comienzo a trabajar investigando, lo que puede llevarme a otras artes, para trasladarlo por último al campo de la danza.

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Velo rojo by Luis Garea.

En muchas de tus creaciones las protagonistas son mujeres que luchan por su libertad y por sus derechos o que se enfrentan a un amor loco que las domina. Es el caso de “La loca”, “El poder de ser Thelma y Louise”, “Libertad y suicidio” (basado en las figuras de Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik y Silvia Plath) o “Annabel Lee”. ¿De dónde nace ese interés?

Porque es algo que he mamado en casa, de mi abuela (que siempre repetía que las mujeres tenemos mucho que decir), de mi madre e incluso de mi padre, que es quizás el más feminista, pero es más tímido y no se le nota tanto.

Tengo una curiosa anécdota sobre él: durante una manifestación por el aborto libre y gratuito mi madre fue detenida y mi padre dijo que él también había abortado. Ella residió en Francia un tiempo durante los años 60 y allí pudo descubrir y vivir una libertad que no existía en la España de la dictadura. Estuvo vinculada ya entonces a asociaciones feministas y participó en la lucha por los derechos de la mujer. Mi hermano y yo íbamos en el carrito a las manifestaciones por los derechos de la mujer, pero además yo misma residí siendo pequeñita un tiempo con mis abuelos en París y pude ver directamente ese ambiente de reivindicación. De ahí nace todo.

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La Loca by Alfredo Rivas.

Como mujer ¿encuentras alguna dificultad para dedicarte a la actividad artística (en este caso la danza y la performance)?

En mi experiencia personal, en el ámbito en que yo trabajo, creo que mujeres y hombres estamos al mismo nivel. No ocurre como en los museos, por ejemplo, donde la presencia de mujeres es mucho más reducida que la de los artistas masculinos. Por el contrario, en mi campo, el número de éstas es muy superior al de los hombres y eso nos da cierta ventaja. En un conservatorio los niños son minoría y eso es evidente.

A la hora de programar, esta circunstancia nos sitúa en mejor posición. Yo creo que no estamos discriminadas. Sin embargo, no hay que olvidar que la danza es la gran olvidada de las ares escénicas y que es muy difícil montar un proyecto por la falta de ayudas y patrocinios.

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La boîte by Vanessa Kroupa. París.

De cara al futuro ¿qué esperas?

Hay que ser consciente de que el tiempo pasa factura. Creo que estoy en el momento de mi carrera en que me siento más fuerte gracias a la experiencia adquirida. Pero hay que tener en cuenta que tu danza va evolucionando contigo y que los límites físicos la condicionan.

Tu cabeza “está a tope”, sin embargo el cuerpo no te permite hacer todo lo que quieres porque el paso de tiempo pasa factura, esa es la contradicción. Hay que aprender a combinar ambos y buscar el equilibrio.

Por eso ahora, aunque no dejaría de bailar, estoy empezando un camino como coreógrafa, directora y promotora. Por ejemplo el pasado año comencé a organizar el Certamen de Danza Contemporánea en un pueblo de Valladolid, La Cistérniga, y este año continúa. La idea es que sea una iniciativa con futuro y en ella me centraré en el campo de la dirección. Pero sin dejar de bailar, “¡me moriría!”. También participaré como coach en un proyecto en el Teatro Calderón que aún no está concretado del todo.

Otro proyecto que ya está en marcha es el de llevar la danza a la escuela. En Francia en el ámbito educativo se da gran importancia a la danza, el teatro y las artes plásticas (no como en este país), a través de la Educación Nacional.

Durante ocho años trabajé allí como colaboradora artística, en un programa pedagógico que se desarrollaba durante el curso escolar y culminaba en una actuación pública en la que se combinaban distintas artes. Este año he tenido la suerte de que ProMúsica (Asociación de Profesores de Música de Valladolid) que colabora ya con el CFIE (Centro de Formación del Profesorado e Innovación Educativa de Valladolid) contara conmigo para poner en marcha esta iniciativa. En ella participarán diecisiete centros de toda Castilla y León.

Primero llevaré a cabo una formación con los profesores y después trabajaré con los niños y niñas en la creación de una performance que se estrenará el Día Internacional de la Danza (el 29 de abril) en la Plaza Mayor de Valladolid. Unos trescientos escolares juntos en el mismo espacio realizando el mismo espectáculo.

Y además este año, con mi querido Raio (mi compañero de locuras artísticas que se mete en todo lo que le propongo) produzco un espectáculo titulado “Nun” que se estrenará en mayo, en la edición de 2019 del TAC (Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid). Está inspirado en un suceso histórico del que no puedo hablar todavía”.

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Gesto vibrante by Rubén Olmedo.

Para terminar, es tu turno. Tienes la palabra.

Me gustaría decir que la cultura debería tener más apoyo. Los artistas deberíamos tener más apoyo. Se debería valorar más el arte y no considerar que alguien que baila, modela o pinta debe trabajar gratis.

Y retomando el tema de la mujer en los espectáculos creo que con todo lo que está pasando últimamente y teniendo en cuenta que desde la propia política no se nos valora (no les importamos nada), creo que los artistas tenemos mucho que decir y yo desde mis creaciones quiero hacerlo así. Por ejemplo a través de espectáculos como “La loca” (estrenada el 10 de mayo de 2018 en el LAVA-Laboratorio de las Artes de Valladolid) que es un ejemplo de amor loco, romántico, no correspondido y detrás del cual hay una gran manipulación; o como “El poder de ser Thelma y Louise” (con Lorena Zatarain, estrenada como acto conmemorativo del Día de la Mujer en el Auditorio de La Cistérniga, Valladolid el 9 de marzo de 2018), inspirada en la película de Ridley Scott de 1991, que para las mujeres de mi generación es el emblema de la libertad.

Estos espectáculos nos hacen remover la conciencia y yo seguiré haciendo cosas de y para mujeres, eso está claro, porque es lo que quiero reivindicar. Desde el arte podemos llegar a muchos públicos y con que sólo una persona salga del teatro o la sala y piense diferente o se cuestione algo ya es suficiente.

©  Lola Eiffel.Web. Bio en MMM.
Lola Cachafeiro Bernal. Web. Bio en MMM

Imagen destacada: El poder de ser Thelma y Louise by Pablo Gestoso.

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