© Alejandra González Soca | Claudia Mera | Mujeres Mirando Mujeres | MmiraM19

Alejandra González Soca: Vivir para editar.

CLAUDIA MERA
mirando a
ALEJANDRA GONZÁLEZ SOCA

“Descubrí que la vida necesita ser editada para continuar”, es una cita de Tracey Emin que he abrazado casi como un mantra personal.

¿Cómo ser y estar en este mundo siendo mujer sin tenerlo presente? ¿Cómo generar desde ese ser mujer una producción artística y comunicacional, sin aplicarlo permanentemente? ¿Cómo ser feminista y trabajar con conciencia en una nueva producción de sentido que abra la existencia a nuevas formas no patriarcales, sin cortar, pegar, bordar, zurcir y remendarlo todo, incluida una misma?

Alejandra González Soca y sus obras son un ejemplo cabal de este ejercicio.

Editar.
Desarmar y armar.
Y, de paso, re direccionar.

Su obra bucea, no sólo en el universo interno y profundo del ser mujer, sino que además, conecta, mueve e incluye a otras mujeres en cada proceso.

Sus intervenciones construyen y en ocasiones revelan universos complejos y crudos, territorios inexplorados, antes contaminados con las limitaciones del patriarcado hegemónico, ahora editados, redescubiertos, tomados, resurgen nuevos, pero no por ello inmunes. Puede tratarse incluso de territorios invadidos, conquistados, arrasados, que bajo su mirada se revelan con la pureza visceral de la esencia que no puede ser alterada, de la lluvia que no puede ser aprehendida, de la tierra que se mantiene serena aùn cuando impermanente, frente a los embistes, absolutamente consciente y confiada en su profundo poder.

Editar, pero antes observar, escuchar, merodear, impregnarse. Hay un proceso previo que la artista debe necesariamente realizar para poder producir, y ese análisis es vital. Importa que tan crítico pueda llegar a ser. Importa que tan riguroso y comprometido pueda estar con relación a la postura desde la que se para frente al mundo.

Esta descripción densa, que busca entender el significado de los gestos y no de las conductas, está condicionada por los códigos compartidos y sus condiciones espaciales y temporales. Es el gesto el que nos permite observar el fenómeno y no la creencia o el conocimiento de alguien sobre lo que es (Geertz, 1973). Esta separación, no identificación, desmembración, es la base de la producción de sentido relevante para la evolución de la humanidad. Todo lo demás es simplemente constatativo y repetitivo. Esta postura crítica es fundamental ya que analizar un objeto que coincide con el mundo cotidiano de quien lo observa, conlleva el riesgo de caer en la confusión derivada de la percepción personal del fenómeno visitado.

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Territorio infiltrado, detalle instalación. Foto Pablo Bielli

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Territorio infiltrado, detalle instalación. Foto Pablo Bielli

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Territorio infiltrado, detalle instalación. Foto Pablo Bielli

¿Cuánto más difícil es esto desde el universo femenino, tan contaminado con visiones externas, saboteado por las propias luchas internas, tan pobremente auto referenciado, tan sesgado y manipulado constantemente?.

Editar porque cada obra, en tanto producción de sentido, es un sistema semiótico que utiliza elementos preexistentes que no son vírgenes de sentido. No existe el signo particular aislado sino su relación entre al menos dos signos y el espacio extra semiótico, aquello que aún no ha sido nombrado, y todo lo que se articula en él (Lotman, 1993). Y como en la memoria del género de Bajtin, los textos restauran tanto los recuerdos existentes, como dan vida a nuevos sentidos nunca antes percibidos.

La cultura toda puede ser considerada como un texto, pero es un texto completamente organizado que se descompone en una jerarquía de textos, formando complejas tramas de textos. Cada obra en tanto texto, opera como un dispositivo pensante, capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos mensajes, un generador informacional que posee los rasgos de una persona con un intelecto altamente desarrollado (Lotman, 1993).

Los objetos no son inocuos, son vehículos de significados y mensajes de una clase específica, organizados a través de la operación de códigos, dentro de la cadena sintagmática de un discurso. Las relaciones y las prácticas de producción se centran en la forma de estos vehículos simbólicos: el vestido de novia, por ejemplo. Hay siempre una forma discursiva dentro de la cual esta producción y circulación tiene lugar, (Hall, S. 1980).

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Hilo partido. Foto Comuna Canaria.

Entonces, bien podríamos prenderlo fuego todo, con la inocente ilusión de poder construir algo desde cero, algo nuevo, algo sano, algo auténtico, algo propio. Y aunque necesaria para sostenernos y motivarnos, esta idea es tan ilusoria como imposible. No depende de la voluntad, ni de la intención, depende de esta realidad semiótica en la que estamos inmersas y a la que hemos sido, somos y seremos, constante e irremediablemente, permeables.

Por eso: editar. La resistencia, la verdadera subversión está en la edición. 
El poder está en la edición. El verdadero poder radica en la capacidad de editar, y de hacerlo siempre desde el nuevo paradigma que supone abandonar la ancestral herencia patriarcal de que sólo una idea única debe prevalecer.
Editar para continuar.

Alejandra lo logra proponiendo una tensión entre “lo único e irrepetible del gesto efímero y la aparente dispersión del objeto multiplicado” (Panela, 2016), abrazando nuestras irremediables contradicciones culturales, cuestionando todos los binomios posibles (bueno-malo, lindo-feo, limpio-sucio, etc.), y específicamente, el binomio originario, el del género.

Su trabajo, resultado de una meticulosa observación de ciertos gestos asociados al universo femenino, y en especial, de la construcción y articulación de la memoria de ese universo, resultan en una contundente edición de sentido. Las huellas relevadas son presentadas como nuevas formas de significación que superan la rearticulación y activan una memoria alternativa, una historia re escrita desde lo posible y no sólo desde lo vivido.

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Territorio infiltrado, detalle instalación. Foto Pablo Bielli

No produce desde la nostalgia, aún cuando los objetos antiguos son evocados, no hay retroceso, no hay puesta en valor, no hay doblez del tiempo que nos remita a realidades que hacen falta. Sus operaciones son la re apropiación, la re construcción, y claro, la edición.

Esos gestos traídos desde el pasado, resultan de momentos históricos en los que las mujeres no éramos visibles, por lo tanto, nunca fueron propios. No era propio el vestido de novia, ni el abanico, ni los adornos, ni los rituales a los que fuimos sometidas. La sujeto alterna no es dueña de nada porque no es dueña de sí misma. Una vez que comenzamos a apoderarnos de nuestros cuerpos, podemos apoderarnos de nuestra historia, o tal vez, como hace Alejandra, apoderándonos de esas historias, de esos gestos, nos potenciamos como dueñas de nuestros propios cuerpos o al menos continuamos trabajando en eso. Con ese objetivo primordial de poseer finalmente un cuerpo propio.

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Hilo partido. Foto. Manuel Gianoni

Pensando siempre que el arte puede hacer posible la construcción de cuerpos simbólicos en los que puedan habitar los cuerpos reales.

La edición implica que muchas operaciones de traducción y de significación son necesarias. El evento debe convertirse en historia, en una historia relatada, para que pueda actuar como elemento comunicativo, esto es porque el evento histórico pasa a través del signo del discurso necesariamente, está sometido a su conjunto de reglas formales por las cuales el lenguaje significa. Todo gesto es una historia heredada de una interminable cadena de sentido.

Ya lo dijo Foucault, “el discurso no es la vida, su tiempo no es el vuestro”, pero la edición siempre es el tiempo propio, y la correspondiente inversión significante que toma del espacio extra semiótico aquello que no ha sido nombrado, o que ha sido mal nombrado o que simplemente, requiere se apropiado y reconstituido, como ha pasado con los términos queer o nigger (Butler, 1993)

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El legado invisible, detalle instalación. Foto Carlos Iglesias

Implica abrir los ojos para ver las posibilidades siempre renovadas de cada gesto.

Implica comprender y sacar partido de las posibilidades de re significación derivadas de generar una discontinuidad histórica de los gestos. Tal como Alejandra hace, generando una discontinuidad histórica de los objetos.

Finalmente, esta edición, modifica a través de sus gestos la construcción de la identidad falsamente colectiva de lo femenino y su capacidad mitificadora, falsa, aglutinadora, pero no real (Descombes, 2015). La vuelve real, desenmascarando y reflejando las necesarias tensiones, quiebres, conflictos y divisiones que atraviesa la vida social.

Los objetos presentados no fueron nunca representativos de las mujeres que nos precedieron, no son presentados como mitos, ni siquiera como símbolos, sino que son mostrados como nuevos, con todas esas cicatrices creadas ahora, a la vista, visibilizadas por la artista con la intención de reconstruir esa historia desde la contemporaneidad.

Acercar a otras artistas y al público también es un gesto relevante, porque reduce la distancia estética y compromete a quien participa en esa re estructuración, sin la intención de la identidad colectiva, cada comentario deja de ser crítica para ser autocrítica, espectadora femenina interpelada por esta obra y sus diversas capas. La artista feminista comparte su poder. (Groys, 2014)

Alejandra explora, crea, y re configura la memoria de las mujeres uruguayas, así como la suya propia en cada proceso, construyendo a cada paso poderosas e integradoras redes, generosas y abiertas, que van sumando a otras mujeres, artistas o no, a acompañarla en ese camino.

No se puede construir sobre la nada, ni sola. Hay que editar la vida para seguir.

Editar la construcción del universo femenino, desde nuestras antecesoras, abuelas, madres, todas las mujeres que nos precedieron, hasta la primera, hasta el origen y aún más allá hasta la idea misma del ser mujer, de donde sea que haya surgido.

Y como dice Alejandra: “Construir para nuestras hijas simbólicas un universo de disfrute y libertad”.

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El legado invisible, detalle instalación. Foto Carlos Iglesias

Bibliografía
HALL, S. (1980). Codificar/decodificar. Culture Media, LenguajeWorking Papers in Cultural Studies. Londres.
GROYS, B. (2014). Volverse público. Caja Negra Editores. Buenos Aires.
DESCOMBES, V. (2015). El idioma de la identidad. Eterna Cadencia. Buenos Aires
BUTLER, J. (1993). Cuerpos que importan. Paidos. Buenos Aires.
PANELA, V.(2016). https://www.alejandragonzalezsoca.com/About
Imagen destacada: Hilo partido. Foto Comuna canaria.

Claudia Mera. Web. Bio en MMM
© Alejandra González Soca. Web. Bio en MMM

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