Cabeza dentro de Cabeza. BIOGRAFÍAS

Anne Sexton

(Anne Gray Harvey, norteamericana, 1928 – 1974), después de ser hospitalizada debido a una profunda crisis nerviosa, fue alentada por su psiquiatra a escribir poesía. Alta y frágil, una seductora que deseaba que la frenaran – quizá como Sylvia Plath, con la que coincidió en el taller de Robert Lowell – , acabó convirtiéndose gracias a ese consejo en una de las mejores poetas de su generación. Escribía acerca de lo que supone crecer dentro de un cuerpo de mujer y vivir como fémina en la sociedad americana de la posguerra. Según afirmaba, su cabeza componía, casi al margen de ella, poemas durante el día y anécdotas durante la noche. Los efectos secundarios de la medicación que tomaba – thorazine- le producían temblores que enrevesaban su caligrafía, distorsionaban sus rasgos faciales y le provocaban movimientos involuntarios de la boca. Se suicidó inhalando monóxido de carbono en el garaje de sus casa doce años después de que Sylvia Plath lo hiciera con el gas de su cocina.

© Lucía Espinós Bermejo | María Jesús Aragoneses | Presentación | Mujeres Mirando Mueres | MmiraM19

Anna Ajmátova

(Anna Andréivna Gorenzo, rusa, 1889 – 1966) era sonámbula de pequeña (más de una vez se la vio caminando por el tejado de su casa) y memorizaba sus poemas por miedo a escribirlos. Solía maravillarse por cosas a las que los demás no daban importancia: una copa, la nieve, el cielo. Tuvo un hijo, Lev, con el poeta acmeísta Nikolái Gumiliov que murió fusilado. Anna decía: “Antes de Lev pensaba que podría matarme. Ahora sé, y me aterra, que puedo morir. Mi relación con la muerte ha cambiado”. En su poemario más famoso, Réquiem, afirmaba, que los únicos que se encontraban en paz eran los difuntos, ya que los vivos, como fue el caso de su hijo, se pasaron la vida yendo de un campo de concentración a otro.

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Hannah Arendt

(Johanna Arendt, alemana, 1906 – 1975), una de las pensadoras más influyentes del siglo XX, dedicó gran parte de sus obras a pensar el mal de sus vertientes políticas, filosóficas, sociales y personales. Además, preconizó una acción política respetuosa y no cesó de interrogarse acerca del milagro de la natalidad. “Ese milagro que es el nacimiento de cada uno”, decía, “en tanto que recomienzo eterno de una historia singular, de un relato insólito, de una biografía”. Una gran contribución a la historia de las ideas que además, y de manera enigmática pero contundente, la ayudó a aceptar el amor que ella, una judía, nunca dejó de sentir por el filósofo Martin Heidegger, al que ayudó y defendió hasta su muerte a pesar de la pública colaboración de este con el régimen nazi.

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Jane Bowls

(Jane Auer, norteamericana, 1917 – 1973) fue miembro destacado de la bohemia del Geenwich Village neoyorquino. Después de pasarse la vida en hoteles baratos y hospitales, conoció a Paul Bowls, con el que se casó y marchó a vivir a Tánger, ciudad entonces cosmopolita y mágica que ellos pusieron de moda entre apátridas, profesionales y gurúes del malditismo. La relación de Jane con Cherifa, su sirvienta, ha dado pie a todo tipo de rumores y elucubraciones. Fallecida en un asilo psiquiátrico de Málaga, donde está enterrada, la leyenda de Jane va creciendo a pasos agigantados junto con su obra, breve, pero intensísima e inolvidable.
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Karen Blixen

(Danesa, 1885 – 1962) adoptó el nombre masculino de Isak Dinesen para poder vender sus libros. Sus maravillosas y poco conocidas compilaciones de relatos, Cuentos de invierno y Vengadoras angelicales, funcionan como cajas chinas; liberan algo en el lector y van respondiendo a preguntas que el relato en sí ha puesto en liza. Era conocida en Kenia como la hermana leona. Este país africano, además de regalarle tan hermoso apelativo, le enseñó a transformar la tristeza en alegría: la pérdida allí del gran amor de su vida y de la granja, cuyo fracaso la arruinó, inspiraron Memorias de África, una novela que se atreve a cazar las emociones de sus protagonista con una valentía inusitada tanto literaria como personalmente.

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Sidonie – Gabrielle Colette

(Sidonie Gabrielle Colette, francesa, 1873 – 1954), su madre, lectora empedernida, decía: “Cuando la niña entra en una habitación, esta se ilumina”. Casada con Willy, Colette asumió que una serie de novelas escritas por ella y protagonizadas por la adolescente Claudine fueran firmadas por él, hecho que le hizo famoso y rico. Sin embargo, este no fue el motivo por el que Colette lo abandonó, sino por haberle pedido que se ausentara de la casa de ambos para poder recibir a sus amantes con tranquilidad. Trapecista y provocadora, recuperó el derecho sobre sus libros, que siguió creando el resto de su vida, y se convirtió en una de las mujeres más hipnóticas de su época.

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Recopilación de textos de Anna R. Ximenos para las imágenes de Lucía Espinós Bermejo

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