Eva Lootz


Asunta Rodríguez MIRANDO a Eva Lootz


 

Un sábado de febrero de 1995 la Asociación Española de Críticos de Arte  decidió, en su primera convocatoria, conceder a Trinta el premio a mejor galería española presente en la edición de Arco de aquel año. Aquella noticia, completamente inesperada para mí, era difícil de digerir bien. Por un lado yo era joven, demasiado, para saber que se aprende mucho más de los errores y por otro mi “asentamiento” en el oficio al que me dedicaba, era  algo que estaba, todavía, por ver.

Viví con alegría inconsciente aquel momento hasta que un buen día un amigo galerista me hizo reflexionar sobre la posibilidad de gestionar bien dicho reconocimiento y, entre risas, me retó a poner a prueba mis arrestos para hacerlo.  Mis circunstancias -decía- habían cambiado y se imponía seguir a la altura de los acontecimientos. Sostenía que debía aprovechar el tirón  para dar un salto importante en la programación de la galería, que ya estaba en condiciones de vincular a los artistas que más me interesasen, y que por mi condición periférica tal posibilidad jugaba a mi favor ya que sería muy probable que en Galicia, aquellos,  no tuviesen representación. A medida que pasaba el tiempo su entusiasmo y sus razonamientos me desataron la lengua y abrieron el apetito. Me parecía  completamente imposible pero era divertido suponerlo, así que ¿por qué no jugar un rato a aquel juego? Comencé a decir nombres como quien suelta disparates, consciente de mi osadía. Y, antes de acabar la cena, una galería “perfecta” había nacido en la servilleta garabateada de un restaurante. Luego la guardé en el bolsillo de mi abrigo, a modo de recuerdo.

Había sido muy estimulante, como cuando piensas en qué harías si te toca la lotería y fantaseas situando la felicidad en otra parte pero, como en esos casos, yo “proponía” con la conciencia segura de que tal situación nunca se iba a producir. Comprar boletos premiados, se me antojaba, inimaginable.  Hoy sólo puedo agradecer a Emilio Navarro su consejo. Sin saberlo, aquella noche llenó mi cabeza de dudas que, poco a poco, se convirtieron en certezas. No sé qué hubiese pasado de no haberle hecho caso, tal vez la historia habría sido otra. Lo que es completamente cierto es que un buen día me armé de valor y puse manos a la obra.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro explica a la perfección el espíritu que alentó la confección de aquella lista de deseos que, a pesar de parecerme inalcanzables o tal vez debido a ello, era tremendamente ambiciosa. En aquel firmamento brillaba especialmente el nombre de una mujer que tenía fama de artista exigente, vinculada a las mejores galerías nacionales del momento y recién galardonada con el Premio Nacional de Artes Plásticas. Era, evidentemente, Eva Lootz.

© Eva Lootz | Asunta Rodríguez | Mujeres Mirando Mujeres | MMM 2017

A-nudando (2014)

Escribir un texto para ella es, a estas alturas, un reto similar al de hace más de veinte años cuando eufórica e inconsciente la invité a participar en lo que no era más que una quimera.  Sólo el reiterado ejercicio de la candidez me permite columpiarme en este abismo pero no puedo dejar de decir que el tono cercano de estas letras es pretendido y está especialmente dedicado a quien, siendo grande, siempre me trató con exquisita humildad y cercanía.

La invité a conocer la galería y le propuse que trabajásemos juntas. Sólo me puso un par de condiciones: que le gustase el espacio y nos entendiésemos bien. De lo primero no tenía muchas dudas pero con respecto a lo segundo: “¿Qué hago yo, Jesús mío?”.

Aquel invierno las mimosas florecieron mucho antes y su espectáculo, que la maravillaba, vino en mi ayuda de forma totalmente regalada ya que disfrutando de su entusiasmo mis miedos desaparecían y mi Sancho veía más pequeños los molinos aunque eran, realmente, gigantes.

¿Qué puedo contar que no esté dicho o vaya serlo con mayor autoridad? ¿Qué se espera de mí, a quien se le supone una mirada “interesada”?

Creo que, en primer lugar, debo decir gracias.

Ella aceptó un ofrecimiento y por  mi parte nunca hubo trabas. Pero la naturaleza del regalo con que  correspondió siempre sobrepasó las expectativas que de ella se esperaban. No existe la frivolidad en el vocabulario que Eva maneja, su actitud  en el arte es algo tan serio que el término compromiso sólo tiene una acepción para ella. Todo lo hace con, nunca por. Y eso te enseña a distinguir. No es poca cosa.

Su primera exposición, Mandalas de la Sangre, en 1997, fue el inicio de una larga historia que hoy, con Actos Fallidos y Entre-ríos, sigue manteniendo la misma intensidad. Desde su primera visita a Santiago para conocer  la galería Eva me asombró con su capacidad innata para comprender y dominar los espacios a los que se enfrentaba. Con ojo de lince  sabe distribuir  intensidades y  vacíos creando coreografías asombrosas en las que nada es espectáculo ya que el todo explica la sinfónica presencia de cada una de las piezas. Los sucesivos montajes que a lo largo de los años fuimos llevando a cabo no hicieron más que abundar en ello, consiguiendo, en algunas ocasiones, la perfección formal en la integración de la obra en el contenedor que la acogía.

© Eva Lootz | Asunta Rodríguez | Mujeres Mirando Mujeres | MMM 2017

Mandalas de la sangre. (1997)

Por otro lado también sabe cuál es la justa medida y nunca tiene problemas de escala. Puede ser inmensa con algo mínimo. Los materiales le hablan. Da igual que sea cabello humano, arena, fieltro, caucho, bronce o agua. Mercurio, cobre, plomo o porcelana. Por toneladas o de la mayor levedad posible, su fascinación por su capacidad lingüística  le permite sacarles el latido, mostrarnos su comportamiento.

Su actitud rigurosa de búsqueda le impide repetirse, amanerarse en un “estilo”. Su ocio es el conocimiento y su inteligencia, perfectamente entrenada, ha modelado su  voluntad de hacedora  (como le gusta definirse)  para hablar a través de lo otro, desde el ángulo ciego,  poniendo siempre en duda lo que  admitimos como obvio.

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Actos fallidos y Entre-ríos (2017)

Por ello es una artista comprometida, una pensadora plástica que articula su lenguaje desde los problemas  que, entiende, son los de toda la sociedad. “A la naturaleza y la mujer se nos trata parecido” ha dicho en alguna ocasión. Es feminista y piensa que falta un mandamiento en la tabla de Moisés: amarás a la tierra de la que formas parte.

Pero, sobre todo, es un ser humano sin fisuras, un cristal frágil soplado con impecable perfección.  Una plegaria atendida, el verdadero premio a una sencilla oración.

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Our best machines are made of sunshine (2000)

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… a pesar de todo viajeros… (2005)

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Paisajes hidráulicos (2007)

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